Friedrich Engels a Karl Marx  
en Londres  

Manchester, 16 de agosto de 1852  

Querido Marx:  

Esta noche me han prometido £2 que había prestado hace algún tiempo; si los recibo, te los envío mañana mismo por giro postal, y te escribiré también más detenidamente.  

Puesto que no volvemos a tener noticia alguna de Weydemeyer y, según las cartas de Cluß, las cosas parecen al fin haber partido, quizá sea bueno que preguntemos una vez a Edwards, Sanford & Co. en Liverpool si han recibido algún paquete. Si tú no tienes más noticias (anoche aún no había llegado el vapor), yo podría hacerlo en cualquier caso.  

De tu informe parece deducirse que al señor Kinkel, por los acuerdos del 3, por el momento le han arrancado el dinero de entre los dedos. El señor Imandt se desenvuelve muy bien a su manera. Es curioso: cuando un Schapper se nos escapa, un Imandt siempre está seguro de volver a nosotros. En todo caso es, empero, un Deus minimorum gentium, canis domesticus communismi germanici, y como tal utilizable, ya que ahora hemos aprendido a mantener a raya a semejantes personajillos.  

El desgarramiento en el pecho del noble Willich debe de ser grande, después de que, con la separación de la caja fuerte de la emigración, ha saltado el último aro que aún mantenía unida su noble conciencia. Por lo demás, evidentemente hace ya tiempo que ha anunciado su llegada a los fieles del otro lado, pues éstos, a raíz de una importante carta de Willich, han convocado ya grandes asambleas generales extraordinarias. El señor Willich se convertirá allí en jefe de los vagos y alborotadores, y de tal manera encontrará una extraña oportunidad de distinguirse. Por lo demás, también encuentra allí a su enemigo acérrimo, Schramm, y eso dará lugar a hermosos escándalos.  

Que el señor Kossuth haya realmente hecho ya instruir compañías y que Napoleón Sigel haga de instructor de reclutas es realmente hermoso. Este K. es un charlatán sin nombre; que Cluß lo haya expulsado de América es uno de los golpes más famosos que ha dado.  

Por lo demás, voy a hacer la campaña húngara lo antes posible y escribo aún esta semana directamente a Brockhaus. Procuraré, si él no confía en mis capacidades militares, hacerle antes un par de artículos contundentes para la "Gegenwart", para que pueda ver de qué se trata. La conexión de Dronke con Brockhaus es muy buena y hay que aprovecharla; Br. es, al fin y al cabo, uno de los libreros más tratables. Veremos.  

Al escribir el artículo para Dana el jueves pasado fui interrumpido; por eso, esta semana haré, si es posible, 2. También espero de ti algo sobre Inglaterra. La semana pasada apenas podía pensarse en trabajar; durante la estancia de D. había descuidado muchas cosas que me ocupaban; ahora vuelvo poco a poco a ponerme en forma.  

Saluda a tu mujer y a tus hijos.  

Tuyo  
F. E.  

16 de agosto de 1852.