Karl Marx a Friedrich Engels 
en Manchester 
Londres, 13 de octubre de 1851 

13 de octubre de 1851. 
28, Deanstreet, Soho. 
¡Querido Engels! 

Por la «Kölnische Zeitung» habrás visto que he hecho una declaración contra los chismes de la Augsburger Allgemeine Zeitung. La cháchara se volvió demasiado desaforada. Lo que los muy bribones se proponían con los últimos ataques continuados que han llevado a todos los periódicos alemanes era, según sé a ciencia cierta, ponerme en un dilema. Debía yo o bien desautorizar públicamente la conspiración y con ello a nuestros amigos de partido, o bien reconocerla abiertamente y, con ello, cometer una traición «jurídica». Pero estos señores son demasiado burdos para atraparnos. 

Weydemeyer se ha hecho a la vela de El Havre rumbo a Nueva York el 29 de septiembre. Allí se encontró con Reich, quien también ha cruzado el mar hacia los países atlánticos. Reich había sido arrestado junto con Schramm y cuenta que la policía encontró en poder de Schramm una copia del acta que contiene las negociaciones que dieron lugar a su duelo con Willich, el acta de aquella noche en que insultó a Willich y salió corriendo de la sesión. La cosa está escrita de su puño y letra y sin firma. La policía descubrió así que se apellida S. y no «Bamberger», con cuyo pasaporte se alojaba en París. Por otra parte, esta acta ha contribuido a la confusión del señor capitán del distrito Weiss y compañía, al verse nuestros nombres envueltos en el fango. Una vez cometida por Schramm esta tontería, es por lo menos motivo de alegría que el pundonoroso reciba directamente su castigo. 

Kinkel ha empleado, pues, las 160 libras esterlinas enviadas desde América para ir personalmente a América a hacer colectas con su primo Schurz. Que llegue precisamente en este momento de pressure on the american moneymarket en el instante oportuno, parece dudoso. Eligió el momento de tal modo que llegó antes que Kossuth, y se halaga con la idea de abrazar públicamente a este último en alguna ocasión, en el país del futuro, y de que se lea impreso en todos los periódicos: ¡Kossuth y Kinkel! 

‖ El señor Heinzen, apoyado por sus aullidos de emancipación de esclavos, ha montado una nueva sociedad por acciones en Nueva York y continúa su periódico bajo un título ligeramente modificado. 

Stechahn —no te fíes de ningún Straubinger— se encuentra desde hace varias semanas aquí, en el séquito de Willich-Schapper. Mientras es un hecho firme que las cartas que escribió al cucaracha Dieze se hallan en la policía de Hannover, St. escribe una corresponsalía para la Norddeutsche Zeitung comunicando que al señor Dieze le ha sido forzado el pupitre (¡quelle bêtise!) y que de ese modo se han sustraído las cartas. El espía es, como ahora queda constatado, Haupt, de Hamburgo, que desde hace tiempo está al servicio de la policía. ¡Qué suerte que yo haya impedido hace unas semanas cualquier paso público en el asunto Dieze-Stechahn! En lo que respecta a Haupt, no he vuelto a oír nada de él y cavilo en vano un medio de hacer llegar una carta a sus manos, pues H. debe explicarse. Ya lo intenté una vez con Weerth, pero los patrones de H. lo despacharon siempre con el pretexto de que estaba ausente. Que penses-tu de Haupt? Estoy convencido de que no es un espía, ni lo ha sido jamás. 

Según dicen, Edgar Bauer también está aquí. Aún no lo he visto. Hace una semana llegó aquí Blind con su esposa (Madame Cohen), de visita a la exposición, y ya partió de nuevo el domingo pasado. No lo he vuelto a ver desde el lunes, precisamente por el siguiente incidente desabrido, que te demuestra hasta qué punto el desdichado está bajo la férula. Hoy recibí una carta urbana en la que me anuncia su partida. El pasado lunes, en efecto, estuvo en mi casa con su esposa. Presentes además Freiligrath, Wolff el rojo (quien, dicho sea de paso, se ha vuelto a deslizar aquí muy calladito y, para colmo, se ha casado con una marisabidilla inglesa), Liebknecht y el desdichado Pieper. La mujer es una judía vivaz y estábamos riendo y charlando muy alegremente, cuando el padre de todas las mentiras llevó la conversación a la religión. Ella se las daba de atea, de Feuerbach, etc. Yo ataqué a F., pero por supuesto de una manera muy cortés y de lo más amistosa. Al principio, me pareció || que la judía encontraba divertida la discusión, y esa fue naturalmente la única razón por la que me metí en ese tema ennuyant para mí. En medio de esto, mi eco doctrinario y sabelotodo, el señor Pieper, se puso a sentenciar, aunque no ciertamente con mucho tacto. De repente veo que la mujer se deshace en lágrimas, Blind me lanza miradas melancólicamente expresivas, ella se levanta — y no se la volvió a ver, ni lui non plus. ¡En mi larga experiencia jamás había vivido una aventura semejante! 

Pieper se ha hecho a la vela con la casa Rothschild rumbo a Fráncfort del Meno. Ha adquirido la muy desagradable costumbre de entrometerse, cuando discuto con alguien, en un tono muy tontamente pedante. Lo que acaban de aprender lo quieren enseñar ya hoy. ¡Ah, pero qué intestino tan corto tienen los señores! 

El honorable Göhringer me ha enviado una citación para el 22 de este mes, por la vieja deuda. Al mismo tiempo, el gran hombre ha viajado a Southampton para recibir a Kossuth. Parece que soy yo quien ha de pagar las solemnidades de la recepción. 

He recibido de París dos cartas, una de Everbeck y otra de Sasonow. El señor Everbeck publica una obra inmortal: L'Allemagne et les Allemands. Abarca desde Arminio el Querusco (así me lo escribe textualmente) hasta el año del Señor de 1850. Me pide noticias biográfico-literario-históricas sobre los tres hombres F. Engels, K. Marx y B. Bauer. La mierda ya ha empezado a imprimirse. Que faire? Temo que, si no se le contesta absolutamente nada al tipo, ponga en circulación los mayores disparates sobre nosotros. Escríbeme qué piensas de ello. 

De la carta de Sasonow, lo más interesante es, en todo caso, la fecha «París». ¿Cómo llega S. a París en este momento tan difícil? Pediré aclaraciones sobre este mystère. Él se explaya, por su parte, largamente sobre Dronke, que es un fainéant y que se deja enjoler por unos cuantos burgueses. Dice que ha traducido la mitad del Manifiesto. D. se había comprometido a traducir la otra mitad. Por su negligencia y pereza habituales, la cosa ha quedado en nada. Esta última historia se parece a nuestro D., ciertamente, como un huevo a otro. 

Después de que el señor Campe rechazara mi ofrecimiento del folleto contra Proudhon, y los señores Cotta y más tarde Löwenthal rechazaran el de mi Economía (gestionado por Ebner en Fráncfort), parece abrirse por fin una perspectiva || para esta última. Dentro de una semana sabré si se realiza. Se trata de un librero de Dessau, gestionado también por Ebner. Este Ebner es amigo de Freiligrath. 

De la Tribune no he recibido aún carta, ni la he podido hojear todavía, pero no dudo de que la cosa sigue su curso. En todo caso, en unos días ha de aclararse. 

Por lo demás, tienes que comunicarme por fin tus vues sobre Proudhon, aunque sea de manera muy breve. Me interesan tanto más cuanto que ahora estoy metido en la elaboración de la Economía. Por lo demás, en la biblioteca, que sigo frecuentando, he husmeado últimamente sobre todo tecnología, la historia de la misma, y agronomía, para hacerme al menos una especie de idea de esa mierda. 

Qu'est-ce que fait la crise commerciale? El Economist contiene los consuelos, las protestas y las alocuciones que preceden regularmente a las crisis. Se siente, no obstante, su miedo, mientras intenta disipar el miedo a los demás. Si cae en tus manos el siguiente libro: «Johnston. Notes on North America 2 v. 1851» encontrarás en él toda clase de notas interesantes. Este J. es, en efecto, el Liebig inglés. Un atlas de geografía física de «Johnston», que no ha de confundirse con el anterior, se puede encontrar quizás en una de las bibliotecas de préstamo de Manchester. Contiene la recopilación de todas las investigaciones, modernas y antiguas, en ese terreno. Cuesta 10 guineas. Así que no está pensado para particulares. 

Del dear Harney no se sabe nada. Parece seguir viviendo aún en Escocia. 

Los ingleses reconocen que los americanos se han llevado el premio en la exposición industrial y los han derrotado en todo. 1) Guttapercha. Nueva materia y nuevas producciones. 2) Armas. Revolvers. 3) Máquinas. Máquinas segadoras, sembradoras y de coser. 4) Daguerreotypes aplicados por primera vez en gran escala. 5) Navegación, con su yate. Por último, para demostrar que también pueden suministrar artículos de lujo, han expuesto una colosal pepita de mineral de oro californiano, y al lado un gold service de oro virgen. ¡Salut! 

Tuyo 
K. Marx