Karl Marx a Friedrich Engels
en Manchester

Londres, 6 de mayo de 1852

16 de mayo, 1852.
28, Deanstreet, Soho, Londres.

¡Querido Frederic!

El paquete para ti no ha salido, porque Pickford exigió a mi mujer 2 chelines y 6 peniques. Y todo ese maldito trasto no vale tanto.

La extraña nota adjunta que recibes es una copia tomada rápidamente de una circular que los señores Kinkel-Willich han dirigido a sus afiliados. Lo más cómico es que uno de sus jefes de sección lleva esos mamotretos cada vez al cónsul general prusiano Hebler, quien paga por ello. El gobierno prusiano tiene, naturalmente, tan buena clave de estos misterios que se dan importancia como Kinkel-Willich. Willich, en efecto, pese a todos los escrúpulos de principio, ha aceptado, empero, el puesto en el comité definitivo. Quien tiene dinero, tiene también a Willich.

Tanto es seguro: se trama un golpe de mano cualquiera. El general Clapka ha partido ya hacia Malta, con un nombramiento en su bolsa, firmado por Kossuth-Mazzini, que lo nombra general en jefe del ejército húngaro-italiano. Creo que se ha de comenzar en Sicilia. Si los señores no sufren derrotas dos veces al año y no reciben golpes, se sienten incómodos. Que la historia universal se desarrolle sin su concurso, sin su intervención, y precisamente intervención oficial, no pueden admitirlo. Si la cosa sale mal, como es seguro, el señor Mazzini tendrá de nuevo ocasión de darse importancia en cartas indignadas a un Graham cualquiera. Su digestión no se verá perturbada por ello.

Estoy corrigiendo ahora a Banya su traducción de los retratos de caracteres escritos en húngaro por Szemere. El original, que a duras penas ha de restablecerse a partir de la traducción mezquina y a menudo casi incomprensible, que constantemente se pelea con la gramática y la consecutio temporum, debe de ser magnífico. Tanto resalta con claridad: La deposición de la dinastía austríaca, que en el momento de su proclamación fue impolítica y perjudicial, fue urdida por el señor Lajos Kossuth para asegurarse el puesto de gobernador, que temía ver luego, si vacilaba, caer sin resistencia en manos del victorioso Görgey. El error de asaltar Buda, en vez de marchar sobre Viena, igualmente instigado por Lajos, a quien le picaba entrar como triunfador en la capital, victorioso, con su familia.

A propósito. Acabo de recibir carta de Banya. El librero, en Berlín, ha hecho, pues, ahora la propuesta definitiva: 25 libras por 5-6 pliegos de retratos de caracteres, 24 ejemplares gratuitos. Recibiré el dinero de B. tan pronto como le entregue el manuscrito. Pero el hombre pide prisa.

Mi plan es: Por lo pronto, hago con Dronke, con lo que mi estilo plus ou moins desaparece, el borrador. Dentro de 14 días tal vez sea posible luego poner la cosa ready contigo. En todo caso, tienes que escribirme todavía algo sobre Willich (durante la campaña y en Suiza) en tus Current letters.

Adjunto carta de Cluß.

Ayer estuve con Freiligrath en casa del librero Trübner. Él cree poder colocar un número de la «Revolution» aquí en Londres, y hacer distribuir otra parte en Alemania por conducto de Campe. Tan pronto como lleguen, pues, los ejemplares de W[eydemeyer], expídalos aquí. La Turnzeitung parece haberse ido a pique.

Tuyo
KMarx