Karl Marx a Friedrich Engels 
en Manchester 

Londres, 13 de julio de 1852 

13 de julio de 1852. 
¡Querido Engels! 

Puesto que no hay aquí carta tuya, deduzco que el digno Weydemeyer, a pesar de todo y de todo, persevera en su «sistema». El asunto empieza realmente a hacerse incomprensible y, aparte de la pérdida de dinero, ahora muy sensible, me convierte además en hazmerreír de los piojos de la emigración y de los libreros a los que me había dirigido en este desdichado asunto. 

No he escrito un artículo sobre las elecciones, porque, en mi opinión, hay que esperar primero el resultado global. Por lo que he visto hasta ahora, me parece que, con 5 o 6 votos de ventaja para los whigs, el viejo parlamento va a resucitar con piel y pelo. Los tipos están en un cercle vicieux del que no logran salir. Los únicos que hasta ahora han perdido de manera significativa son los peelitas. El «Morning Chronicle» declara, sin embargo, en una apología de Graham, que sólo queda una salida. Los whigs serían tan incapaces como los tories. Las únicas personas capaces, aparte de Graham y su séquito, serían Cobden, Bright y Cía. Y éstos deberían gobernar juntos. De manera extraña, el «Times», como quizá hayas visto, trajo al día siguiente un artículo en el que también se disculpa a Graham. 

El gran Techow, junto con la señora Schmidt-Stirner, emigran la próxima semana a Australia. Pero, lo que más te dolerá, «el Damm tampoco se libra de arrojarse al golddigging australiano». Unos cuantos meses más de paz, y todos nuestros revolvedores del mundo andarán revolviendo en la basura australiana tras la basura. Sólo Willich, aherrojado por el coffre-fort, se mantiene en su divisa: vivir, pero by no means trabajar. 
Banya está ahora muy intimado con el intrigante orleanista «de Rémusat». Un húngaro cualquiera le advierte contra el hombre que en el complot allemand-français habría «traicionado» a los alemanes. Rémusat tiene agentes en plena Prefectura de París. Les escribe, pues, sans mot dire a M. Banya, para que le informen sobre este caballero. Respuesta, que me fue comunicada: Banya es completamente insospechable. Él se habría puesto a salvo a tiempo, de lo contrario también a él lo habrían capturado. El traidor sería «un certain Cherval, nommé Frank, mais dont le véritable nom est Krämer». 

| Este Cherval habría llevado el asunto desde el principio en entendimiento con la policía. Más aún, Rémusat recibe cartas originales que C. escribió a la legación prusiana, en las que le explica que, tras las promesas que le hicieron en Mazas, y después de haberse declarado partidario del «principe» del orden, sería «leur devoir» darle los «moyens» necesarios. Pero la legación prusiana declara que, dado que es pagado como espía por la parte francesa y no cabe double emploi, no puede reclamar nada a la parte prusiana. Ha sido enviado, pues, a Londres para controlar a los refugiados alemanes y, además, para echar «un ojo a Claremont». En esta última calidad se presentó a Rémusat y se ofreció a él como agente. R., instruido desde París, finge aceptar y le asigna como intermediario a un ayuda de cámara en Claremont, quien ahora tiene la tarea de, a través de él, ponerle huevos huérfanos a la policía francesa en su nido. — La agitación orleanista está tan bien organizada que esos individuos poseen auténticas estafetas regulares de contrabandistas, por las cuales se pueden enviar cartas, paquetes, folletos a Francia con tanta seguridad como los objetos insospechables por el correo. 

Lo importante para mí en el asunto era conseguir que yo obtenga una de las cartas originales de Cherval, referente a sus conexiones con la legación prusiana. Una tal pièce puede echar por tierra todo el edificio del acta de acusación. 

He acordado con Banya que, tan pronto haya quedado lista otra copia, recibirás en manuscrito el folleto de Szemere. Es un documento del que no puedes prescindir para tu trabajo, pues contiene cartas de Görgey, Kossuth, etc., que no han sido publicadas en parte alguna. 

Mi mujer está muy sufriente, adelgaza y tose. Con todo, el doctor declara que la cosa no es peligrosa y le ha recetado, además de medicinas, beber mucha porter. 

Si te es posible enviar todavía un artículo para el viernes, intentaré escomptar las 5 libras que habrá que pedirle entonces a Dana, en casa de Johnson. 

A propósito. El «Orlando Inamorato» riformato de Domenichi es una refundición. El original es muy raro y sólo se encuentra en grandes bibliotecas, como la de aquí. Incluso la edición de Domenichi es rara. El corriente es el Orlando rifatto de Berni. 

Tuyo 
K. M.