Londres, 6 de agosto de 1852

16 de agosto de 1852. 
28, Deanstreet, Soho. 
¡Querido Engels!

D'abord, pues, las aventuras con Johann Gottfried Kinkel.

Verás por una de las cartas adjuntas de Cluß que el señor Kinkel declaró en Cincinnati, en un círculo burgués, que “Marx y Engels no son revolucionarios, sino dos canallas a los que los obreros echaron a patadas de las tabernas de Londres”. Como conozco a mi Gottfried, le envié primero el siguiente billete, en el que fingía no estar del todo seguro del hecho, para darle ocasión a nuevas ambigüedades.

“5, Suttonstreet, Soho, 
Office of the People’s Paper. 
22 de julio de 1852.

Al Sr. Dr. Johann Gottfried Kinkel.

Según se me informa, usted se habría permitido en Cincinnati, ante Anneke u otros alemanes, la siguiente manifestación. (Sigue el pasaje.) Aguardo de inmediato su explicación. El silencio se considerará como confesión. Dr. K. Marx.”

Kinkel envió de inmediato el siguiente billete:

“Al Sr. Dr. Karl Marx.

Desde el artículo sobre mí publicado bajo sus auspicios durante mi cautiverio, no tengo ya nada que ver con usted. Si cree usted poder probar, no por insinuación anónima, sino por el testimonio de Anneke y de otros hombres de honor, que yo he dicho o publicado algo lesivo para el honor suyo o del señor Engels que no sea verdad, entonces he de remitirle a usted, como a cualquiera con quien no tengo trato ni personal ni en la vida política, a la vía ordinaria que la ley franquea a todos frente a la injuria o el libelo. Fuera de esta vía, no trataré nada más con usted. Gottfried Kinkel.”

Viendo por ese papelucho que el señor Gottfried no aceptaría cartas con sello postal de Soho ni dejaría pasar a mensajero alguno, hice echar al correo en Windsor, por mediación de Lupus, un escrito dirigido a él, en un papel en formato de billete amoroso, con un ramillete de rosas y nomeolvides impreso en colores y el siguiente contenido:

“Al Sr. Dr. Johann etc. Kinkel

Puesto en relación

con una declaración escrita que obra en mi poder, hecha por su garante Huzel, a quien usted, cobardemente, tomó en Cincinnati palabra de honor de callar los chismes mentirosos que allí profirió, promesa que, no obstante, Huzel solo dio como condicional;

con una carta, que también obra en mi poder, dirigida algún tiempo antes de su puño y letra por el señor Gottfried Kinkel a su exgarante Cluß, en la cual dicho Kinkel alardea de conexiones políticas que pretendía anudar conmigo;

su carta de usted —y precisamente con ese fin fue provocada— suministra una nueva y contundente prueba de que el susodicho Kinkel es un clérigo tan vil como cobarde. Dr. K. Marx.”

Esto último lo ha digerido el señor Johann etc. en silencio y ha evitado de manera cuidadosísima volver a dar señales de vida.

La misiva secreta de Kossuth, de la que Cluß habla en su última carta, la encontrarás en inglés en el periódico de Jones que aparece mañana. Por eso no se adjunta.

El martes 3 de agosto tuvo lugar la asamblea de garantes kinkelianos. La cuestión principal fue esta: Reichenbach custodia el tesoro como un Cerbero. Las 200 £ que Kinkel y Willich han gastado hasta ahora las han tomado prestadas a Gerstenberg etc., con cargo a los depósitos revolucionarios. Según los estatutos, solo pueden disponer del dinero tan pronto como hayan sido nombrados al menos 3 de entre los garantes. Y Reichenbach insiste en que se cumpla esta formalidad. Para remediar el inconveniente, Kinkel y Willich habían decidido que se nombrara a Techow como tercero. Techow, ciertamente, viaja a Australia en 3 semanas. Pero, según los estatutos del empréstito, el Comité, en cuanto contara con los 3 completos, podía designar por su propia plenipotencia a otros 2 nuevos. Así pues, Techow solo debía servir para que 1) Reichenbach entregara el tesoro; 2) ellos pudieran luego colocar a dos testaferros en el lugar de Techow. Pero la asamblea se pronunció de inmediato contra Techow, por no ser sino un hombre interpuesto y por partir a Australia. A Kinkel y a Willich se les declaró que se estaba descontento con su gestión, que no se les tenía confianza, y que debían presentar un informe detallado sobre las 200 £ gastadas antes de que se les pudiera ratificar.

Esto último y las demás resoluciones habrán de ser liquidados hoy, viernes 6, en una nueva asamblea de garantes. |

En la sesión del 3, Reichenbach propuso depositar las 1000 £ en el Banco de Inglaterra y no tocarlas hasta que estallara la revolución. Löwe (aliado con Rüge) propuso entregar el dinero a la Liga Revolucionaria en América. — Kinkel, aunque en la carta adjunta a Huzel declara él mismo que Rüge lo hace sospechoso de ser agente del príncipe de Prusia, aunque en la asamblea de garantes del pasado mayo dio su palabra de honor, a raíz de ello, de no sentarse nunca con Rüge en un comité, Gottfried, pues, por mor de la causa, se declara ahora dispuesto a marchar en común con Gögg, Rüge, etc. y a administrar en común el dinero, con tal de llegar, en fin, a la administración. Pero Willich, convencido ahora de que las 1000 £ no le dejarán nuevos residuos, como las 200 ya gastadas, habría decidido emigrar a América, adonde ya se le han adelantado los fieles Gebert y Dietz.

El padre Gögg había vuelto a convocar su asociación de agitación la semana pasada. Al contarlos con exactitud, resultó que se componía exactamente de 8 hombres, a saber, en lugar de los desaparecidos Sigel y Fickler, los recién ingresados Oswald y Dralle. Además, resultó que Gögg, entre tanto, como sirviente de Kossuth, se había hecho muy célebre y, como agitador de la Liga Revolucionaria, había rendido algo “sustancioso”, pero, por lo demás, no había traído consigo dinero suficiente ni para cubrir las deudas transigidas en concepto de gastos de viaje. En estas circunstancias críticas, los agitadores se vieron movidos a intentar una alianza con Kinkel, para allegarse con decoro a las 1000 £. Kinkel ve también en esto la última perspectiva de prevenir un divorcio definitivo de las 1000 £. Con el propósito secreto de fomentar este plan, Gögg ha convocado para mañana, día 7, una asamblea general de refugiados en casa de Schärttner, según se dice, para informar sobre sus grands oeuvres; en realidad, para ser empujado por aclamación a una liga con Kinkel y las 1000 £. Ahora bien, es de esperar que esto no se logre.

Pero ahora se abre una tercera mierda, cuyo primer resultado es, desde luego, mantener alejados del “tesoro” tanto a Kinkel como a Gögg. De una parte, nuestro Eduard Meyen hace agitación en favor de emplear el dinero en la publicación de un gran London weekly paper. De otra, apenas supo el “crítico” Edgar Bauer del aprieto en que se hallaban las 1000 £, salió arrastrándose y se parapetó tras Schilly, Imandt, Schimmelpfennig, etc., para solicitar también él por su lado un periódico. Imandt y los demás

consideran esto como el único medio de salvar el dinero de las manos de Kinkel y Gögg. Edgar Bauer se da ante esta gente los aires de un “humorista inofensivo”.

De la sesión de hoy recibiré informe exacto, ya que Imandt es ahora B. M. G. De la del 3 hay que consignar aún lo siguiente: Después de despachada la alta política, se levantó el caballeresco Schimmelpfennig: algunas personas habían hecho sospechar a la Brüning como espía, y él declaraba que eran unos viles calumniadores. Kinkel: Por su parte, jamás había hecho semejante manifestación. (Se la había hecho, ciertamente, al putañero de Bonn, cuando este pasó por aquí.) Willich, sobre quien se dirigen todas las miradas, permanece sentado y mudo. Techow: Pero aún más vil era que tales sospechas fuesen puestas en circulación por personas que durante un año entero habían gozado de la hospitalidad de la Brüning. Estos tenían más bien el deber de refutar tales habladurías donde quiera que las oyeran. — Todas las miradas se dirigen a Willich. Willich no se mueve, pero dícese que durante toda esta sesión, en la que tantos sueños “dorados” se desvanecieron, estuvo presente como expresión clásica de la “conciencia desgraciada”.

Pero basta por hoy de mierda.

Acabo de recibir la carta adjunta de Freiligrath, de la que se desprende que el perro de Johnson no se aviene a nada. No sé ya absolutamente cómo ayudarme, y la situación se vuelve espantosa.

¡Así que el bueno de Gögg invita a Freiligrath! No pueden renunciar aún a él, pero al final tendrán que hacerlo.

Saludos a Alraun.
Tu K. M.

De tu carta no parece llegar hoy nada, pues ya son las 2 de la tarde. |
/Se adjuntan: Cartas de Cluß
1) 20 de junio.
2) 4 de julio.
3) 8 de julio, más circular de Kinkel.
4) Circular de Kinkel del 2 de agosto.
5) Cincinnati, 6 de febrero, carta de Kinkel a Huzel.
6) Carta de Hillgärtner a Huzel.
7) Carta de Cluß del 22 de julio./