Friedrich Engels a Karl Marx
en Londres

Manchester, 22 de mayo de 1852

I Querido Marx:

Hoy te escribo únicamente para informarte, por si acaso, de que ayer te envié directamente por el primer correo un billete de banco de £10, y que la segunda mitad se le remitió al mismo tiempo en sobre a Lupus para que te la entregara; confío en que lo hayas recibido correctamente.

Aquí reina ahora una gran actividad electoral. Dos whigs librecambistas presentados por los tories pretenden desbancar a Bright y a Gibson, y no se hace más que hacer campaña y beber. Naturalmente, esos tipos no tienen ninguna posibilidad, pero les costará un bonito dinero.

Hace tres semanas se produjo, tal como esperaba, un conato de especulación en el mercado algodonero; pero, como las probabilidades no son aún lo bastante pronunciadas y los hilanderos y comerciantes de aquí operaron en contra, el asunto volvió a caer momentáneamente en el agua. No obstante, la cosa volverá a empezar muy pronto, tan pronto como esté entregada la totalidad de la cosecha en América. También la lana —a causa de la súbita ruina de la cría de ovejas australiana— se presta estupendamente para convertirse en artículo de especulación, y hay en general todas las perspectivas de que la especulación esté en pleno florecimiento para el otoño. Las acciones de ferrocarriles, etc., también empiezan a subir de nuevo —las mejores rinden cada vez más que el 1 a 1,5% que los bancos pagan todavía ahora por los capitales de depósito—. En América, la especulación algodonera está en pleno auge desde hace seis semanas, y las múltiples y curiosas nuevas sociedades anónimas que ahora se anuncian por todas partes demuestran hasta qué punto en todos los grandes mercados financieros el capital anda a tientas en busca de desembocaduras. Después de todo, los petreles se muestran ahora ya de manera algo más definida y en mayor cantidad. Cela sera beau.

Según espero, recibiré una carta tuya a más tardar mañana por la mañana.

Tuyo,
F. E.
Más 22 mayo 52.