Engels a Marx, 15 de octubre de 1851

I Querido Marx,

Adjunto giro postal por dos libras. Pormenores como antes. El asunto con Göringer es muy fatal; tendrás que pagar; los gentlemen del County Court aplican el procedimiento sumario, y la letra está ahí. Yo, en tu lugar, reuniría el dinero junto con las costas de la citación lo más rápido posible y se lo enviaría al tipo; il n’y a rien à faire, y acudir al tribunal y dejarse condenar solo ocasiona más costas y no es demasiado agradable. ¿A cuánto asciende la suma y cuánto puedes reunir? Escríbeme con la mayor precisión posible al respecto; haré desde luego todo lo que pueda para mantenerte a los comisionistas lejos de casa, por muy apurado que esté yo mismo ahora.

El asunto con Schramm no es muy agradable; habría sido mejor que nos hubiésemos mantenido completamente al margen de esta porquería. El acta con las edificantes disputas sobre los fondos depositados en fideicomiso por Bauer y Pfänder no es nada agradable en manos de esos señores, y Schramm merece que le zurren el trasero por andar arrastrando esas cosas consigo. En cualquier caso, se lo merece, que por ahora tenga que ir a la cárcel por ello y que le vayan a caer seis meses por pasaporte falso.

En cuanto a Haupt, no lo tendré por espía hasta que tenga las pruebas en la mano. Puede que el tipo haya hecho de soplón en el calabozo, y desde luego es sospechoso el asunto con Daniels, a quien se dice que arrestaron por denuncia suya. Pero este chismorreo de tenderos de Windmill Street es tanto más tonto cuanto que sale a la luz al mismo tiempo que la fractura del pupitre de Diez. Probablemente Haupt, desde Hamburgo, también le forzó el pupitre a la cucaracha. ¿Por qué no se querella el noble Diez ante la policía inglesa? Por lo demás, sería desde luego muy bueno que se consiguiera hacer que Haupt se explicara. Si le mandas una carta a Weerth para él, yo diría que W. en un plazo de 14 días tendría que encontrar ocasión de entregársela personalmente, o, en caso de necesidad, de plantársele él mismo en el escritorio. A un comerciante siempre se le puede encontrar.

El asunto con Blind y su esposa no tiene desde luego parangón. Derramar lágrimas y escabullirse porque Monsieur Piper habla mal de Feuerbach, c’est fort.

¿Usas la palabra «casado» para el lobo rojo en el sentido inglés, sólido y burgués? Casi tengo que creerlo, pues la subrayas. ¡Eso sí que sería el colmo! ¡Monsieur Wolff, bon époux, peut-être même bon père de famille!

Creo que lo mejor que puedes hacer es despachar a Ewerbeck con unas cuantas notas magras y mantenerlo de humor pasable; de nada puede servir que el tipo ande difundiendo por Francia demasiadas tonterías sobre nosotros. El hombre, por lo demás, tiene una tenacidad en sus experimentos por convertirse en un gran hombre que es inconcebible, pues supera incluso su avaricia; pues el nuevo «Inmortal» sale sin duda otra vez a sus propias expensas, con perspectivas de vender 50 ejemplares.

De Sasonow, tenme al tanto cuando sepas de él. Esta aventura es picante y Monsieur Sasonow se está volviendo de lo más sospechoso.

Estoy justo en ello, preparando la compilación necesaria de Proudhon. Espera hasta finales de esta semana y te lo devolveré con glosas. Las cuentas del tipo son otra vez capitales. Donde hay una cifra, hay también una metedura de pata.

Todavía no cabe decir cómo irá aquí la crisis. La semana pasada no se hizo nada, por lo de la reina. Esta semana, tampoco gran cosa. Pero el mercado muestra una downward tendency, con los precios de la materia prima aún firmes. Dentro de unas semanas ambas cosas bajarán considerablemente, y probablemente, según las perspectivas actuales, el producto industrial bajará proporcionalmente más que la materia prima, de modo que el hilandero, el tejedor, el estampador tendrán que trabajar con menor ganancia. Eso es ya muy sospechoso. Pero el mercado americano amenaza con agotarse, y de Alemania los informes no son demasiado favorables, y si las cosas siguen así con el agotamiento de los mercados, dentro de un par de semanas podremos vivir el comienzo del fin. En América es difícil decir si la presión y las quiebras (en total 16 millones de dólares de pasivos) son ya un verdadero comienzo o simples petreles. En todo caso, aquí ya andan en marcha petreles muy considerables. El comercio del hierro está enteramente paralizado, y dos de los bancos que lo abastecían especialmente de dinero —los de Newport— están caput; aparte de los recientes failures en Londres y Liverpool, ahora ha quebrado un especulador de sebo en Glasgow y, en la Stockexchange londinense, Mister Thomas Alsopp, amigo de O’Connor y de Harney. No he visto hoy los informes de los distritos lanero, sedero y metalúrgico, cela ne sera pas trop brillant non plus. En todo caso, los indicios ya no dejan lugar a engaño en modo alguno, y existe la perspectiva, casi la certeza, de que las convulsiones continentales de la próxima primavera coincidan con una crisis bastante bonita. Incluso Australia parece que poco puede hacer; el hallazgo de oro es cosa vieja desde California, y el mundo está hastiado de ello, empieza a convertirse en un comercio regular; y los mercados circundantes están ellos mismos tan sobresaturados que, sin perjudicar especialmente su propia superabundancia, entre los 150.000 de Nueva Gales del Sur pueden producir una superabundancia extra.

Enfin, pues, Monsieur Louis Napoleon se ha decidido a destituir a Monsieur Faucher. Era de esperar que esta vez no pudiera dejar pasar la prórroga sin repetir el golpe del año anterior con Changarnier; ya se verá si con el mismo éxito. Para usar la expresión venatoria, por fin los realistas lo han puesto acorralado; se vuelve y muestra los cuernos. Cuándo volverá a meter el rabo entre las piernas, ya lo veremos. El miserable aventurero está, en todo caso, tan acabado que puede hacer lo que quiera, il est foutu; pero la historia empieza ahora a ponerse interesante. En un sentido, es una lástima que la famosa represión Faucher-Carlier, el estado de sitio progresivo, la tiranía de la gendarmería, etc., amenacen con ser interrumpidos tan pronto, y si el cobarde de Napoleón realmente tiene el coraje de atacar en serio la ley electoral, bien puede imponer su abolición, lo cual también sería una lástima, pues devolvería a los asnos legales del progreso del 13 de junio su terreno legal… pero ¿quién sabe qué es lo bueno y qué es lo malo tratándose de estos franceses? ¿Qué opinas de esta porquería? Tú ves allí más periódicos.

Tuyo,
F. E.
Miércoles, 15 de octubre de 1851.

Jones me envía una circular; tiene que conseguir aún 600 suscriptores o irse a la quiebra, mais que puis-je faire?