Friedrich Engels a Karl Marx  
en Londres  

Mánchester, 6 de julio de 1852  

Querido Marx:  

Es bueno que el manuscrito se haya ido. Ojalá los ejemplares lleguen en 3 o 4 semanas. Habrás tenido que atravesar otra vez una buena salsa, que como contraveneno habrás recurrido a la *porcherie* de Pietro Aretino. ¡Cazzo di Dio, queste sono forti!  

Estoy aquí sumido en trabajo hasta las orejas. Tengo ante mí aún dos cartas de negocios que debo escribir hoy mismo, y ya son casi las siete. No obstante, hoy todavía, si es posible, pero a más tardar mañana por la noche, quiero hacer un artículo para Dana.  

Precisamente tengo ahora ante mí al señor Görgei. En aquel entonces, a partir de los informes austríacos, adivinamos en la N. Rh. Z. la marcha de la guerra húngara de forma espléndidamente acertada y, con brillantez, pero también con prudencia, profetizamos correctamente. El libro de Görgei es infame; algo tan pequeño, envidioso, infame, mezquino y limitado no existe más. La parte militar es buena, Görgei en cuerpo y alma, el talentoso ex teniente que se convierte de inmediato en general, y a quien el servicio de compañía y el detalle táctico elemental se le pegan todavía por todas partes como la cáscara del huevo. Los húngaros que sostienen que G. no podría haber escrito eso son unos asnos. El elemento gorgiano y el austríaco son tan fáciles de distinguir en el libro como en el de Chenu los dos elementos heterogéneos. Como fuente, el libro —con precaución— es, por lo demás, muy utilizable. La maliciosa limitación del individuo llega a tal punto que lo impulsa a ponerse él mismo en ridículo, como con la historia de la proclama de Waitzen, en la que reprocha a Kossuth haber sido en la realidad más sensato que en sus discursos ampulosos, y con toda la torpe exposición que hace que el autor se comprometa constantemente contra su voluntad. Esta limitación impide a G. llegar jamás a una verdadera caracterización de persona alguna; sin embargo, contiene rasgos simpáticos y glosas sueltas sobre Kossuth y la mayoría de los demás. A pesar de esta limitación de la maldad, G. —se ve en todas partes— era sin embargo superior a todos; ¡qué clase de sujetos serán entonces los otros!  

Sobre la guerra húngara escribiré en todo caso.  

La conjura parisiense parece —a juzgar por los hechos— partir más bien de nuestros *carrément* y *crânement* sombríos Barthélemy, etc.; en la aventurera fabricación de artillería hay algo *qui sent son Willich de vingt lieues*. Que Ruge, etc., hayan patullado también en ello es muy posible, pero esos cañones hechos de tubos de gas y recubiertos con tela alquitranada son de origen hohenzollernse.  

Tuyo,  
F. E.  
Manchester, 6 de julio de 52  

¿A propósito de los Orleans? *Pourquoi pas?* Hacer tratar al buen Joinville o a alguno por el estilo al modo del duque de Enghien sería hermoso, y *pourquoi le neveu ne ferait-il pas fusiller aussi son Bourbon?*