Friedrich Engels a Karl Marx
en Londres
Manchester, 3 de diciembre de 1851

«¡Représentants de la France, délibérez en paix!». ¿Y dónde iban a poder deliberar más tranquilamente los señores que en el cuartel de Orsay, custodiados por un batallón de cazadores de Vincennes?

La historia de Francia ha entrado en el estadio de la comicidad más consumada. ¿Puede imaginarse algo más regocijante que esta parodia del 18 Brumario, llevada a cabo en plena paz, con soldados malcontentos, por el hombre más insignificante del mundo entero, sin resistencia alguna, a cuanto hoy se puede juzgar? ¡Y qué bien han sido cazados todos esos viejos burros! El zorro más astuto de toda Francia, el viejo Thiers, el abogado más taimado del foro, el señor Dupin, cogidos en la trampa que les ha tendido el buey más notorio del siglo, ¡cogidos con la misma facilidad que la obstinada virtud republicana del señor Cavaignac y que el fanfarrón de Changarnier! Y, para completar el cuadro, un parlamento residual con Odilon Barrot como «león de Calbe»; ¡y este mismo Odilon, ante semejante violación constitucional, pide ser detenido y no logra que lo arrastren a Vincennes! Todo el asunto ha sido inventado expresamente para el lobo rojo; solo él puede, de ahora en adelante, escribir la historia de Francia. ¿Se ha perpetrado jamás en el mundo un golpe con proclamas más necias que éste? Y el ridículo aparato napoleónico, el aniversario de la coronación y de Austerlitz, la provocación a la constitución consular, etc., ¡que algo así haya podido triunfar siquiera por un día, degrada a los señores franceses verdaderamente a un nivel de puerilidad sin parangón.

Maravillosa ha sido la captura de los grandes paladines del orden, la de Thiers el pequeño muy en particular, y la del bravo Changarnier. Maravillosa es la sesión del parlamento residual en el X Distrito, con el señor Berryer gritando por la ventana: «¡Vive la République!», hasta que finalmente toda la partida es capturada y encerrada entre soldados en un patio de cuartel. Y luego el estúpido Napoleón, que se apresura a hacer el equipaje para mudarse a las Tullerías. Aunque uno se hubiera devanado los sesos un año entero, no habría podido inventar una comedia más bella.

Y por la noche, cuando el estúpido Napoleón se hubo arrojado al fin en la tan anhelada cama de las Tullerías, el muy majadero debió de saber, más que nunca, a qué atenerse. ¡Le Consulat sans le premier consul! Sin dificultades en el interior, mayores que en cualquier momento de los últimos tres años, sin apuro financiero extraordinario, ni siquiera en su propia bolsa, sin coalición en las fronteras, sin ningún San Bernardo que franquear, sin ningún Marengo que ganar. Es realmente para desesperarse. Y ahora, ni siquiera una Asamblea Nacional que frustre los grandes planes del incomprendido; no, por hoy al menos el burro está tan libre, tan desatado, tan absoluto como el Viejo en la noche del 18 Brumario, tan completamente desembarazado que no puede por menos de sacar a relucir la borricada en todos los sentidos. ¡Horrible perspectiva de la ausencia de toda oposición!

Pero el pueblo, ¡el pueblo! — El pueblo se la trae al fresco todo ese tenderete, se alegra de su derecho de sufragio otorgado como un niño y probablemente lo usará también como un niño. ¿Qué puede salir de estas ridículas elecciones del domingo dentro de ocho días, si es que se llega a ello! Sin prensa, sin meetings, estado de sitio a porrillo, y encima la orden de presentar un diputado en el plazo de catorce días.

Pero, ¿qué va a ser de todo ese montón de trastos? «Si nos situamos en el punto de vista histórico-universal», se nos ofrece un tema magnífico para declamar. Así, por ejemplo: hay que mostrar si el régimen pretoriano de la época imperial romana, que presuponía un Estado extenso, organizado enteramente de forma militar, una Italia despoblada y la ausencia de un proletariado moderno, es posible en un país geográficamente concentrado, densamente poblado, como Francia, que posee un numeroso proletariado industrial. O bien: Luis Napoleón no tiene partido propio; ha pisoteado a orleanistas y legitimistas, ahora tiene que virar hacia la izquierda. Un viraje a la izquierda implica una amnistía, una amnistía implica una colisión, etc. O bien: el sufragio universal es la base del poder de L. N., no puede atacarlo, y el sufragio universal es ahora incompatible con un L. N. Y otros temas especulativos semejantes que se prestarían a desarrollos magníficos. Pero, según lo que vimos ayer, no se puede contar para nada con el peuple, y parece realmente que el viejo Hegel, desde su tumba, dirige la historia como Espíritu Universal y, con la más escrupulosa puntualidad, hace que todo se desenrolle dos veces: una vez como gran tragedia y la segunda como farsa miserable, Caussidière por Danton, L. Blanc por Robespierre, Barthélemy por Saint-Just, Flocon por Carnot, y el cretino con la primera docena de tenientes cargados de deudas que se ofrezca, por el pequeño cabo y su mesa redonda de mariscales. Así pues, ya habríamos llegado al 18 Brumario.

De una estupidez pueril se ha comportado el pueblo de París. Eso no nos concierne: ¡que el presidente y la asamblea se maten entre sí, poco nos importa! Pero que el ejército se arrogue la facultad de otorgar a Francia un gobierno, y además uno cualquiera, eso sí que le incumbe, y la chusma se asombrará de qué clase de sufragio universal, “libre”, es ese que ahora debe ejercer «¡por primera vez desde 1804»!

Hasta dónde llevará todavía esta farsa el Espíritu Universal, visiblemente muy enfadado con la humanidad, si veremos desfilar en el plazo de un año el Consulado, el Imperio, la Restauración, etc., si la dinastía napoleónica tendrá que ser apaleada primero en las calles de París antes de hacerse imposible en Francia, eso el diablo lo sabrá. Pero a mí me parece que la cosa toma un giro bastante descabellado y que los crapauds van al encuentro de una humillación singular.

Aun suponiendo que L. N. se consolide momentáneamente, semejantes estupideces no pueden durar, ni aun en el más profundo embrutecimiento posible de los franceses. Pero, ¿qué sucederá entonces? El panorama se presenta condenadamente poco rojo, eso está bastante claro, y si los señores Blanc y Ledru ayer a mediodía hicieron sus baúles, hoy pueden volver a deshacerlos. La voz tonante del pueblo no los llama todavía.

Aquí y en Liverpool el asunto ha parado de golpe el comercio, pero en Liverpool ya están hoy de nuevo especulando tan frescos. Y los fondos franceses solo han bajado un 2 %.

En estas circunstancias, los intentos de hacer algo por los de Colonia en la prensa inglesa tendrán que esperar, naturalmente.

En cuanto a los artículos para la Tribune, que manifiestamente han aparecido en ella, escribe en inglés al editor de la Tribune; Dana está quizá ausente, y una carta de negocios será respondida con seguridad. Dile que tiene que manifestar claramente, a vuelta del próximo vapor, qué ha sido de esos artículos, y en caso de que hayan sido utilizados, se le ruega que envíe por la misma ocasión ejemplares de la Tribune que los contengan, ya que aquí no se ha guardado copia alguna, y sin tener de nuevo a la vista los artículos ya enviados no podemos, después de tanto tiempo, continuar con los siguientes números de la serie.

El efecto de las noticias francesas sobre la chusma de la emigración europea debe de haber sido divertido. Me habría gustado verlo.

Esperando tus noticias. Tuyo

F. E.
3 Dbre. 1851.