Manchester, 14 de enero de 1852

Querida señora Marx:

Hace tiempo que habría contestado a su agradable carta si no me lo hubiera impedido por completo un cúmulo de asuntos, en particular la presencia de mi cuñado, a quien he tenido que divertir durante una semana, cosa que aquí en Manchester no es, ciertamente, ninguna bagatela. En ese tiempo, ni pensar en trabajar, como es natural, y sólo ahora puedo empezar a recobrar el sentido de lo que se puede despachar hasta el próximo vapor del viernes. Esta noche o mañana por la noche se terminará, en todo caso, algo para la Tribune y tampoco el padre Weidemeyer se quedará con las manos vacías. Entre tanto, no veo ni oigo nada de éste; confío en que hoy haya llegado a su casa una carta suya anunciándonos las perspectivas para el nuevo año, ya que las cartas llegadas con el vapor de ayer sólo alcanzan hasta el 1 de enero.

Espero que el *pater familias* se haya levantado entretanto de su lecho de castigo y dolor, y sólo deseo que, con la biblioteca, no se olvide por completo de la Tribune. Las noticias sobre Ehren-Lüders han sido comunicadas de inmediato a Weerth, así como lo necesario sobre el noble Kinkel.

Las palizas que se ha llevado el gran Willich nos resultan muy gratas y le abren una brillante perspectiva de frecuente repetición. Una vez roto el hechizo de intangibilidad e invencibilidad de que se envolvía el gran guerrero, mediante una *bonne volée*, cualquier canalla de la emigración, desde el más encumbrado hasta el último Conrad, no parará hasta repetir el experimento y procurarse por sus agravios privados una venganza palpable en el noble. El *courage malheureux* del gran hombre podrá consolarse entonces con que fueron puros «hombres de principio» quienes le zurraron. Verdad es que ha recibido una paliza, pero al menos fueron «palos de principio».

Adjunto le devuelvo la carta de Cluss. Ese tipo es un agente impagable. Cuando la historia de la mistificación willichiana salga a la luz, se armará una buena algarabía. Los filisteos ya no se atreverán a escribir cartas, por miedo a que caigan en nuestras manos. ¡Qué infame hipocresía la de Kinkel afirmando que había escrito a Londres para que se pusieran en contacto con nosotros! Este hecho sólo prueba que, en lo que a nosotros respecta, en América ha sido «interpelado» muy a menudo y muy desagradablemente, y que entre la chusma democrática de allí también contamos con un grupo de partidarios que juran por nosotros, como otros lo hacen por Kinkel o Heinzen o Hecker, sin que nadie sepa por qué; serán partidarios *à la* Magnus Groß, Wilhelmi, etc., gentes a las que sólo les haría falta un breve trato con nosotros para verse ilustradas sobre nosotros y sobre sí mismas en un sentido mejor, y regresar al redil general al que pertenecen.

Luis Napoleón se va haciendo cada día más divertido. Mientras que ninguna de aquellas grandes medidas para la erradicación del pauperismo, etc., consigue ver la luz del día, el hombrecillo se las arregla para soliviantar a toda la filisteína del mundo con medidas que no han de servir sino para la consolidación momentánea de su autoridad. Ningún periódico no francés se atreve ya a defenderlo, incluso el *Sun* y la *Kölnische* callan, y sólo el corresponsal lumpen del *Globe* deposita aún a diario sus bajezas en el rincón que se le ha concedido para ello. A esto se añade que L. N. ya ha vuelto receloso a todo el mundo, toda Europa retumba con la guerra y los gritos de guerra, e incluso la pacífica *Daily News* tiene que sumarse *nolens volens* al clamor por las defensas nacionales. El tipo empieza a desarrollar paulatinamente, junto a la faceta de su carácter más destacada desde el 2 de diciembre, la del *gambler*, también la segunda: la del pretendiente loco que se tiene por un redentor del mundo predestinado y que jura por su estrella. Y cuando el tiempo se hubo cumplido, Dios envió al sobrino para que redimiese a todo el mundo de la servidumbre del diablo y del infierno del socialismo. Afortunadamente, el Parlamento se reunirá pronto y eso siempre trae alguna variación en el humbug político.

Muchos saludos a Marx y a los pequeños de su

F. Engels

M. 14 de enero de 1852.