Friedrich Engels a Karl Marx  
en Londres

Manchester, 18 de marzo de 1852

18 de marzo de 1852.

Querido Marx:

Adjunto te devuelvo la carta del duendecillo. Por el momento estoy enteramente sin fondos, y al menos este mes no podría conseguir las £2.-; además, su carta está fechada el 5 y uno no sabe si aún le llegaría el dinero a tiempo. Luego, siempre es problemático enviarle dinero a Ewerbeck; ese individuo es capaz de presentar reclamaciones prescritas por Dios sabe qué viejos gastos de franqueo y confiscar el todo o la mayor parte. Por todas estas razones, por el momento no puedo ayudar al alraunito, por mucho que dudo que vaya a sacarle al señor Ewerbeck más de cinco sous de una vez. Entretanto, si el piccolo ha llegado de Ginebra a París, bien podrá también venir a Londres, aunque sea con algunas «fatigas»; y entonces ya sabemos lo que significan sus cartas pedigüeñas.

Cuando el pequeño llegue, te será un poco difícil mantener su temperamento pendenciero, seguramente exacerbado por las «largas fatigas», dentro de los límites; las peleas y los duelos cuestan demasiado dinero en este país como para que se le pueda permitir algo semejante. Lo mejor será que se lo entregues a Pieper para que éste pueda darle lecciones de economía política.

La historia con Massol es muy interesante y, si se queda allí, estoy deseando conocerlo.

Lo que me escribes de Jones me alegra mucho – sólo que ahora tengo condenadamente poco tiempo, de lo contrario le enviaría más artículos. Pero Charles no ha regresado aún de Alemania, y además del artículo para la Tribune y un informe semanal para mi viejo, tener que escribir regularmente cada semana para él o para Weydemeyer es demasiado, cuando uno ha estado todo el día atareado en la oficina. Además, tengo que acabar por fin de poner en limpio mis historias eslavas. Con la manera diletante con que he procedido hasta ahora no he llegado a nada en todo un año, y como ya he comenzado y estoy demasiado avanzado para dejar caer el asunto, tengo que dedicarle ahora regularmente algún tiempo. Llevo ya catorce días trabajando a conciencia el ruso y ahora estoy bastante en claro con la gramática; dos o tres meses más me proporcionarán también el caudal de palabras necesario, y entonces podré emprender otra cosa. Este año tengo que acabar con las lenguas eslavas, y en el fondo no son nada difíciles. Además del interés lingüístico que la cosa tiene para mí, es también una consideración que por lo menos uno de nosotros, en la próxima acción principal y de Estado, conozca las lenguas, la historia, la literatura y los detalles de las instituciones sociales precisamente de aquellas naciones con las que se entra inmediatamente en conflicto. Bakunin en realidad ha llegado a ser algo sólo porque nadie sabía ruso. Y la vieja artimaña paneslavista, de convertir la vieja propiedad comunal eslava en comunismo y presentar a los campesinos rusos como comunistas natos, volverá a ser muy manoseada.

Jones tiene, por lo demás, mucha razón en tensar ahora todas las cuerdas, tras la definitiva locura del viejo O’Connor. Ahora es su oportunidad, y si encima se le cae el ciudadano Hip Hip Hurrah, entonces tendrá asegurada su causa. Por todo lo que veo, los cartistas están tan completamente disueltos y desorganizados y tienen al mismo tiempo tal escasez de gente utilizable, que o bien se dispersan totalmente y se descomponen en camarillas, es decir, prácticamente se convierten en mera cola de los financials, o bien son reconstruidos sobre una base completamente nueva por un tipo capaz. Jones está absolutamente en la línea correcta y bien podemos decir que, sin nuestra doctrina, no habría dado con el camino justo y nunca hubiera hallado cómo, por una parte, conservar no sólo sino ampliar, desarrollar y poner como base de la propaganda esclarecedora el único fundamento posible para la reconstrucción del partido cartista: el odio instintivo de clase de los obreros contra los burgueses industriales; y, por otra parte, ser sin embargo progresivo y oponerse a las veleidades reaccionarias de los obreros y a sus prejuicios. Master Harney, por lo demás, se va a asombrar si sigue así; la camarilla de exaltados que lo sostiene le dará muy pronto una patada, y ni siquiera los retratos de Kosciuszko y otros «patriotas» que pone en su papel de culo lo salvarán.

Quoad Napoleonem, ¿no le dijo el hombre a L. Blanc cuando se fue a Francia: *Quand je serai président, je mettrai en pratique vos idées*? Por lo demás, se ve cómo la penuria financiera puede empujar incluso a un verdadero socialista como L[uis]-N[apoleón] a tomar medidas modélicas burguesas en lo financiero, como la conversión de rentas. El tendero y el pequeño industrial le perdonan, por este ahorro de 18 millones, veinte saltos socialistas, y el Daily News admira la medida. Por lo demás, más necia y vulgarmente de como lo hace el Débats no se puede hablar de este asunto. ¡Es la vieja historia: reforma postal = socialismo! ¡Conversión de rentas = socialismo! ¡Free trade = socialismo! Temo solamente que Mynheer Napoleón, que a pesar de todo se muestra muy tímido en sus asuntos propiamente socialistas y en el asunto de las hipotecas no va más allá de los institutos de crédito burgueses prusianos, acabe viéndose obligado, por la presión de las circunstancias, a transformar todas sus veleidades socialistas en simples reformas burguesas, y entonces sólo la inevitable penuria financiera podrá salvarnos. El Daily News tiene razón: la conversión de rentas es una *mesure éminemment pacifique* y, además, una señal muy funesta de que L.N. va entrando más en las vías del *common sense* burgués. Pero, claro está, ¿cuándo se ha podido gobernar Francia con *common sense*, y qué complicación de circunstancias se necesita para llevar al *common sense* a un L.N.! En todo caso, la atmósfera continental no me parece muy revolucionaria, aunque el alraunito traerá noticias muy distintas.

No creo que Derby obtenga una mayoría, aunque aquí, donde todo es unánime cuando se trata de las leyes de cereales, sea un mal *point d’observation*. Por lo demás, ojalá la obtuviera; tendría que ocurrir como tú dices. Por lo demás es un necio en no disolver ya. Cuanto más lo dilate, tanto más se arriesga a que las elecciones caigan en medio de una crisis comercial, y entonces meterá en el Parlamento tories fanáticos que son demasiado extremistas hasta para él mismo y Manchester Men decididos, ávidos de ganancias y amenazados de bancarrota; estos últimos, probablemente en mayoría, serían entonces el elemento decisivo.

Nuestro negocio aquí probablemente se disolverá aún este año. Si es el caso, de entrada, al encargarme de la liquidación, obtendré una posición considerablemente más libre y estaré menos atado regularmente a los trabajos de oficina. Más tarde, según me escribe mi viejo, se encontraría probablemente para mí una posición mejor – supongo que aceptará mi viejo plan, conforme al cual me establecería en Liverpool y le compraría algodón. Eso sería estupendo, y en ese caso, cuando hayas terminado tus trabajos preparatorios para la economía, tendrías que venir con toda tu familia por seis meses; viviríamos en New Brighton a la orilla del mar y tú te ahorrarías además dinero. En todo caso me daré un aumento; eso está claro. – Desgraciadamente hoy no tengo tranquilidad para hacer el artículo para la Tribune; pero como el próximo miércoles sale un vapor americano, lo recibirás para el lunes o el martes, y yo haré luego otro para el vapor del viernes.

Muchos saludos.

Tuyo,
F. E.

/Esta vez el sello de tu carta ha estado por primera vez completo e intacto./