Karl Marx a Friedrich Engels 
en Manchester 
Londres, 19 de octubre de 1851 

19 de octubre de 1851. 
28, Deanstreet, Soho. 
¡Querido Engels! 

Hace unos días recibí una carta de Dronke, en la que éste — so pretexto de su expulsión — anuncia su llegada a Londres para el 23 o el 24 del corriente. Aquí, la cuestión de la existencia se le echará encima más que nunca. 

Otra noticia aún más fatal es la siguiente: desde hace algún tiempo llevaba yo la correspondencia con Colonia de manera que las cartas para mí las llevaba a Lieja el revisor de ferrocarril Schmidt, y yo, por mi parte, bajo un sobre, le enviaba a Lieja por medio de una tercera persona una carta para él. Ese S. ha sido ahora detenido, luego puesto en libertad, pero la investigación continúa. En este asunto parece haber traición directa en juego. Según lo acordado, Pieper debería, por lo demás, haber enviado hace tiempo noticias desde Colonia, donde los Rothschild se detuvieron un día, y desde Fráncfort. En lugar de ello, deduzco de una carta de Ebner (de F[ráncfort]) a Freiligrath, que él, aunque ya lleva 8 días en Fráncfort, aún no ha ido a ver a Ebner, a quien tenía que entregar una carta mía. Nuestra gran desgracia es que nuestros agentes siempre tratan el asunto con la mayor negligencia, y siempre como cosa secundaria. Los otros están indudablemente mejor servidos. 

En Nueva York, Kinkel no ha celebrado ningún mitin ni ha colocado «pagarés con interés» sobre la futura república alemana, porque el terreno le parecía minado por el grosero de Heinzen y porque, en general, sólo sabe presentarse allí donde se le considera indiscutiblemente como el Salvador. En cambio, en Filadelfia, según escribe al Emigrationsclub, los ha colocado por valor de 4000 dólares. En Pensilvania, en general, encuentra la masa adecuada de católicos alemanes amantes de la luz. Kinkel no ha hecho más que recoger la herencia de Johannes Ronge. Éste era el Juan. Él es el Cristo. |

Con Göhringer me reuniré esta noche. El asunto parte directamente de Willich y Cía. A estos canallas les ha regalado, según dice, el dinero que yo le debía, a petición insistente suya. Le extenderé una letra a 4 semanas. Creo que accederá a ello. 

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Si no, que acuda a los tribunales. Tengo todas las perspectivas de haber cerrado para entonces el contrato con el de Dessau, quien, naturalmente, ha de pagar una suma como anticipo. 

Weerth está de nuevo en Bradford. Importa que le escribas si no puede encargarse personalmente de una carta para Haupt. Toda la calumnia me parece proceder de 2 fuentes, por un lado Stechahn-Dieze; por otro lado el vigilante de mendigos Willich, que fue el primero en poner aquí a Haupt bajo sospecha como espía ante el público de Schärttner. Willich, en efecto, estaba continuamente en contacto con el ex-suboficial prusiano Berthold. Haupt había colocado a este animal en Hamburgo con un comerciante, B. robó al comerciante y fue luego perseguido por la policía. Naturalmente, Haupt testificó contra el bribón, que quizá repartió el botín con su amigo Willich. Y entonces este último clamó por la traición a «un pobre patriota fugitivo». Si se lleva esta historia al público, el «noble» Willich se quedará con los ojos abiertos. Ahora sería importante no solo instar a Haupt a que nos aclare las sospechas secretas y públicas contra él; sino que, si es inocente, debe hacer una declaración pública, contar que toda la historia se basa en la calumnia de Willich y al mismo tiempo señalar la conexión de éste, acaso como socio, con el bribón de Berthold. Haupt, en efecto, aún no sabe nada de esta infamia de W., la fuente originaria de las sospechas contra él. Está|

| Weerth dispuesto, entonces podrías entregarle una carta para Haupt redactada en este sentido. La chose presse. También hacia «Dieze» y su equívoca apertura de púlpito debería Haupt señalar en su declaración. 

En cuanto a Everbeck, tienes que apuntarme en unas líneas, al menos hasta el año 1845, las noticias referentes a ti. 

El repentino viraje del señor Louis Bonaparte, cualesquiera que sean sus consecuencias, es una jugada maestra de Girardin. Sabes que este señor se había aliado en Londres con Ledru Rollin y su periódico se volvió, en efecto, durante algún tiempo tan estúpido como cabe esperar de un aliado de Ledru y de Mazzini. Inesperadamente hizo la jugada del suffrage universel, para la cual ganó a Bonaparte por medio de sus artículos, del Dr. Véron y de entrevistas personales. La conspiración monárquica está así desbaratada. La furia del, de otro modo tan diplomático, Journal des Débats lo prueba con la mayor claridad. Todo estaba bajo un mismo tapete, Faucher, Carlier, Changarnier e incluso el noble Berryer y Broglie, que aparentemente se habían adherido a Bonaparte. En todo caso, ahora la «revolución» — en el sentido de lanzarse — está escamoteada. Con el suffrage universel no hay que pensar en ella. Al señor Girardin, empero, no le gusta la puesta en escena revolucionaria. Ha engañado por igual a los monárquicos y a los revolucionarios de oficio, y hasta es dudoso si no ha engañado también con intención a Louis Bo- 

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naparte. Pues, una vez restablecido el suffrage universel, ¿quién le garantiza a Bonaparte la revisión y, alcanzada la revisión, quién le garantiza que ésta resultará en su sentido? Sin embargo, dada la estupidez natural de los campesinos franceses, cabe preguntarse si el elegido del suffrage universel como restaurador de este sufragio no será reelegido por gratitud, sobre todo si poco a poco nombra ministros liberales y mediante hábiles panfletos echa toda la desgracia sobre los monárquicos conspiradores, que lo han tenido prisionero durante 3 años. Dependerá de su habilidad. Bonaparte sabe ahora, en todo caso, que del parti de l'ordre no le florecerá trigo alguno. 

Uno de los intermedios más cómicos de este juego de intrigas es la gesticulación melancólica del National y del Siècle, los cuales || ambos, como se sabe, han estado gimiendo desde hace tiempo por el suffrage universel. Ahora que Francia está en peligro de recibirlo de nuevo como regalo, no pueden ocultar su resentimiento. Pues así como los monárquicos con el sufragio restringido contaban con Changarnier, ellos contaban con el mismo para la elección de Cavaignac. Girardin les dice claramente que sabe que bajo la repugnancia republicana a la revisión — que abriría a Bonaparte la perspectiva de la reelección — solo esconden su odio al suffrage universel, que hace imposible a su Cavaignac y a toda su camarilla. El pobre National s’était déjà consolé du départ du suffrage universel. 

Una cosa es segura. Con este golpe, la revuelta para mayo de 1852 está frustrada. A lo sumo podría estallar ahora más temprano, si una de las camarillas dominantes intentara un golpe de Estado. 

Tuyo 
K. M.

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