I Querido Marx:

Adjunto una carta de Weydemeyer que me llegó hoy al mediodía. Las noticias, hasta ahora, muy buenas; el periódico de Heinzen está a punto de reventar, y W. ya en condiciones de sacar un semanario. Pero la exigencia de enviarle un artículo antes del viernes por la noche es algo excesiva, sobre todo en las actuales circunstancias. Y, sin embargo, la gente allí ansía precisamente ahora razonamientos y puntos de referencia sobre la historia francesa, y si se pudiera decir algo sensacional sobre la situación, con ello se aseguraría el éxito de la empresa en el primer número. Pero esa es precisamente la dificultad, y como de costumbre te dejo a ti de nuevo el problema; escriba yo lo que escriba, en todo caso no será sobre el golpe de cabeza de Crapulinski. Tú puedes escribirle, de todos modos, un artículo diplomático, que te cubra las espaldas y haga época. Aún no sé lo que haré yo; en todo caso intentaré algo. No puedo enviar «El trago», en primer lugar porque el primer capítulo es flojo, y en segundo porque dejé el asunto completamente de lado desde que la historia empieza a escribir novelas cómicas —una competencia algo demasiado peligrosa. Entretanto incluiré algunas escenas cómicas más en el plan y luego retomaré el asunto; pero eso no encaja en absoluto para allí, y de todos modos W. quiere cosas que lleven nuestro nombre. 

Escríbeme en seguida lo que piensas hacer; el tiempo apremia; el vapor del sábado no puede llegar a Nueva York antes de Año Nuevo, y eso es malo; peor aún es el corto plazo que nos dejan. 

Que W. mantenga sus dedos fuera de los asuntos americanos hasta que pueda escribir correctamente los nombres de allí. Es una lástima que no tenga tiempo primero para orientarse y aprender algo de inglés. Los «abolicionistas» serían un bocado famoso para Heinzen. En cuanto a Weerth, lo veré aquí mañana o pasado mañana y veré lo que puede hacer. La semana próxima, quizá ya el sábado por la noche, estaré en Londres y podremos acordar lo demás; entretanto, la única cuestión es qué hacer para el primer número, eso no puede esperar, y escríbeme, pues, en seguida lo que piensas hacer.

Por lo que se deduce de esta carta, Weyd. parece, ciertamente, algo «verde» en cuestiones comerciales; le haré las indicaciones necesarias al respecto. No conoce en absoluto a su público.

Lupus puede también ponerse en movimiento en seguida para ver lo que logra para el primer número; W. andará muy escaso de material.

¿Qué dices de los fondos franceses que ayer estaban a 101,50, el 11% sobre la par? Eso le procura a L[uis] N[apoleón] votos en abundancia, mejor que todas las mentiras pagadas de los periódicos. También los excesos de los campesinos en el Sur y el Centro lo ayudan. Una parte de ello es ciertamente verídica, y no puede esperarse otra cosa de esta raza de bárbaros. A esos tipos les importa un diablo el gobierno, etc., pero lo primero que hacen es demoler la casa del recaudador de impuestos y del notario, violar a la mujer y matarlo a golpes a él mismo si lo atrapan. El asunto, en el fondo, tiene poca importancia, y les está bien empleado a esos señores, pero a Napoleón le echa en brazos a todo el que tiene algo que perder. En realidad, la invasión de los bárbaros autóctonos, si es que llega, promete ser un espectáculo regocijante, y dichosos aquellos bajo cuyo gobierno ocurren tan agradables historias.

El alza de los fondos ahora ya no es, ciertamente, una maniobra gubernamental, sino la expresión del miedo de la alta finanza, traducido en confianza en L. N., miedo a ser despellejada viva que el auténtico *Constitutionnel* describe con colores tan vivos.

Así que escríbeme en seguida acerca de W.

Tuyo
16 Dic. 51.