Karl Marx a Hermann Ebner
en Frankfurt am Main
Londres, 2 de diciembre de 1851

I [...] Del señor Kinkel sabrá usted que prosigue su gira por los Estados Unidos. Hasta ahora ha reunido aproximadamente 12000 dólares, pero se ha guardado muy bien de exponer la verdadera posición partidaria de las distintas fracciones de la emigración, como ya puede usted colegir del hecho de que se haya dirigido incluso a amigos personales míos y haya realmente sonsacado su colaboración. Ha enviado a los periódicos el siguiente programa alberno:
"To the friends of the People.
The shameful tyranny and injustice of the German despots have reached
the highest point. Every free institution gained during the revolutionary
struggle of 1848, has been destroyed by the brutal power of the Monarchs.
The time has arrived when it becomes a right as well as a duty of the oppressed people to draw their swords and fight for the most sacred rights
which the supreme being has granted to all men alike. The hatred against the
despots who cowardly murder or imprison every man, whoever raised his
arm or tongue for a republican reform and for the freedom of the downtrodden, is on the point of a tremendous outbreak, and it is most likely that
next spring the sun will rise over the most desperate struggle ever waged by
men against their oppressors. Italy will set the ball in motion, until tyranny
is swept away and liberty proclaimed in every province of the Old World.
America having set the noble example in 1776, Europe is ready to follow in
the footsteps of her young and noble sister on Columbia's shores. To bring
about this much desired end, more especially in Germany, the leading
German republicans (?), now refugees in London, have united for the purpose of creating a national loan, with the promise to use every effort, after
the establishment of the republic, to liquidate the same with full interest. All
friends of liberty in this country are now called upon to lend their willing
aid for this purpose. Without money nothing can be accomplished. It rests
in a high degree with the sympathisers of Republicanism whether the project
shall be accomplished.

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Marx a Hermann Ebner - 2 de diciembre de 1851

Baltimore, October, 1851. Dr. G. Kinkel, In behalf of the London Committee."

El señor Gottfried sólo encontró en los Estados Unidos un adversario celoso, en K. Heinzen, quien representa a la camarilla Ruge-Fickler. Pero la enemistad de un vulgar alborotador como Heinzen sólo puede ser provechosa para cualquiera a quien alcance. Entre los garantes del empréstito de Kinkel figuran públicamente los 3 ex tenientes prusianos Schimmelpfennig, Willich, Techow, el estudiante Schurz, el conde O. Reichenbach, el mediocre literato berlinés Meyen. En privado, sin embargo, Kinkel se ha procurado además las firmas de Löwe von Kalbe (mejor se llamaría Kalb von Löwe), ex presidente del parlamento remanente del Reich en Stuttgart. Este Löwe posee un documento que, desde Stuttgart, lo autoriza a convocar el parlamento del Reich cuando y donde quiera. Para Kinkel, que piensa instalarse como gobierno provisional en Alemania, || el acaparamiento de este hombre era por tanto importante, a fin de situar su «dominio» sobre la «base jurídica».

El segundo garante secreto es el Dr. D'Ester. Sus numerosos acreedores en Alemania sabrán sin duda con satisfacción que él garantiza los intereses del empréstito de Kinkel por 2 millones y que administrará al mismo tiempo, como ministro de finanzas, los primeros 20000 dólares entrantes. El señor D'Ester quiere a la vez desollar impunemente a los campesinos como médico rural en Suiza (se dice que se encuentra allí en mejores condiciones que en Colonia, donde lo abrumaban las deudas, pero no los pacientes) y mantenerse abierta la gran puerta para entrar en el cielo del gobierno revolucionario. Por eso ha dado su garantía sólo bajo el sello del misterio. Ningún daño puede haber si se le obliga a defender públicamente lo que urde en silencio a su antigua usanza.

Por un envío que Freiligrath le hizo una vez a usted, ha conocido suficientemente el carácter del señor Gottfried Kinkel. No le extrañará, pues, saber que la «mentira» fue su «gran» y, en última instancia, único medio en los Estados Unidos. Así me escribe, entre otras cosas, un amigo:

«Kinkel coquetea fuertemente con Ledru Rollin, quien ha prometido a amigos respetables de Alemania, tan pronto como Kinkel llegue al timón y Ledru también, enviar ejércitos para una guerra de propaganda a través de la frontera. Con Mazzini se pondrá en contacto Kinkel, según dice, tan pronto tenga la mano llena de dinero y con ello (!) se vuelva su igual (!).»

Ahora bien, sabe usted que Ledru está en relación con el comité enemigo de Kinkel y le ha mostrado la puerta al emisario de K. Pero en lo que respecta a Mazzini, lo siguiente bastará como esclarecimiento: Hace aproximadamente 14 o 15 meses, el gran Gottfried Kinkel envió al muy insignificante ex teniente prusiano Schimmelpfennig a casa de Mazzini con la declaración de que él, S., emprendería, por encargo de K., un viaje de misión a Alemania. Para ello faltaba lo mejor, i. e. el dinero. Mazzini le dio 1000 francos en metálico y 4000 francos en bonos de deuda pública mazzinianos, con la condición de que los 1000 francos y de los bonos de deuda pública la mitad de los colocados fueran reembolsados en el plazo de 12 meses. Schimmelpfennig regresó de Alemania, donde había aniquilado muchísimas botellas de vino, pero apenas un tirano. Los 12 meses transcurrieron. Quien no acudió a Mazzini fue Kinkel o el emisario de K. Unas semanas más tarde apareció nuevamente el mismo S. ante M., pero no para pagar, sino para requerir de nuevo a Mazzini a la alianza con Gottfried. Gottfried acababa, en efecto, de recibir 160 libras esterlinas de Nueva Orleans y || como, en su opinión, para ser un «gran hombre» sólo le faltaban aún unas cuantas libras, creía ser entonces igual a Mazzini. Mazzini era de otra opinión y declaró que él tenía a su gente (Rüge et Co) en Alemania y que se vedaba la alianza del señor Gottfried. Pero Kinkel es imperturbable y profundamente convencido de que, si 160 libras no lo han hecho aún «igual» a M., este milagro se obrará sin duda mediante 20000 dólares. Bienaventurados los que creen.

El éxito de K. en los Estados Unidos se explica en parte por el hecho de que él mismo estaba tan en ayunas sobre el movimiento como la masa de allí, siendo por tanto el hombre simpático; y luego, por sus mentiras y encubrimientos sobre lo que representa realmente. El señor Kinkel et Co quiere elegir un comité revolucionario de 7 hombres, de los cuales cada uno recibirá un ministerio especial, por ejemplo D'Ester Finanzas, Kinkel el Ministerio de la Elocuencia y la Alta Política, Techow Ministro de la Guerra, Willich Ministro de Requisiciones, oficio que entiende a fondo, Meyen Ministro de Instrucción, etc. Uno de los Siete tiene asiento en uno de estos Comités, para mantener constantemente al tanto de todo al comité supremo, la heptarquía. Ya ve usted, enteramente según el plan del gobierno provisional francés, sólo que la heptarquía tiene su sede fuera de Alemania, y su pueblo consiste en un club de 50 a 100 personas.

El señor Kinkel ha declarado expresamente que no empleará el dinero recolectado en América para el sostenimiento de fugitivos. Se ha comprometido incluso a ello. Comprenderá usted que esto no es más que una finta, para no estar obligado a hacer participar en las libras a la baja chusma de los fugitivos, sino para devorarlas ellos solos. Esto ocurre ya ahora y ocurrirá aún más con el aumento del tesoro, del siguiente modo:

1) Los 7 heptarcas y sus 7 ministerios deben ser remunerados, así que todas las criaturas de Kinkel, Willich, etc., y estos señores mismos, se aseguran así, bajo el pretexto de trabajar para la revolución, la parte del león de los

dinero. El señor Willich, quien p. ej. vive aquí desde hace 2 años de la mendicidad pública.

2) Los señores editan una correspondencia litografiada, que envían gratuitamente a los periódicos. Los míseros literatos Meyen, Oppenheim, el estudiante Schurz, etc., se llevan otra || parte de los dineros en concepto de honorarios de escritores.

3) Otros entre los grandes hombres, como Schimmelpfennig, Schurz, etc., son nuevamente remunerados como «emisarios».

Ve usted, pues, que el plan entero persigue dos cosas: excluir de los dineros a la masa de los fugitivos (obreros, etc.) sumidos en gran miseria y, por otra parte, procurar al señor Kinkel y a sus criaturas sinecuras seguras y con ello también políticamente provechosas, todo bajo el pretexto de emplear el dinero sólo para fines revolucionarios. Sería sin duda muy conveniente llevar estas especulaciones financieras, que ha urdido el estudiante Schurz, al conocimiento del gran público.

Tengo que hacer aún, antes de concluir, unas breves observaciones sobre Kossuth. Kossuth se presentó con mucho talento y mostró en general tacto en el trato con el público inglés. Sin embargo, la situación no era tan simple como el hombre venido de Oriente se la había imaginado. Por un lado exageró las adulaciones a la middleclass y celebró, a la manera oriental, instituciones como p. ej. la City de Londres con su constitución municipal, que son atacadas a diario por el mismo Times como public nuisances. Por otra parte se ha enemistado con el partido cartista, el cual, a través de su representante de mayor talento, Ernest Jones, lo ataca tan acremente como habría podido atacar a Haynau. Y fue ciertamente una falta de tacto por parte de Kossuth, después de haberse vedado todas las manifestaciones de partido, tomar partido él mismo. Finalmente, Kossuth se ha convencido de que el entusiasmo y el dinero contante guardan una relación inversa. Hasta ahora, todo el entusiasmo no le ha reportado a su empréstito ni siquiera 800 libras esterlinas.

Nuestra emigración democrática se ha vuelto a poner en ridículo con esta ocasión, como es su costumbre. Kossuth no ha dignado con una respuesta sus misivas. El enano fatuo, vanidoso e importuno, L. Blanc, tuvo la suerte de recibir una respuesta a su misiva, pero una respuesta en la que Kossuth desautoriza directamente el socialismo.

Quedo
su todo entregado
K. Marx