Friedrich Engels a Karl Marx  
en Londres  

Manchester, 20 de abril de 1852  

Querido Marx:  

He visto con pesar que mis temores acerca de tu pequeña niña se han confirmado demasiado pronto. ¡Si al menos hubiera algún medio para que tú y tu familia pudierais mudaros a una región más sana y a una vivienda más espaciosa!  

De buena gana te habría enviado algún dinero, pero he gastado en Londres mucho más de lo que había calculado, de modo que yo mismo aquí, hasta fines de este mes, he de andar con estrecheces, y el mes próximo tengo que pagar en facturas y libros encargados en Alemania cerca de 12 libras. No obstante, veré si de algún modo puedo procurarte algo a comienzos de mayo. Ojalá hubiera sabido antes cómo estaban las cosas en Londres; habría evitado entonces el viaje a Londres, en el fondo completamente superfluo, y así habría tenido un poco más de margen.  

Pindar está aquí, pues en Liverpool no ha encontrado alojamiento. Busca un puesto o lecciones particulares, y yo, naturalmente, me emplearé por él. Para darle una prueba de mi buena disposición, he tomado con él clases de ruso. Pero para poder recomendarlo aquí tengo que saber algo más sobre él, y como semejantes cosas no se le arrancan sino con grandísimo esfuerzo, me sería grato que me escribieras lo que tú sabes de él y de sus circunstancias, de dónde lo conoces, etc. Por lo demás, con su manera taciturna, no me parece que vaya a hacer fortuna aquí.  

En los actuales aspectos comerciales, especialmente en lo que respecta a la India Oriental, hay un punto que no debe pasarse por alto. Pese a la colosal importación de productos industriales ingleses a la India Oriental, en constante aumento desde hace tres años, desde hace algún tiempo llegan de allí noticias bastante buenas; las existencias se van vendiendo poco a poco y se pagan mejor allí. Esto solo puede tener su razón en que, en las provincias conquistadas últimamente por los ingleses —en Scinde, el Punjab, etc.—, donde hasta ahora la artesanía autóctona se había mantenido casi exclusivamente, esta se ve por fin aplastada por la competencia inglesa, ya sea que los fabricantes de aquí solo recientemente hayan empezado a fabricar los tejidos adecuados para esos mercados, ya sea que los nativos hayan sacrificado finalmente su gusto por los tejidos autóctonos al precio más barato de los artículos ingleses que habitualmente se exportan a la India. La última crisis india de 1847 y la gran depreciación de los productos ingleses en la India relacionada con ella pueden haber contribuido mucho a ello; y ya por el viejo Gülich se desprende que ni siquiera la India conquistada por los ingleses en su época había abandonado del todo su antigua manufactura por mucho tiempo. Solo por esto se explica que en Calcuta y en Bombay no se haya repetido hace tiempo lo de 1847 en forma intensificada. Pero cuando las 3.000.000 de balas de algodón de la última cosecha hayan llegado al mercado, se hayan elaborado y, en su mayor parte, hayan sido expedidas a la India Oriental como mercancías acabadas, la cosa cambiará. La industria algodonera florece ahora de tal manera que, a pesar de esta temporada que supera en 300.000 balas la cosecha de 1848/49, los precios del algodón suben tanto en América como aquí, que los fabricantes americanos ya han comprado más de 250.000 balas más que el año pasado (en que solo emplearon en total 418.000 balas) y que los de aquí comienzan ya a sostener que incluso una cosecha de 3 millones de balas no bastaría para su consumo. Hasta ahora, América ha exportado 174.000 balas más a Inglaterra, 56.000 más a Francia y 27.000 más al resto del continente que el año pasado. (Esto es, del 1 de septiembre al 7 de abril de cada año.) Y con tal prosperidad es ciertamente fácil explicarse cómo Luis Napoleón puede preparar tan tranquilamente su *bas-empire*; el excedente de la importación directa de algodón a Francia entre 1850 y 1852 asciende hasta ahora a 110.000 balas (302.000 frente a 192.000), es decir, más de un 33%.  

Según todas las reglas, la crisis tiene que llegar este año, y probablemente así será; pero si se observa la actual y completamente inesperada elasticidad del mercado indio oriental, la confusión introducida por California y Australia, así como la baratura de la mayoría de las materias primas, que mantiene igualmente baratos los productos industriales, y la ausencia de toda gran especulación, casi se siente uno tentado a profetizar una duración extraordinariamente prolongada al presente período de prosperidad. En cualquier caso, es posible que la historia dure hasta la primavera. Pero a fin de cuentas, lo más seguro es atenerse a la vieja regla de *within six months more or less*.  

Saluda efusivamente a tu mujer y escríbeme pronto.  

Tuyo  
F. E.  
20 de abril de 52.  

Karl Marx a Adolf Cluß  
en Washington  
Londres, 23 de abril de 1852  
(Extractos)  

Comprenderás que la carta de Weydemeyer produjo aquí una impresión muy desagradable, sobre todo en mi mujer, ya que llegó el día del entierro de mi hijo más pequeño y ella ve, desde hace dos años, cómo fracasan regularmente todas mis empresas.  

Tu carta (llegada el 19 de abril) con la perspectiva de ver impreso el Bonaparte me resultó por ello tanto más grata, cuanto que la reanima a ella, dada la gran elasticidad de su carácter.  

[...] La industria principal, la algodonera, va más brillantemente que nunca. A pesar de que la actual cosecha de algodón supera en 300.000 balas a la de 1848/49, los precios del algodón suben tanto aquí como en América, de manera que los fabricantes americanos ya han comprado 250.000 balas más que el año pasado, y los de aquí empiezan ya a sostener que incluso una cosecha de 3 millones de balas no bastaría para su consumo. Hasta ahora, América ha exportado 174.000 balas más a Inglaterra, 56.000 a Francia y 27.000 más al resto del continente que el año pasado (esto es, del 1 de septiembre al 7 de abril de cada año). Esta prosperidad explica, por un lado, cómo Luis Bonaparte puede preparar tan tranquilamente su *bas-empire*. El excedente de la importación directa de algodón a Francia entre 1850 y 1852 asciende ahora a 110.000 balas —302.000 contra 192.000—, es decir, más del 33%. Por otro lado, explica la languidez de las actuales circunstancias políticas. Con esta prosperidad, por una parte los *torys*, aunque están al timón, no pueden hacer frente a las «bendiciones del *free trade*»; por otra, los *free traders* no pueden provocar agitación política, ya que los fabricantes, mientras el negocio florece, no quieren perturbaciones ni tormentas políticas. Lo principal en este florecimiento de la industria algodonera es el mercado indio, del cual, desde hace algún tiempo, llegan buenas noticias —a pesar de las continuas y colosales importaciones de los ingleses. Esto se explica porque en los territorios conquistados últimamente por los ingleses —Scinde, Punjab, etc.—, donde hasta ahora la artesanía autóctona se había mantenido casi exclusivamente, esta se ve ahora por fin aplastada por la competencia inglesa. La última crisis india de 1847 y la gran depreciación de los productos ingleses en la India, relacionada con ella, pueden haber contribuido a ello. Esta inesperada elasticidad del mercado indio, California, Australia, así como la baratura de la mayoría de las materias primas, en ausencia de toda gran especulación, permiten inferir una duración extraordinariamente prolongada de la prosperidad. Es posible que la historia dure hasta la primavera, etc., etc., etc.