Karl Marx a Joseph Weydemeyer  
en Nueva York  
Londres, 30 de abril de 1852  

130 de abril de 1852.  
28, Deanstreet, Soho, Londres.  
¡Querido Weydemeyer!

Las noticias sobre la impresión llegan muy oportunamente. No debes tomar tan au sérieux la carta de Lupus. Bien sabes que, en nuestras muy acuciantes circunstancias, siempre predomina cierta excitación excesiva que hay que «descontar» por doquier para que la cuenta salga correcta.

Ni Engels ni yo hemos recibido aún tu artículo contra Kinkel, en la Turnzeitung. Estoy muy expectante al respecto, pues tu polémica contra Heinzen fue modélica.

Me contraria enormemente que las declaraciones de Pfänder aparezcan en el folleto. Eso estaba muy bien para un semanario, donde lo que hoy surge mañana vuelve a perderse en el torbellino del tiempo. En cambio, en un folleto eso se fija demasiado, tiene todo el aspecto de un manifiesto de partido, y si queremos atacar a esos cerdos, naturalmente podemos hacerlo mejor y de otro modo que en la declaración de Pfänder. Por desgracia, esto llegará demasiado tarde. — Justo ahora estoy en negociaciones con un librero que se encargará de hacer llegar tu «Revolution» a Alemania. La próxima semana os daré más detalles al respecto.

En cuanto al invento de la laca de barniz, del que Bangya y yo te escribimos, no debes soltar el asunto de las manos. Con eso puedes hacerte con dinero de golpe. Escribe cuándo comienza la Exposición en Nueva York y todo lo que sepas al respecto. Puedes aprovechar la ocasión al mismo tiempo para trabar conocimiento y anudar todas las conexiones necesarias con comerciantes extranjeros para un negocio de expedición. Escríbeme enseguida pormenorizadamente, con detalle, qué costes te ocasiona. Naturalmente hay que adelantártelos en avance. En primer lugar, necesitas un tipo que esté siempre junto a los artículos como guardián en la Exposición, ya que, por mor de esa mierda, no puedes quedarte todo el día en el edificio. En segundo lugar, necesitas dinero para reclames y anuncios en los periódicos. Así que mándame un presupuesto detallado. —

Por lo que respecta a Szemere, su folleto estará pronto listo. Pero como no he podido acceder a su petición, no he podido enviarle «un paquete» de números de la «Revolution», y probablemente nuestros enemigos le hayan susurrado ya que tu periódico sólo salió dos veces y luego volvió a desaparecer, por el momento no puedo obtener dinero de allí, pues la confianza de la gente está quebrantada. No obstante, vendrá personalmente y entonces pondré todo en su cauce.—  
|| Sería una lástima que tu polémica contra Kinkel no se hubiera incluido directamente en la primera entrega. Ese tipo está a punto de irse a pique por completo. Un danés, llamado Goldschmidt, lo ha ridiculizado de manera espléndida en el folletín de la Kölnische Zeitung, donde narra su encuentro con él y con Schurz en Londres. Dronke, que por fin ha llegado aquí tras quedar libre de su prisión en París, cuenta que el amigo Schurz ha declarado en privado que Kinkel es un asno al que sólo piensa explotar. Este modesto «libertador» de Kinkel ha embutido un artículo en la A[ugsburger] A[llgemeine] Z[eitung], en el que se anuncia como «el único hombre importante de la emigración londinense», declara a Kinkel y a Rüge «anticuados» y demuestra su grandeza por el hecho de que se casa con una muchacha «rica», cuñada de Ronge, para largarse a América después de consumado el matrimonio. ¡Quel grand homme! — Quant à Tellering, mantenme al corriente de ese sujeto. Tan pronto como lo considere oportuno, puedo aniquilarlo, no sólo a los ojos de nuestro partido, sino a los ojos de todos los partidos.

Así que ayer el señor Kinkel celebró su congreso de fiadores. El señor Willich, que está muy irritado contra Kinkel por las noticias que le hicimos llegar por vías indirectas (las teníamos de Cluß), no compareció. El señor Rüge envió una cartita en la que declara a Kinkel agente del rey de Prusia y se da aires de gran señor. El señor Reichenbach declaró que no quería tener nada más que ver con esa mierda. Se eligió, pues, un comité definitivo, 7 hombres, entre los presuntos comunistas sólo Willich, que difícilmente aceptará. Además, Löwe v. Kalbe, que ya ha rechazado. Luego Kinkel, Schütz de Maguncia, Fickler. No sé quiénes son los otros 2. Se dice que los perros tienen en efectivo, según unos, 3000, según otros, 900 dólares. Decidieron de inmediato que los 7 miembros del gobierno provisional reciban soldada, cosa que debes comunicar en la «Turnerzeitung». Por lo demás, toda la mierda se descompone. —

Ten de todos modos una parte de los ejemplares de la «Revolution» preparada para Alemania, hasta que recibas mi orden. — Tu carta para Jones la he entregado. Es imposible que pague dinero. Está tan dépourvu como nosotros y todos escribimos gratis para él. Cluß te habrá informado sobre la lucha entre Jones y Harney. Le he enviado los detalles al respecto. Sin embargo, hay que mantener la cosa en secreto el mayor tiempo posible en la prensa americana. —

El gran comercio y la industria marchan mejor que nunca en Inglaterra y, por consiguiente, en el continente. Debido a las circunstancias extraordinarias —California, Australia, el avance comercial de los ingleses en el Punjab, en Scinde y en otras partes de la India Oriental recién conquistadas—, puede ocurrir que la crisis se prolongue hasta 1853. Pero entonces el estallido será terrible. Y hasta entonces no cabe pensar en convulsiones revolucionarias. — El proceso de los de Colonia ha vuelto a aplazarse hasta las sesiones de julio de los Assissen. Para entonces, probablemente, los Assissen en Prusia, es decir, los jurados, hayan sido abolidos. —

El filisteo Lüning, según me entero por Dronke, estuvo aquí con su esposa para unir agitación y emigración, por supuesto sin resultado.

Adiós. Saluda muy cordialmente a tu mujer de parte mía y de mi mujer.

Tuyo  
K.M.I

/ Rara vez he visto algo más estúpido que el artículo de B. Bauer sobre la «Decadencia de Inglaterra». ¿Cómo ha llegado ese tipo a Dana? /