Karl Marx a Ferdinand Freiligrath  
en Londres  

Londres, 26 de enero de 1852  
28, Deanstreet, Soho.  
¡Querido Freiligrath!

La estrofa que me has enviado para que la vea es muy hermosa y expresa artísticamente el corpus delicti, pero creo que perjudica la impresión del conjunto. D’abord, ¿es Kinkel un «poeta alemán»? Yo y una multitud de otros bons gens nos permitimos una modesta duda sobre este punto. Además: la significativa oposición entre el «poeta alemán» y la Babilonia «comercial», ¿no queda empequeñecida cuando se aborda a su vez la oposición entre el poeta «libre» y el «servil»? Tanto más cuanto que ya en el propio «Andersen» queda agotadoramente trazada la relación del literato inflado con el mundo que se contrapone al «poeta». Puesto que según mi opinión no hay necesidad interna alguna de meter a Kinkel en este pasaje, ello sólo daría a los adversarios ocasión para esgrimirlo como expresión de irritación personal o de rivalidad. Pero como la estrofa está muy lograda y no debe perderse, tú encontrarías seguramente –si es que consideras acertada mi opinión– ocasión para insertarla en otro contexto, en una de las siguientes cartas poéticas. Pues el retrato es de lo más gracioso.

Toda vez que Engels y Weerth no me han devuelto la copia de tu primer poema que les envié, ayer no pude obsequiar al rojo Wolff más que con algunas reminiscencias retenidas en la memoria, las cuales, sin embargo, bastaron para ponerle en uno de sus entusiásticos ataques.

Quant à notre ami Ebner, en efecto ha recibido cartas de Pieper. La mejor prueba: Pieper posee una respuesta suya. Además, le ha vuelto a escribir extensamente en estos últimos días y ha excusado mi silencio a causa de mi indisposición.

He recibido un escrito de Bermbach, compuesto de unas 30 líneas. Me pregunta por qué no ha tenido noticias mías desde hace tanto tiempo. La respuesta es muy sencilla. Envío medio pliego impreso a Colonia y recibo en retour, tras un plazo muy largo, unas pocas líneas en las que jamás se responde a mis preguntas. Por ejemplo, sobre el estado de salud de Daniels y cosas así, ni una palabra. Recibirás esta carta tan pronto como regrese de Manchester. Engels debe utilizarla para artículos en periódicos ingleses. Lo único importante en ese || papelucho es lo siguiente: El Senado de Acusación, remarquez le bien, considerando «que no se ha puesto de manifiesto ningún hecho objetivo, por lo que la acusación carece de fundamento», decide que la instrucción comience de nuevo. O sea que primero tienes que estar 9 meses preso por una presunción ridícula cualquiera. Luego resulta que no existe ningún fundamento legal para tu prisión. Conclusión: tienes que seguir preso hasta que el juez instructor se vea él mismo en condiciones de poder presentar a la acusación «un hecho objetivo», y si el «hecho objetivo» no quiere aparecer, puedes pudrirte en la cárcel.

Una cobardía tan desvergonzada es increíble. La culpa principal recae sobre la miserable «prensa», que no dice ni una sílaba. Unos cuantos artículos en la «Kölnische Zeitung», el «Nationalzeitung», el «Breslauer Zeitung» y el Senado de Acusación de Colonia jamás se habría arriesgado a cosa semejante. Pero los perros de los demócratas y liberales se regocijan con esta eliminación de sus adversarios comunistas. ¿Acaso no hemos salido en defensa de los Temme y de toda esa chusma democrática posible, cada vez que entraban en conflicto con la policía y los tribunales? Kinkel, a quien Becker ha protegido y Bürgers ha cobijado, no los menciona nunca en agradecimiento en la correspondencia litografiada que alimenta con los fondos americanos. ¡Les canailles!

Si supiera de alguna dirección burguesa segura en Colonia, escribiría a la señora de Daniels y trataría de tranquilizarla en cierta medida acerca de la situación política. De lo que Pieper me ha comunicado se desprende que cada progreso contrarrevolucionario es explotado por los «buenos burgueses» para atemorizarla e irritarla.

Adjunto una esquelita de la señorita Jenny para el pequeño Wolfgang.

Muy cordiales saludos.

Tuyo  
K.M.