I Manchester, 27 de febr. de 1852. 
Querido Weydemeyer 

Me alegra ver que por fin han llegado algunas de mis cartas 
y que, por tanto, no se opone ya más obstáculo a la correspondencia. Las 
dos primeras estaban dirigidas a J. W[eydemeyer], Deutsche Vereinsbuchhandlung, 
William Str., Nueva York. Las Revoluciones y los Demócratas han llegado felizmente, 
y prosiguen hoy viaje a Londres. El señor Heinzen se 
alegrará de tu réplica, lo has enfocado muy bien. Envía los siguientes 
impresos del mismo modo, abiertos por ambos extremos, 
el franqueo es escaso. 

De mis artículos puedes incluir a lo sumo el de la invasión en una 
eventual recopilación, los demás no valen nada y ya han sido 
superados por los acontecimientos. 

En lo que respecta al cofrade Standau, el tipo es un viejo conspirador 
que pertenece por entero a la categoría que hemos descrito en la Revue en la crítica de 
Chenu — muy útil en ciertas esferas, muy dado 
a echarse a vaguear, no siempre fiable y un tanto fanfarrón 
(Rodomonteur). Salúdalo de mi parte. — Schmidt von Löwenberg emprende cruzadas 
contra los jesuitas en los alrededores de San Luis y tiene como 
principal aliado al ex-gañán y agente duchâtel, el señor 
Börnstein, de parisina memoria. Qué hace por lo demás, lo ignoro. Que 
el Dr. Maas sea un partidario de la camarilla de Marx es una novedad para mí. Yo solo 
lo conozco como ex-gritón palatino. El redactor de la Deutsche Ztg. de Nueva Orleans, 
Fischer, es un conocido mío y pertenecía en Kaiserslautern 
a mi guardia personal, pero este borrachín se ha echado terriblemente 
a perder y se ha envilecido desde entonces, y si Kinkel estuvo allí en persona, habrá 
causado mucho estrago en Nueva Orleans, porque nadie le plantó cara. 

I En lo que atañe a la cuestión de guerra con Inglaterra, el asunto tiene 
para mí, por lo pronto, ante todo el interés de un problema militar, que 
uno intenta esclarecerse y resolver, igual que una tarea 
geométrica. No considero, no obstante, imposible una guerra de coalición semejante, 

aunque por ahora, mientras Derby esté al timón, ciertamente queda aplazada. 
Los señores de la Santa Alianza juzgan hoy sus fuerzas tan 
poco acertadamente como en las diversas coaliciones desde 1792 hasta 1807. Y 
en cuanto a la dependencia de Rusia respecto de Inglaterra, 1) no es de 
esperar que el zar la sienta, y 2) una suspensión comercial 
traería ciertamente consigo mucho estancamiento, miseria y ruina de productos, pero 
podría soportarse 2-3 años, exactamente igual que una crisis comercial 
de igual duración. Considera que en Rusia, en el campo, entre los campesinos, la 
inmensa mayoría, casi no circula dinero alguno y todos los medios de subsistencia 
de estos bárbaros pueden elaborarse en cada aldea. Las 
ciudades y la aristocracia sufrirían desde luego, pero el imperio 
ruso descansa sobre los campesinos y los pequeños nobles rurales que viven a la usanza campesina. 

Una insurrección del continente por parte de Inglaterra tiene sus grandes dificultades; 
en España ayudaban el terreno, la gran extensión y la escasa 
población del país, la falta de víveres y el mar que 
rodea el país por casi todos los lados. 

Pero Hungría y Polonia son países interiores, e Italia, a excepción 
de las islas, difícilmente podría ser mantenida frente a las fuerzas superiores de la coalición 
por los ingleses y los insurrectos. Y además, Inglaterra 
no está ahora en condiciones, ni lo estará en 1 año tras el estallido de la guerra, 
de levantar un ejército como el enviado a España con Wellington. || Barcos sin tropas de desembarco no pueden, empero, afianzarse 
en parte alguna. 

Es una verdadera suerte que los tories hayan llegado al timón. Las 
continuas victorias en la política comercial y la larga prosperidad habían 
entorpecido por completo a los fabricantes. Por la reforma parlamentaria, incluso 
una más amplia que el cochambroso proyecto de ley de Russell, no se interesaba nadie. 
Ahora tienen el diablo pisándoles los talones y ya empiezan a sentir un miedo 
terrible, tanto más cuanto que cada uno de los nuevos ministros representa, 
del modo más grosero, alguna pieza del proteccionismo. Aquí se restablece la Anti-Corn- 
Law-League. La reforma parlamentaria, la extensión del 
derecho de voto, la igualación de los distritos electorales, el voto secreto se han 
convertido ahora en cuestiones vitales de la burguesía industrial, mientras que antes 
solo interesaban directamente al pequeñoburgués. Derby tiene que disolver, y 
probablemente lo hará en cuanto estén votados los artículos de guerra y los impuestos para un 
nuevo año. En mayo tendremos probablemente nuevas elecciones. Los proteccionistas 
ganarán algunos votos y echarán fuera a otros tantos peelitas. Pero permanecen en minoría, y si Derby se atreviese 
a proponer directamente el restablecimiento de los aranceles protectores, se irá al traste 
sin la menor duda. Pero quizá sea lo bastante astuto para aplazarlo. 

En todo caso, el movimiento inglés está ahora francamente (fairly) en marcha. Con la destitución 
de Palmerston empezó la danza que tenía que venir tras las eternas derrotas ministeriales 
de la pasada sesión. Derby es el segundo acto. La 
disolución será el tercero. En cuanto a la política exterior de Inglaterra bajo 
Derby, será también naturalmente reaccionaria; pero poco 
se hará de decidido, quizás algunos procesos contra refugiados en los que 
el gobierno se estrelle, intentos de introducir Alien Bills que 
igualmente fracasarán, posiblemente apoyo a tentativas de 
coalición contra L. Napoleón, de lo que || tampoco saldrá nada. Los tories 
están terriblemente maniatados en Inglaterra, y si no intentan la restauración 
del régimen de fuerza de Sidmouth-Castlereagh de 1815-21, 
en el que, sin embargo, pueden quemarse los dedos de manera terrible, 
porque sobre el terreno legal y por el librecambio (freetrade) el burgués inglés 
combate con furia — los señores conservadores quedarán lastimosamente en ridículo. 
Derby (antes, en vida de su padre, Lord Stanley) es, empero, un exaltado 
y puede recurrir fácilmente a medidas extremas e incluso ilegales. 

Ahora solo falta la crisis comercial y, desde que Derby está al mando, tengo 
el presentimiento de que llegará pronto. Las medidas librecambistas 
de los ingleses, rápidamente consecutivas, seguidas por la apertura de las colonias holandesas, 
la reducción de los aranceles en España, Cerdeña, etc., la 
caída de los precios del algodón (desde septiembre de 1850 a la mitad de su anterior 
valor) mantienen la prosperidad en marcha más tiempo del que antes era de 
esperar. Pero, dado el estado de los mercados índicos y en parte del americano 
(el mes pasado se exportaron a los Estados Unidos 
considerablemente menos manufacturas que en el mismo periodo del año anterior), 
no puede esperarse que la cosa dure aún mucho. Si la crisis 
estallase ya en mayo, lo que difícilmente será el caso, la danza 
se desataría. Pero difícilmente antes de septiembre u octubre. 

Saluda a tu mujer. 

Tuyo 

En breve un artículo sobre la posición de la burguesía industrial inglesa 
y la historia del comercio — estoy ahora muy ocupado hasta dentro de unos 14 días. |