I. Querido Marx:

Es irritante que uno no pueda fiarse en absoluto de lo que no hace uno mismo. Por la estupidez de nuestro mensajero, mi carta al Daily News no salió ayer; ahora es demasiado tarde. Así que no puedo más que retenerla hasta que vea si el Times de mañana o del sábado trae la tuya. Si no, saldrá en el acto. En el ínterin, una consideración: ¿no sería Freiligrath el hombre indicado para el D. News? Yo podría, si él escribiera allí, intentarlo con la Weekly Press y el Sun. Nosotros dos ya nos hemos dado un batacazo una vez con el D. N.

Adjunto otro artículo para Dana. Quizá pueda dividirse en dos, una vez terminadas las historias polacas — aunque mejor sería que se quedara junto. Si lo divides, puedes enviar ambas mitades con el mismo vapor, ya que antes de mañana en ocho días no hay otro vapor. Voy a tratar de avanzar ahora bastante rápido, digamos 2 artículos por semana, para terminar el asunto. Al fin y al cabo, serán en total 15-16 artículos.

De Weydemeyer no he recibido ningún número. Tampoco carta. Me extraña. Esta noche le prepararé de nuevo un artículo.

Los franceses son unos auténticos asnos. Madier se dirige a mí por un asunto industrial, y como mi cuñado estaba justamente aquí, que conoce el truco, le di indicaciones y consejos muy útiles. ¡Ahora escribe la bestia esa que, a consecuencia de un chismorreo estúpido de un crapaud que no sabe nada del asunto, se propone empezarlo de otro modo, y de la manera menos comercial, y yo debo, no a él, sino a su socio, un hombre al que nunca he visto, proporcionarle cartas de recomendación de mi cuñado (que afortunadamente está en el Continente)! Te acordarás de que M. nos presentó a un estampador de indianas que se fue a Manchester. El tipo me visita, yo me tomo la mayor molestia en serle útil, hago lo que puedo, lo trato con la mayor cortesía, y como recompensa la bestia esa desaparece de repente sin que yo pueda averiguar qué ha sido de él. ¡Bonita raza!

Tuyo
F. E.