Friedrich Engels a Joseph Weydemeyer  
en Nueva York  
Manchester, 23 de enero de 1852  

I Querido Weydemeyer:

Espero que entre tanto hayas recibido mi primera carta, que eché al correo el 18 o 19 de diciembre, a tiempo para el vapor Africa. Contenía un artículo escrito a vuelapluma y una carta igualmente escrita a vuelapluma. Deberías haberla recibido ya desde el día 5 como muy tarde; pero quizás haya salido con el vapor siguiente. Desde entonces, la semana pasada te envié por el Niagara un artículo sin carta, pero dudo de haberlo echado a tiempo; si fue demasiado tarde, llegará con ésta por el Europa, y entonces tendrás material de sobra. Ya habrás recibido varias cosas de Marx; un poema de Freiligrath contra Kinkel, y quizá algo también de Lupus y de Pieper. Weerth está en este momento muy ocupado y no reside fijo en Bradford (Yorkshire); no obstante, me ha prometido enviar algo por el próximo vapor. Probablemente lo veré aquí mañana y le volveré a pisar los talones para que cumpla su promesa. Por desgracia, Marx, a consecuencia de una gran borrachera en Año Nuevo cuando yo estuve en Londres, estuvo seriamente enfermo quince días, y a mí, en parte por los catorce días pasados en Londres y en parte por diversos impedimentos surgidos después, me fue imposible trabajar hasta la semana pasada. Ahora, sin embargo, creo poder enviarte algo con regularidad cada semana; tal vez dentro de poco, para variar, también te mande algo de folletín.

Por el momento estoy aquí, en Manchester, afincado y, afortunadamente, en una posición muy independiente y con no pocas ventajas; Marx y otros amigos me visitan de vez en cuando desde Londres, y mientras Weerth esté en Bradford, hemos organizado un servicio regular de vaivén entre aquí y allí, pues el viaje en ferrocarril dura sólo veintisiete horas. Pero él se marchará pronto, seguramente; no puede aguantar en ese cochiquero de Bradford, y de todos modos no tiene sosiego en ninguna parte para pasarse un año sentado de culo en el mismo sitio. Acaricio el proyecto de hacer un viaje a los Estados, ya sea el verano próximo o, si entretanto no sobreviene ningún cambio político, el siguiente, a los Estados, Nueva York y, sobre todo, Nueva Orleans. Pero esto depende de mi viejo, no de mí, y luego también de la marcha del mercado del algodón.

Cincuenta números de la Revolution son demasiados y probablemente costarán un dineral, es decir, 4 chelines o más cada vez. Dado que, con las detenciones generales, la dispersión, etc., y con las leyes de prensa alemanas, aquí sólo cabe contar con unos pocos suscriptores, y en Alemania, a lo sumo, en Hamburgo con un par de ellos, no se podrá hacer nada con números de muestra. Los periódicos, sueltos o varios bajo faja, abiertos por los lados, cuestan 1 penique (2 centavos) por pliego. Envíame, pues, 4 ejemplares a mí y 6 u 8 directamente a Londres, pues de lo contrario tengo que volver a franquearlos de aquí a Londres, y esos gastos postales en masa no se pueden cargar al negocio. Con 10 o 12 números nos basta, y si se ve que aquí se puede hacer algo con suscriptores, se podrá organizar en Londres una agencia regular, a la que se puedan enviar de una vez, en un paquete, los números anteriores para completar las colecciones. Me pondré de acuerdo sobre esto con los de Londres y veré qué se puede hacer.

En Francia la cosa marcha de maravilla. La Patrie anunciaba ayer por la tarde que hoy aparecería en el Moniteur el decreto por el que se crea un Ministerio de Policía para De Maupas. De Morny, que junto con Fould y algunos otros representa en el gabinete los intereses materiales de la burguesía (no su participación en el poder político), volará, y comenzará la dominación de los aventureros puros: Maupas, Persigny y compañía. Entonces empezará el verdadero socialismo imperial; la primera medida socialista será la confiscación de los bienes de Luis Felipe, porque la escritura mediante la cual, el 6 de agosto de 1830, transfirió su fortuna a sus hijos en vez de donarla al Estado según la vieja costumbre, es nula. También la herencia de Aumale sobre los bienes de los Condé habrá de ser embargada. El próximo vapor del sábado ya podría traer estas noticias, si el asunto se desarrolla con la suficiente rapidez. En los departamentos del Sur siguen acosando a los insurrectos como a fieras salvajes.

En lo tocante a noticias francesas, la prensa inglesa es ahora la única utilizable, y, aquí y allá, la Augsburger Allgemeine Zeitung. El periódico del que sacas las mejores informaciones sobre Francia es el Daily News de Londres, y por eso te lo recomiendo especialmente. La Tribune lo recibe, y seguramente te lo podrás agenciar en otra parte, ya que es demasiado caro para tener suscripción. En el barrio comercial de la City podrás encontrarlo sin dificultad en los cafés.

Dronke tal vez te haga pronto una visita; tengo entendido que todo lo que tiene que salir de Suiza, cuando pasa por Francia, se expide sólo a América, no a Inglaterra. Pero él tendrá que marcharse ahora; como no sabemos nada de él, es probable que se haya escondido.

Un muchacho muy valiente es un ex artillero badense y cervecero, de nombre Gnam, que pasó a América en el mismo barco que Heinzen. También iba a bordo un estudiante Rothacker, de la Alta Baden; el muchacho era bueno, pero puede haber cambiado y, además, es peligroso por su maldita manía de hacer versos. El pequeño Schickel, de Maguncia, cuya dirección te puede dar Cluss (allá en los Alleghanys), se esforzará por la Rev[olución]. Te ruego que lo saludes de mi parte con los mejores deseos; Cluss puede encargarse de ello.

A las observaciones sobre las posibilidades de una invasión de Inglaterra, añado todavía las siguientes consideraciones, que te parecerán evidentes:

1) Todo desembarco al oeste de Portsmouth corre el riesgo de verse empujado al rincón de Cornualles; por tanto, es impracticable.

2) Todo desembarco al norte de Dover o demasiado cerca de esta ciudad corre, entre el Támesis y el mar, los mismos peligros.

3) Londres y Woolwich, primeros objetivos de operación; hacer destacamentos hacia Portsmouth y Sheerness (Chatham). Fuerte guarnición en Londres, fuertes puestos entre la costa y Londres. Con 150.000 hombres de tropas de desembarco, dedicar por lo menos 60.000 de este modo (y no sería suficiente). Con 90.000 hombres podría, pues, avanzarse.

4) Birmingham, segundo objetivo de operaciones (por las fábricas de armas). Asegurar el territorio al sur del canal de Bristol y del Wash, es decir, una línea desde Gloucester hasta Lynn Regis; además, dirigir una enérgica punta hacia Birmingham. Por débil y derrotado que esté el ejército enemigo, considero esto imposible con 90.000 hombres de tropas disponibles. Pero suponiendo que se lograse, no se habría conquistado todavía ninguna posición defensiva sostenible, sobre todo si la fuerza naval inglesa se mueve. La línea es demasiado larga y demasiado débil. Así pues, hay que seguir adelante.

5) Manchester, tercer objetivo de operaciones; asegurar todo el país al sur del Mersey (o del Ribble) y del Aire (Humber), y mantener esta línea. Es más corta y más defendible, pero también las fuerzas vuelven a quedar muy debilitadas por los destacamentos. Como la defensa conserva territorio y medios suficientes para reorganizarse, hay que seguir avanzando o volver a retroceder pronto.

6) La primera línea defendible se encuentra en el estrechísimo norte de Inglaterra: o bien el Tees o, mejor aún, el Tyne (la línea de la muralla romana de los pictos) desde Carlisle hasta Newcastle. Pero en ese caso, los recursos agrícolas, industriales y comerciales de las Lowlands escocesas permanecen todavía en manos de la defensa.

7) La conquista de la Inglaterra propiamente dicha no puede considerarse zanjada, ni siquiera de manera provisional, hasta que se hayan tomado Glasgow y Edimburgo, se haya empujado a los defensores hacia las Highlands y se haya ocupado la magnífica línea, corta, fuerte y provista abundantemente de ferrocarriles a la espalda, entre el Clyde y el fiordo de Forth.

Pero después de la conquista empezarían precisamente las dificultades: la conservación de lo ocupado, cortadas como están, con toda seguridad, las comunicaciones con Francia.

Teniendo en cuenta estas circunstancias, ¿cuántos hombres harían falta para conquistar, asegurar todo el territorio desde Dover hasta el Clyde y presentar un frente respetable en el Clyde?

Creo que 400.000 no serían demasiados.

Estas consideraciones son demasiado prolijas para el periódico; te las expongo a ti, como hombre de oficio. Mira el mapa de Inglaterra y dime qué te parece. Éste es un aspecto de la cuestión que los ingleses descuidan por completo.

Los correos van a la posta. Termino. Saluda cordialmente a tu mujer.

Tuyo  
F. E.  
Manchester, 23 de enero de 1852.