Karl Marx a Adolf Cluss
en Washington
Londres, 30 de julio de 1852
(Extractos)

La carta de Huzel fue recibida con risa homérica. Dio lugar a los siguientes intermezzos:

«5 Sutton Str., Soho, Oficina de “The People’s Paper”

Al Sr. Dr. Johann Gottfried Kinkel

Se me informa de que en Cincinnati, ante Anneke u otros alemanes, usted se permitió la siguiente declaración: “Marx y Engels, etc.” (sigue el pasaje delator).

Espero su respuesta a vuelta de correo. El silencio se considerará como una confesión.

Dr. Karl Marx»

Esta nota se mantuvo deliberadamente tan vaga: «se me informa», «Anneke u otros alemanes», etc., para dejar al Sr. Kinkel margen para giros de frase equívocos. A vuelta de correo apareció la siguiente respuesta:

«1 Henstridge Villas, St. John’s Wood, 24 de julio de 1852.

Al Sr. Dr. Karl Marx

Desde el artículo sobre mí que se publicó bajo sus auspicios durante mi encarcelamiento, no he tenido nada más que ver con usted. Si cree que puede probar, mediante testimonio de los Anneke u otros hombres de honor y no mediante insinuación anónima, que yo he dicho o publicado algo falso que sea injurioso para su honor y el del Sr. Engels, entonces debo remitirle, como haría con cualquiera con quien no tengo contacto personal ni político, a la vía ordinaria que la ley abre a todos contra el insulto o la difamación. Fuera de esta vía, no trataré más con usted.

Gottfried Kinkel»

El último trazo no logré reproducirlo del original. N’est-ce pas? Muy astuto. ¡Se supone que debo acudir a un tribunal inglés por insultos ocurridos en Cincinnati! Y ¡qué frío rechazo de todo lo que pudiera parecerse a un duelo y cosas por el estilo!

Como tenía que suponer que el digno Gottfried Kinkel, que omite el «Johann» en público, rechazaría nuevas cartas con el matasellos de Soho, recurrí al siguiente ardid. Hice que Ernest Jones escribiera la dirección en la carta, y la carta misma fue enviada por Lupus desde Windsor, donde tenía asuntos que hacer. Dentro del sobre, Gottfried encontró una tierna cartita amorosa, el margen adornado con un ramillete impreso en colores de nomeolvides y rosas, del siguiente tenor:

«24 de julio de 1852.
5 Sutton Str., Soho,
Oficina de “The People’s Paper”

Al Sr. Dr. Johann etc. Kinkel

Cotejada
con una declaración escrita, que obra en mi poder, de su fiador Huzel,
a quien usted, cobardemente, arrancó en Cincinnati su palabra de honor de guardar silencio sobre las mendaces habladurías que usted profirió allí —promesa que, no obstante, Huzel dio solo condicionalmente—
con una carta escrita tiempo [atrás] de propio puño y letra por el Sr. Dr. Gottfried Kinkel a su exfiador Cluss, igualmente en mi poder, en la que el mismísimo Kinkel se jacta de las conexiones políticas que deseaba entablar conmigo,
su carta —y fue provocada precisamente con este fin— ofrece una nueva y contundente prueba de que el susodicho Kinkel es un cura vil y cobarde a la vez.
Dr. Karl Marx.»

Este último se lo embolsa el Sr. «Johann etc.» con autosatisfacción, y ahora circula entre las filas de la emigración. Kinkel solo notará la broma principal más tarde, cuando haya aparecido el primer número de los «Grandes hombres del exilio». Pues me permití la broma, poco antes de este terrible ataque a Gottfried, de insultarlo directa y personalmente una vez más, y al mismo tiempo de presentarme como «justificado» ante los ojos de los imbéciles de la emigración. Para eso necesitaba algo «negro sobre blanco» de Johann etc.

Ahora grandes cosas —a saber, Mazzini lleva unos días corriendo como loco, tratando de lograr una unión de todos los elementos oficiales de la emigración burguesa local. También fue a ver a Johann etc. Y lo siguiente ha acontecido. Mazzini, Kossuth, Ledru-Rollin y Kinkel forman el poder ejecutivo de Europa. Cada miembro de esta autoridad tiene derecho a agregar a 2 sujetos de su nación. Sin embargo, la decisión sobre estas adiciones la toma la mayoría entre los 4 originales, por tanto Mazzini. Consecuentemente, entre los alemanes se agregará a A. Ruge y A. Gögg. A quiénes entre las otras nacionalidades, aún no lo sé. Por su parte, se dice que Kinkel ha puesto 2 condiciones:
1) exigir 20.000 dólares para su empréstito. Esto último lo creo mentira. 2) la continuación de la existencia independiente del comité financiero Kinkel-Willich, etc. Esto no es más que un homenaje formal a Willich; pues en verdad ya se ha acordado transferir todo el dinero del empréstito a A. Gögg. Finalmente, Kinkel et Co. reconocerán de la manera más sumisa la Liga Revolucionaria en América.

Este es el último giro. Hasta qué punto se ha llegado a la conclusión de este importante acuerdo, o si todavía se demoran en los preliminares, lo ignoro. En todo caso, el asunto debe difundirse en América, y al hacerlo hay que subrayar particularmente lo siguiente. En la última reunión de fiadores en Londres, en mayo de 1852, cuando el comité Kinkel-Willich fue elegido definitivamente, Kinkel declaró solemnísimamente bajo palabra de honor que si A. Ruge era elegido para el comité, él dimitiría, pues jamás se sentaría en un comité con un hombre que lo había declarado abiertamente «agente del príncipe de Prusia». — Segundo: ¿Qué dirán Weitling et Co. cuando los dólares reunidos por Kinkel en América sean gastados por el ministro de finanzas A. Gögg —y esto se pretende— para apoyar a Jano «K. Heinzen» y poner en circulación los inmortales artículos de Ruge, Heinzen, etc.?

En cuanto a Mazzini, este astuto entusiasta se hunde cada día más en un «Gustav Struve» italiano o algo por el estilo. Desde hace 4 años vocifera «acción, acción». Ahora sucede que la policía austríaca en Italia detiene a 600 mazzinistas que llevan su correspondencia en pañuelos con tinta química. Como esta gente no desea ser ahorcada y tiene extensas conexiones familiares, el Sr. Mazzini recibe una carta de Italia: ahora quieren tomarse en serio la «acción» y golpear. De repente, en el bombástico hombre de acción despierta el «entendimiento reflexivo» post festum, y les conjura por el amor de Dios a permanecer quietos, que nada pueden hacer solos, que el país está inundado de soldados extranjeros, y lugares comunes semejantes, que no han ganado ni perdido en verdad desde 1849. ¡Acción, acción! ¡Italia farà da sé! — Lupus se encontró a un italiano del comité de Mazzini hace unos días y le señaló estas cosas tan absurdas. «¡Qué!», respondió el romano, «más de 600 hombres caen en una sola batalla.» Pero como los italianos temen ser ahorcados, fusilados o encarcelados poco a poco, y una u otra de las víctimas de su declamación envía familiares a Londres, el hombre de acción teme ser apuñalado por un compatriota cegado y enfurecido por un malentendido, y cambia de alojamiento nocturno cada noche, bajo el pretexto de tener que esconderse de los austríacos. Pero no son austríacos, son italianos «cegados» de quienes se refugia miserablemente. ¿No merece este antipapa la horca? Cazar, burlar, cansar a una nación de esta manera. El resultado necesario, especialmente en un pueblo como el italiano, es una resaca terriblemente pasiva, el colapso completo.

Ayer nuestra gente debía comparecer ante el jurado en Colonia, cuando de repente se declara un nuevo aplazamiento, porque uno de los testigos de la acusación, el consejero de policía Schulze en Berlín, está enfermo. De modo que si el Sr. Schulze muriera, los acusados podrían permanecer en prisión preventiva hasta el día del Juicio Final. Mientras tanto, Becker se está quedando ciego y Daniels se está volviendo tísico. C’est par trop infâme. El papel más despreciable en esto lo desempeña la prensa burguesa.

La noticia del aplazamiento la tengo por la K[ölnische] Z[eitung]. Unos días antes recibí el siguiente informe de Colonia.

«Con motivo del arresto de Becker, le fueron confiscadas las siguientes cartas suyas: del — de 51, -y- de 51 y — de 51. En la última, la acusación ha señalado como particularmente agravantes los siguientes pasajes: “Adjunto el alegre garabato de la escuela de Kinkel. Aquí se ha recaudado F.d.B., 15 chelines. — Aún faltan 10 chelines, que también fueron suscritos pero aún no se han recaudado. Procederé del modo que usted indicó. Cárgueme usted entonces con £1 5 chelines, los cuales, ciertamente, dadas las deterioradas circunstancias del miembro que ha de pagarlos, no pueden recaudarse”. De las cartas F. d. B., la acusación hace “Für den Bund”, mientras que Becker las interpreta como abreviatura de una relación que se entabló entre él y usted para la obtención de libros baratos para usted en Londres. Ese pasaje constituye un punto principal de la acusación, pues contra B[ecker] no hay por lo demás casi nada o solo material artificiosamente ensamblado. Luego, la acusación comienza en el año 1831 y rastrea el origen de la Liga Comunista a partir de una asociación de alemanes en París, que sufrió diversas modificaciones bajo los nombres de “Liga de los Alemanes”, “Liga de los Justos”, pero continuó ininterrumpidamente hasta la presente sociedad acusada. Las notas parecen haber sido tomadas de informaciones suministradas por el gobierno de Hannover. La acusación no concede importancia alguna a la escisión de Londres en 1850, porque, en su opinión, esta no fue más que una riña personal, mientras que toda esa gente perseguía el mismo fin criminal y tenía las mismas tendencias, y en el momento decisivo irían de la mano. Así, además de los dos llamamientos previamente comunicados en los periódicos, se ha entretejido en la acusación un tercero, que está fechado en junio o julio de 1850 y se dice que fue interceptado en Leipzig. — Las únicas declaraciones significativas son las del testigo Haupt, que suministra una muy extensa narración detallada, y las del testigo Hentze, un exteniente, que ataca algo a Becker. El sábado, bajo la misma acusación, fue encerrado Erhard, cajero del banquero Stein. Se dice que está superficialmente comprometido por una recomendación dada a Nothjung y un par de cartas halladas en poder de este último, que permiten inferir un entendimiento mutuo. ... Por lo demás, se ha hecho una selección tan pulcra de jurados que las autoridades estatales, con vistas a posibles contingencias, no podrían estar mejor situadas.»

La noticia política más importante es el tratado concluido por Prusia, Austria y Rusia durante la presencia del zar en Viena. El Morning Chronicle lo publicó por primera vez anteayer. Ayer lo imprimió el Times, así que usted mismo podrá leerlo.

Aquí las elecciones han resultado de tal manera que los tories, que abandonarán la cuestión del trigo, poseen una gran mayoría contrarrevolucionaria en lo demás, y creo que este gabinete solo cederá ante una manifestación más o menos revolucionaria. Los señores burgueses comprenden ahora qué torpeza cometieron al descuidar, desde 1846, sacar también las consecuencias políticas de su victoria contra las leyes de cereales. Ils y penseront. Mi lista de erratas para el «Brumario» ya casi se está enmoheciendo; de haberlo sabido, habría usado el dinero así gastado para pagar su franqueo postal. Pero como enseñó Spinoza, es consolador considerar todas las cosas sub specie aeterni.