Friedrich Engels a Karl Marx  
en Londres  
Manchester, 11 de diciembre de 1851  

Querido Marx:

Adjunta devuelvo la carta de R[einhar]d, así como la de Pieper, que había retenido de momento por los asuntos de Colonia.

De la gran expedición de 700 vagabundos a París trompeteada por los periódicos no parece haber nada, y el pequeño L. Blanc, tras su renovado lamento de hoy en el Daily News, se encuentra de momento, aunque según se dice no en Londres, a salvo. El primer plañido era todavía divino comparado con el de hoy. Peuple français — noble fierté — courage indomptable — éternel amour de la liberté — honneur au courage malheureux — y con eso el pequeño sujeto hace un demi-tour à droite y predica confianza y unión del pueblo y la burguesía. Vide Proudhon: Appel à la Bourgeoisie, página 2. ¡Y este razonamiento! Si los insurgentes han sido derrotados, es porque no eran el vrai peuple; el vrai peuple no puede ser derrotado; y si el vrai peuple no ha combatido, es porque no quiso batirse por la Asamblea Nacional; cabe ciertamente objetar que el vrai peuple, una vez victorioso, habría sido dictador él mismo, pero en la sorpresa no pudo pensar en ello, ¡y además le han engañado tantas veces!

Esta es la vieja y ordinaria lógica demócrata que después de cada derrota del partido revolucionario se ha vuelto a imponer. Le fait est, en mi opinión, que si el proletariado no ha combatido en masa esta vez, fue plenamente consciente de su propio agotamiento e impotencia, y con resignación fatalista se abandonó una y otra vez al ciclo renovado de República, Imperio, Restauración y nueva revolución, hasta volver a reunir nuevas fuerzas tras unos cuantos años de miseria bajo el dominio del orden más riguroso posible. No digo que vaya a suceder así, pero me parece que esa fue la concepción instintiva fundamental que predominó en el pueblo de París el martes y el miércoles, y, después del restablecimiento del voto secreto y de la consiguiente retirada de la burguesía el viernes. Es un disparate decir que no fue una ocasión para el pueblo. Si el proletariado quiere esperar hasta que el gobierno le plantee su propia cuestión, hasta que se produzca una colisión que exprese el conflicto de forma más aguda y definida que en junio del 48, entonces puede esperar mucho tiempo. La última ocasión en que la cuestión entre proletariado y burguesía se planteó de manera bastante nítida fue con la ley electoral de 1850, y entonces el pueblo prefirió no combatir. Eso, y el eterno remitirse a 1852, ya era una prueba de flojedad que, salvo en caso de una crisis comercial, bastaba para hacernos un pronóstico bastante malo también para el 52. Desde la abolición del sufragio universal, desde la expulsión del proletariado de la escena oficial, es pedir demasiado pretender que los partidos oficiales planteen la cuestión de manera que convenga al proletariado. ¿Y cómo se planteaba entonces la cuestión en febrero? Entonces el pueblo estaba exactamente tan hors de cause como ahora. Y no se puede negar en absoluto que cuando el partido revolucionario, en un desarrollo revolucionario, empieza a dejar pasar puntos de inflexión decisivos sin decir una palabra o, si se inmiscuye, sin vencer, puede con bastante certeza dársele por kaputt durante algún tiempo. Testigos: las insurrecciones después de Termidor y después de 1830; y los señores que ahora dicen tan alto que el vrai peuple espera su ocasión corren el peligro de caer poco a poco en el mismo tren que los impotentes jacobinos del 95-99 y los republicanos del 31-39, y de ponerse en ridículo.

Tampoco cabe negar que el efecto del restablecimiento del voto secreto sobre la burguesía, la pequeña burguesía, y, au bout du compte, también sobre muchos proletarios (así lo atestiguan todos los informes), arroja una luz notable sobre el coraje y la perspicacia de los parisinos. Muchos, evidentemente, ni siquiera han pensado en lo estúpida que es la pregunta planteada por L[uis] N[apoleón] ni en dónde están las garantías para el correcto registro de los votos; pero la mayoría habrá calado el embuste y, a pesar de ello, se habrá persuadido de que ahora todo está all right, únicamente para tener un pretexto para no batirse.

A juzgar por la carta de R[einhar]d, por las nuevas revelaciones diarias sobre las infamias de los soldados y sobre sus excesos especiales en los bulevares contra todo pékin quelconque, obrero o burgués, rojo o bonapartista, n’importe —, por las noticias que se acumulan sobre insurrecciones locales incluso en los rincones más apartados, donde nadie sospechaba resistencia, y por la carta del exdiputado y commerçant francés en el Daily News de ayer, en efecto, el appel au peuple parece querer tomar un giro desagradable para Bonaparte. La masa de la burguesía parisina, sin embargo, no parece encontrar muy tranquilo este nuevo régimen, con sus leyes de deportación impuestas. El terrorismo militar se desarrolla con demasiada rapidez y desvergüenza. Un tercio de Francia se encuentra en estado de sitio. Creo que, después de todo esto, la masa de la burguesía no votará en absoluto; toda la farsa de la votación no conducirá a nada; pues los gendarmes, en todos los lugares dudosos donde los adversarios de L. N. voten en masa, iniciarán camorra con los electores y entonces todo el proceso electoral será anulado allí. Luego L. N. declarará a Francia en état d’aliénation mentale y proclamará al ejército como único salvador de la sociedad, y entonces la mierda estará completamente clara, y L. N. en medio de ella. Pero precisamente con esta historia de las elecciones la cosa podría volverse muy desagradable, si cabe esperar aún una resistencia seria contra un gobierno establecido. —

Un millón de votos tiene el tipo seguros entre los funcionarios y soldados. Medio millón de bonapartistas, quizá más, hay también en el país. Medio millón, quizá más, de burgueses medrosos votarán por él. Medio millón de campesinos estúpidos, un millón de errores de suma — eso ya suma 3 millones y medio, y el viejo Napoleón no tuvo más en un Imperio que comprendía toda la orilla izquierda del Rin y Bélgica, es decir, sin duda 32 millones de habitantes. ¿Por qué no iba a bastarle eso por el momento? Y si logra esos votos, con quizá un millón en su contra, la burguesía se le unirá pronto. Pero quizá no obtenga los 3 millones y medio, y quizá, aunque sería pedir demasiado a la honradez de los funcionarios franceses, él no se las arregle para hacerse abonar hasta un millón de errores de suma. En cualquier caso, mucho depende de las medidas que se vea obligado a tomar entretanto. Por lo demás, ¿quién impide a los funcionarios, antes de que comience la votación, echar en las urnas unos cientos de oui? Il n’y a plus de presse — nadie puede verificarlo.

En cualquier caso, es malo para Crapülinski que los fondos estén otra vez bajando, y para L. Blanc, que ahora tenga que reconocer a Inglaterra como país libre.

En un par de meses, los rojos tendrán que obtener de nuevo una oportunidad en la que puedan mostrarse; quizá ya en la votación; pero si entonces vuelven a esperar, los doy por perdidos, y entonces, incluso con la más hermosa crisis comercial, no conseguirán más que una paliza que los elimine definitivamente por un par de años. ¿Qué queda ya de esa gentuza si ha olvidado cómo batirse?

¿Ha vuelto Pieper a Londres? Tengo que darle un encargo de libros para Fráncfort y no sé si aún está en Brighton.

Lo peor es que ahora tropezarás con dificultades con Löwenthal. Sería mejor si el contrato ya estuviese cerrado.

Liverpool Market — quiet at yesterdays prices; Manchester Market — firm. Some overtrading going on to the Levant. German buyers continue keeping out of the Market.

Tuyo  
F. E.