Karl Marx a Friedrich Engels  
en Manchester  

Londres, 19 de agosto de 1852  

119 de agosto de 1852.  
28, Deanstreet, Soho. Londres.  
¡Querido Engels!  

De parte de Dronke he recibido 10 chelines. Ayer por correo, 21 chelines. Por muy bienvenido que haya sido el dinero, muy enojoso me resulta que te hayas estrujado por mí, y precisamente en un momento en que tú mismo estás más o menos atascado.  

Para la guerra húngara harás seguramente bien en consultar todavía:  

«The fortress of Komarom (Comorn) during the War of Independence in Hungary. By Colonel Sigismund Thaly. Translated (vom Deutschen) by William Rushton. James Madden, Leadenhallstreet.»  

De escritos sobre el arte de la guerra, ya que una vez quieres recorrer a fondo toda la línea, te cito todavía los siguientes, por si acaso alguno u otro te parece digno de adquirir:  

Carion Nisas: Essai sur l’histoire générale de l’art militaire etc. Paris 1824.  

Kausler: Kriegsgeschichte aller Völker. Ulm. 1825. Wörterbuch und Atlas der Schlachten. 1825 y 31.  

(Las dos únicas historias generales de la guerra. Se dice que son flojas.)  

Guerard: Encyclopädie der Kriegskunst. 2 Aufl. Wien. 1833.  

Handbibliothek für Officiere über das Ganze der Kriegslehre für Eingeweihte und Laien von einer Gesellschaft preussischer Officiere. Berlin. 1828.  

J. A. M. (Millerbacher) Das Kriegswesen der Römer nach antiken Denkmalen geordnet von Ortenberger. Prag. 1824.  

Lohr. Das Kriegswesen der Griechen und Römer. 2 Aufl. Würzburg. 1830.  

Blesson. Geschichte des Belagerungskrieges. Berlin. 1821.  

Hoyer. Geschichte der Kriegskunst. Göttingen. 1797.  

Chambray. Die Veränderungen in der Kriegskunst von 1700-1815. Deutsch. Berlin. 1830.  

Stemel. Geschichte der Kriegsverfassung Deutschlands besonders im Mittelalter. Berlin. 1820.  

Barthold Georg v. Frundsberg. Hamburg 1833.  

Hoy han llegado cartas de Cluß, que te enviaré en cuanto se las haya comunicado a Lupus y a la camarilla.  

En lo que respecta a Weydemeyer, Cluß escribe lo que sigue:  

«W. me ha escrito hace poco, a instancias mías, que debe apretarle las clavijas a Korff, el cual, según parece, debía haber enviado los 50 Brumarios. W. tiene, creo, pequeñas reclamaciones contra Korff y por eso probablemente le habrá encargado el envío, o sea el pago del franqueo. — Los 300 Brumarios restantes … aún no han sido enviados. … Afirma que aún hay 500 ejemplares empeñados en la imprenta; que no ha podido desempeñarlos, etc. … Con dinero, en parte, en este momento no puedo intervenir bajo ningún concepto, y en parte, tampoco quiero, aunque pudiera. Pues siempre se me dijo: tanto y cuanto remedia todo, y siempre, tanto y cuanto, una vez reunido, no remedió nada … Cuando se empezó la ‘Revolución’ se dijo: ¡confianza! y envío rápido de los fondos de suscripción. Envío enseguida 10 dólares de dinero de abonados, que naturalmente perdí después. … Más tarde se dijo que se ayudaría a la revista y que yo tendría que proporcionar 20 dólares para ello; enseguida tuve a mano 15 dólares de mi bolsillo personal y 3 dólares de dinero de abonados, = 18 dólares. Éstos se emplearon, en vez de para continuar la publicación, para pagar las viejas torpezas, es decir, los 2 primeros números, que fueron enviados al azul de los cielos. Llegó el Brumario, W. se desesperó, yo dije: envío ahora mismo 25-30 dólares si con ello se puede ayudar; en caso contrario, envíame el manuscrito. Él dice: envía 25 dólares, lo hago. Al cabo de un tiempo resulta que con el dinero disponible sólo se pueden imprimir 500 ejemplares; yo digo que eso no puede ser, cuál es la diferencia para imprimir 1.000 ejemplares. 20 dólares es la respuesta, y al día siguiente el dinero ya está en camino. — Ahora llegan los poemas; se supone que han de imprimirse en Nueva York; cuando insisto en que se termine con el engañabobos y se empiece la impresión, recibo los poemas enviados, ya que desgraciadamente en N.Y. aún no se pueden imprimir. Los hago imprimir y encuadernar enseguida por unos 15 dólares (400 ejemplares) y despacho la historia a toda prisa, para colocarla entre la gente durante la fiesta de canto que tiene lugar ahora en N.Y. Pero un solo chico los llevó de un lado a otro y dicen que realmente se desprendió de 60 (!) ejemplares. La impresión del segundo millar (yo había dejado la composición en pie), para la cual W. me había prometido enviar el dinero y ya me lo había anunciado, se frustró naturalmente; como también toda la tramoya, según parece, quedó desde entonces estable y congelada en sus manos. — Le escribiré a W. que, en la medida en que yo estoy interesado con dinero en el asunto, deseo que vosotros lo empleéis en Europa para ulteriores publicaciones en interés del partido o de cualquier modo que os parezca bien, de modo que, por lo que toca a mi participación en todo, || no enviéis nada de dinero a América. En los poemas participo yo solo, por tanto también puedo yo solo y definitivamente dar mi opinión al respecto. — Así que al envío le echaré el guante.»  

¿No es esto completamente la segunda edición de nuestra aventura de Bruselas-Westfalia? La semana pasada he escrito a F. Streit en Coburgo, que comercia con artículos semejantes, acerca de la reimpresión del Brumario.  

A propósito. El núm. 15 apareció en la Tribune. — Heinzen figura ahora en San Luis, para variar, como «aristócrata del espíritu» (literalmente), una maldita rumia de oídas de Feuerbach-Stirner, y, ahora que la Liga revolucionaria se va a pique, el «aristócrata del espíritu» proyecta una Unión «humanista».  

Con posterioridad aún tengo que informar:  

El 3 del corriente se celebró, en efecto, el divorcio formal entre Kinkel y la caja fuerte. Reichenbach ha depositado el dinero en su nombre en el Banco de Inglaterra.  

Kinkel se hizo en esta sesión como si no supiese nada del meeting convocado por Gögg, y por eso instó públicamente a Imandt a que leyese en voz alta la invitación que había recibido. Pero el 6 dijo Gögg, dirigiéndose a K.: «según el acuerdo que tomé con usted en su casa». Willich no estaba presente.  

El candidato Hentze apoyaba todo lo que decía con la frase: «eso lo debo saber yo como Dr. Phil.» — Gögg expuso cómo su Liga revolucionaria 1) constituía un sostén para los alemanes en América, 2) podía, mediante influencia en las elecciones, influir en la política americana y solicitar a los Estados Unidos a adoptar una política de intervención. También se había dado inicio a lo material. Contribuciones semanales de un centavo. Cepillos en todas las tabernas. Gottfried se declaró de acuerdo con todo. Sólo opinó que las contribuciones en dólares eran mejores que las de centavos, porque en América nadie posee suficiente abnegación patriótica para juntar los centavos. Además se declaró en contra de los cepillos.  

Mirando fijamente a Imandt, dijo el gran Kinkel: «A pesar de todas las calumnias que se difunden contra mí, puedo presentarme con la frente serena y declarar que jamás he hablado mal de nadie, ni siquiera de ninguno de los conciudadanos exiliados.»  

Resultado: Como Kinkel no traía dinero, sino sólo su valiosa persona como dote, también se ha desdeñado a esta última, pese a todo el arrastramiento y humillación. Los 8 guardianes del tronco se han organizado por su cuenta como Liga revolucionaria, sin incluir a Kinkel. ¡El desdichado!  

Schmölze, pintor de profesión, parece haber hecho toda una bonita serie de caricaturas: Kinkel como el rey Lear y Willich como el bufón. Además, una caricatura en la que Willich está sentado como un perezoso en un árbol frutal y la señora Schärrtner tira de él por abajo para sacudir al perezoso y hacerlo caer.  

Willich ha tenido la estupidez de ejercer su ostracismo también contra el honesto señor de edad, «Schilly», expulsándolo de su camarilla por toda suerte de crímenes ilusorios. Sch. ha apelado a una asamblea general. Hoy tiene lugar el juicio de Dios. Sch., por su parte, acusa a W. de una «locura inequívoca» y esta noche, como prueba de ello, leerá también una carta de Heyse, supuesto amigo de Willich, desde Liverpool, en la que H. declara a W. enfermo del cerebro.  

Nuestro amigo Jones estuvo la semana pasada a un pelo de que naufragase su periódico. Déficit semanal. Desavenencia con el comité y con los dos ciudadanos que hasta ahora le adelantaban el dinero. Salvación repentina. M’Gowan se ha hecho cargo de la impresión, adelanta el déficit semanal y Jones se ha instalado ahora en la oficina del viejo Northern Star. M’Gowan ha echado a Harney, y el burro le había comprado el viejo Star por 40 libras.  

En Francia, según la «Gazette agricole», un déficit de la próxima cosecha de … % below the average, lo que según J.-B. Say en Francia equivale a hambruna. En Alemania, cosecha mediana. En Inglaterra, ya hay salidas de oro del Banco para compras de cereales. Además, especulación loca en la City. La semana pasada, quiebras en la Bolsa. Finalmente, en Norteamérica, según veo en el New York Herald, la más descabellada especulación en ferrocarriles, bancos, construcción de viviendas, expansión inaudita del sistema de crédito, etc. ¿No es esto una crisis que se aproxima?  

La revolución podría venir antes de lo que nos conviene. Nada peor que cuando los revolucionarios tienen que preocuparse por el pan.  

Tuyo KMI