Friedrich Engels a Karl Marx
en Londres

Manchester, 6 de agosto de 1852

I Querido Marx

La primera mitad del artículo la habrás recibido ayer por la tarde, en inglés y en alemán. La segunda la tendrás el martes por la mañana. En cuanto a lo de que te echen de la *Tribune*, no te preocupes. Ahí estamos demasiado bien asentados. Además, ese politicismo europeo entre los yanquis no es más que diletantismo, donde triunfa el que mejor escribe y más chispa tiene. Heimen no nos perjudica; si los whigs lo compran, será para que los obedezca a ellos, no para que les dicte órdenes. Rüge, Bauer y compañía le garantizan a la *Tribune*, junto a nosotros, su «universalidad». Por lo que toca al proteccionismo, no hace ningún daño. Los whigs americanos son todos proteccionistas industriales, pero ni mucho menos, por ello, proteccionistas terratenientes a lo Derby. Tampoco son tan estúpidos como para no saber, igual de bien que List, que para la industria inglesa el librecambio es lo más conveniente. Por lo demás, en caso de necesidad puedo intercalar aquí y allá alguna palabra entre los librecambistas en ese sentido, que tú bien puedes tachar si no te gusta. Pero ni siquiera es necesario.

Creía que hacía tiempo que habías cerrado con Johnson el negocio del descuento, y tengo muchas esperanzas de que llegue a buen término. Por lo que a mí respecta, cada día me enredo más en asuntos de dinero. La visita del padre de Dronke me es ciertamente muy grata, pero como no se puede trabajar por las noches, se derrocha bastante dinero, y a eso se suman los desembolsos corrientes, más £20 de deudas en la casa: eso te deja atrapado. A principios de la semana que viene quiere regresar Dronke, y entonces me pondré a trabajar a fondo durante una temporada; material tengo aquí de sobra, y luego, hacia finales de septiembre, dispondré también otra vez de algún dinero: un par de libras en septiembre, seguro. Para colmo de la mala pata, en una hora aciaga, el señor Pindar me ha dado un sablazo; sigue cabalgando por aquí a tres horas de distancia y parece haberse enamorado de forma conmovedora: *pauvre garçon, il faut l'avoir vu sous l'empire de l'émotion plus ou moins vierge.* ¡Encima, en los últimos días de junio, por toda clase de circunstancias, no pude cargarle a mi viejo en cuenta algunos gastos extra, que ahora corren por la mía. Entretanto estamos con el balance; aunque todavía no me concierne, me dará un criterio de hasta dónde puedo llegar. Si sale bien —cosa que sabré dentro de unas cuatro o seis semanas—, entonces podré arriesgar algo y tú recibirás en seguida algún dinero. Sólo este mes estoy totalmente atrapado por las £20 o 25 que debo en la casa.

No sé cómo arreglármelas para hacer un artículo *Germany* para Dana a espaldas del Dr., que no está al tanto del asunto —en la oficina tengo ahora las manos llenas hasta pasadas las siete de la tarde, así que ahí no puedo—. *Cependant je verrai.*

Muchos saludos a tu mujer y a los niños de tu

Viernes, 6 de agosto de 1852

Adjunto sellos por valor de 9 chelines y algunos peniques.

El Dr. me encarga que te escriba que probablemente vendrá a principios de la semana que viene.