Querida Marie:

Recibí tu carta el sábado, el único día de la semana en que nunca consigo escribir una carta privada, porque entonces cerramos la oficina ya a mediodía; de lo contrario ya habrías tenido respuesta antes. Que en los últimos tiempos hayas tenido tanta enfermedad en casa me apena, pero me alegra saber que las cosas toman ahora mejor cariz; espero ver tanto a Hermann como a la pequeña Lüi completamente restablecidos a mi llegada. Bien podrías habérmelo escrito también, pues mientras no recibo cartas tengo que suponer que todo se halla bien; y además me eras deudora de una carta, como respuesta a aquella con la que te devolví la llave de tu casa el verano pasado.

Yo he estado todo este tiempo en el bienestar habitual, y sólo un poco aburrido desde que entró el mal tiempo y ya no puedo salir al campo, lo cual aquí en Manchester es una verdadera necesidad. Desde hace unos días siento ciertos síntomas de advertencia que apuntan a una renovación del dolor de muelas que tan fatal me fue el invierno pasado y que me resultan tanto más fatales cuanto que me impiden tomar mis baños acostumbrados, etc. Espero, empero, que la cosa pase sin muchas molestias; en todo caso, no pienso afligirme mucho por anticipado por dolores que aún no tengo.

Para fines de esta semana pienso tener ordenados mis negocios corrientes, y como de todos modos es ahora para nosotros una época tranquila, trataré de salir de aquí el sábado por la tarde, y como todos los trenes llegan a Londres o demasiado tarde por la noche o demasiado temprano por la mañana para poder ir en seguida a Camberwell, después de descansar un rato en el Euston Hotel el domingo, me presentaré en vuestra casa antes de la hora de la comida. En cualquier caso, podéis esperarme el domingo para la comida del mediodía en la Grove, a menos que el sábado por la mañana recibas una carta mía en sentido contrario.

En cuanto a los franceses, esos burros pueden empezar lo que quieran, a mí me da lo mismo.

Recuerdos a Emü, a Hermann y a tus hijos. Después de tu descripción, siento curiosidad por tus nuevas criadas. Notabene: si el domingo todavía tuvieras demasiado barullo en casa como para que mi compañía y ulterior perturbación no te pareciera aún deseable, no tienes más que escribir y mandarme una orden de ejército indicándome cuándo he de presentarme, y no dejaré de ser puntual.

Toujours dein  
Friedrich

Manchester, lunes 15 de dic. de 51.