Londres, 24 de noviembre de 1851

¡Querido Frederic!

Comprenderás que, con la situación familiar muy embrollada, solo ahora te dirija unas líneas.

Recordarás que Pieper, en su última carta, escribía que el contrato sobre mi Anti-Proudhon estaba a punto de cerrarse. Por la carta adjunta verás que ya no se menciona para nada ese manuscrito. Esa es la misma manera con que nuestros queridos fieles me vienen dando largas desde hace seis meses. Por otra parte, Ebner me ha escrito que Löwenthal quiere hacer el ensayo con un volumen, pero no ha mencionado que yo debiera comenzar con la «Historia de la economía». Esto echaría por tierra todo mi plan. Además, Ebner me escribía que Löwenthal solo puede pagar «bajo». Esto lo acepto, si publica lo que yo quiero publicar en primer lugar. Pero si me obliga a estropear todo mi plan, entonces tendrá que pagarme también como si yo escribiera por encargo directo suyo. Entre tanto, dejo hacer a Ebner. Me ha comunicado que no cerrará nada sin mi aprobación. ¿Tú qué opinas?

Es bueno que los nuestros de Colonia comparezcan por fin ante los tribunales del Jurado, y por cierto, según me aseguró ayer el librero Schüller de Düsseldorf, aún en diciembre, cuando hay sesiones extraordinarias del Jurado.

A propósito. No te olvides de devolverme inmediatamente el correo rápido de Nueva York. Bamberger dimite, y es el único medio de arrancarle los números siguientes, que han de contener toda clase de curiosidades.

Sé que ahora tú mismo estás en un aprieto y que mi asalto y razzia en Manchester te ha metido aún más hondo, por lo menos || para este mes. No obstante, tengo que preguntarte si, en caso de necesidad, puedes reunir aún 2 libras. Pues antes de mi partida de Londres he pedido prestadas 2 libras, declarando al mismo tiempo por escrito que las devolvería antes de diciembre. En cualquier caso, te ruego que me escribas inmediatamente, tanto si puedes como si no.

El hermano de Eccarius ha llegado aquí. Él y todos los demás Straubinger detenidos en Hamburgo han sido puestos en libertad con un pasaporte.

Que Haupt, originariamente, no tenía intención de traicionar se desprende de lo siguiente: la carta de Bürgers dirigida a él cayó en manos de su viejo, quien le pidió cuentas por ello y quiso entregarlo a la policía. Él impidió esto último, la rompió y llevó luego los pedazos a Eccarius, etc., para primero juntarlos y leerlos, y luego quemarlos en su presencia. Este hecho es importante. La presión familiar ha arruinado al infeliz.

Hace unos días leí en la biblioteca las elucubraciones del señor Proudhon sobre la gratuité du crédit contra Bastiat. Esto supera en charlatanería, poltronería, tapagería y debilidad todo lo que el hombre ha producido. Exempli gratia: Los franceses creen pagar por término medio un 5-6% de intereses. Pagan un 160%. Comment donc? He aquí cómo. Los intereses de la deuda hipotecaria, quirografaria, del Estado, etc., ascienden a 1.600 millones. Ahora bien, en Francia no existe más que 1.000 millones de capital, es decir, oro y plata. Luego q.e.d. Otro ejemplo: Cuando se fundó la Banque de France, su capital era de 90 millones. Entonces, sobre esta suma, la ley le permitía cobrar el 5%. Ahora opera (incluidos los depósitos, etc.) sobre un capital de 450 a 460 millones, de los cuales ⅓ no le pertenece a ella, sino al público. Por tanto, si el banco (90:450 = 1:5) toma solo el 1% en lugar del 5, obtiene el beneficio legítimo. Y como la Banque de France, en caso de necesidad (2), podría contentarse con el 1% (es decir, los accionistas), por eso el tipo de interés para Francia puede rebajarse al 1%. Y el 1% c'est la presque gratuité du crédit.

¡Y tendrías que ver cómo el tipo alardea frente a Bastiat con la dialectique hégelienne!

He vuelto a leer aquí tu crítica. Es una lástima qu'il n'y a pas moyen de darla a la imprenta. Si yo le añadiera aún mis propias tonterías, podría aparecer si no bajo nuestro doble nombre, a condición de que ello no supusiera un escándalo para tu firma comercial.

Kossuth, como sabes, partió el día 20, pero lo que no sabes es que iba acompañado por Lola Montez y el caballero Göhringer.

Schramm, con una importuna tenacidad sans pareil, intenta de nuevo introducirse en mi casa. Il n'y parviendra pas.

¿Qué es de las «Pottfahrten» de K. Schnapper?

Tuyo