Karl Marx a Joseph Weydemeyer  
en Nueva York  
Londres, 20 de febrero de 1852  

20 de febrero de 1852.  
¡Querido Weydemeyer!  

No puedo enviarte nada esta semana, por la sencilla razón de que desde hace 8 días y más ando tan acosado por la porquería del dinero, que no he podido ni siquiera proseguir mis estudios en la biblioteca, y mucho menos escribir artículos.  

Pero calculo que el martes (24) y el viernes (27) podré enviarte los números 5 y 6 de mi artículo, con los que concluye.  

El 18 de febrero recibí tu carta, junto con las palabras finales de Cluß. Has tenido dos adversidades particulares: 1) la falta de trabajo en Nueva York; 2) los furiosos vientos del oeste, que han desviado los barcos de Londres a América. Pues, con excepción de los primeros días, desde Inglaterra se te ha enviado colaboración con tanta regularidad (por mí, Engels, Freiligrath, Eccarius, etc.) como cualquier periódico puede desear. Aquí, por el contrario, la gente se ha aflojado, porque no llegaban noticias de América, y sí innumerables barcos. No he considerado conveniente comunicar a nadie, salvo a Engels y Lupus, la suspensión de tu periódico. Eso haría a la gente aún más remisa.  

Si, por lo demás, quieres que te apoyemos regularmente desde aquí, has de cumplir las siguientes condiciones:  

1) escribir cada semana e indicar la fecha de las cartas que hayas recibido de nosotros.  

2) Mantenernos en todo momento *au courant* de la mierda de ahí, enviarnos regularmente los papeles correspondientes, etc., recortes de periódicos, etc.  

Sabes, *mon cher*, lo difícil que es colaborar en un periódico que está al otro lado del océano, sin conocer al público, etc. Pero si cumples las condiciones arriba indicadas, te garantizo las contribuciones necesarias. Yo estoy con la fusta detrás de todos y sabré azuzarlos para que trabajen. También desde Alemania se me han prometido colaboraciones y colaboradores para ti. Con sólo saber que el periódico subsiste, tendría ya listo en París un colaborador gratuito semanal. Voy a escribir a ese hombre, uno de mis mejores y más inteligentes amigos. Lo malo es que a nadie le gusta trabajar *pour le Roi de Prusse*, y los informes diarios pierden todo valor si no se imprimen inmediatamente después de su llegada. Así pues, como no puedes pagar, es tanto más necesario convencer a la gente de que están haciendo un verdadero trabajo de partido y de que sus cartas no irán a parar al cajón del escritorio.  

Me parece que cometes un error al hacer que te traigan las cartas, en lugar de, como debe hacerlo todo periódico, avisar a correos de que las recogerás regularmente a la llegada de los barcos. Así se evitan más fácilmente malentendidos y demoras.  

*À propos.* No imprimas el aviso de Hirsch si aún no está impreso.  

Ahora llega de aquí a Nueva York una masa de canallas (entre otros, el sastre Lehmann y el sastre Joseph Meyer). Algunos se dirigirán a ti en mi nombre. Pero no te fíes de ninguno que no te traiga unas líneas escritas por mí. Para sonsacarlos acerca de Willich, etc., sirven esos tipos. Lehmann y Meyer son fanáticos del Jesús Willich.  

En cuanto a Dana, me parece tonto que acepte artículos de Simon. Si mis finanzas lo permitieran, le suspendería de inmediato todas las demás colaboraciones. Puede dejarse atacar a mí y a Engels, pero no por semejante torpe colegial. Es de mal gusto que un tipo hueco como ése presente al público americano la agitación y la emigración, esas dos ficciones que sólo existen sobre el papel de periódico, como realidades históricas; un tipo que ha *octroyado* a Alemania el emperador prusiano, las asociaciones de marzo y al regente del imperio Vogt, y que ahora, junto con sus compinches fracasados, quiere *octroyarse* de nuevo al pueblo, junto con el parlamento y una constitución imperial algo modificada. *Rien de plus ridicule que ce gredin là qui du haut des Alpes laisse tomber des paroles d'homme d'état.* Le tenía a Dana más tacto. Ludwig Simon – ¡de Tréveris! ¿Cuándo va a abandonar ese tipo el título nobiliario parlamentario?  

Aquí en Londres comprenderás que esos tipos están completamente disueltos. Lo único que aún los mantiene juntos en alguna medida es la perspectiva del dinero redentor de Gottfried Christus Kinkel. Por otro lado, el idiota Rüge, junto con Ronge y dos o tres asnos más, que esconden su ociosa vida muelle bajo el nombre de «agitación», exactamente como si un pantano estancado se bautizara a sí mismo «mar abierto».  

Europa está, naturalmente, ocupada ahora en otras cosas que en estas miserias. El propio Ledru-Rollin se ha desinflado aquí como un globo vacío desde el 2 de diciembre y la llegada de nuevos elementos revolucionarios de Francia. Mazzini pronuncia discursos ultrarreaccionarios, uno de los cuales analizaré para ti en breve.  

En cuanto a *Notes to the People* de Ernest Jones, en los que tienes al completo la historia cotidiana del proletariado inglés, te los enviaré en cuanto mis circunstancias económicas lo permitan. Siempre tengo que pagar 8 chelines cuando envío un paquete a América.  

Saluda a Cluß de mi parte con la mayor cordialidad. Estamos muy ansiosos por sus cartas. ¿Por qué no nos has enviado su declaración?  

Yo, junto con mi mujer, Freiligrath y su mujer, Lupus, todos nosotros mandamos muchos saludos a tu mujer; asegúrale nuestra más viva simpatía. Esperamos que el nuevo ciudadano del mundo venga al mundo con brío en el nuevo mundo.  

Adiós.  
Tu  
K. Marx  

Si no te va bien con el periódico, ¿no podrías publicar mi folleto por pliegos o, a ser posible, siempre en las entregas que te he enviado? Si no, tardará demasiado.