1. Querido Marx,

En cuanto a la historia de la guerra de Techow, también desde el punto de vista militar es extraordinariamente superficial, y en algunos pasajes directamente falsa. Prescindiendo de las profundas verdades de que contra la violencia solo ayuda la violencia, de los absurdos descubrimientos de que la revolución solo puede triunfar si es general (es decir, literalmente, si no encuentra resistencia alguna, y en su sentido, si es una revolución burguesa), prescindiendo de la bienintencionada intención de aplastar la fatal «política interior», esto es, la revolución propiamente dicha, mediante un dictador militar que, a pesar de Cavaignac y Willich, aún no ha sido descubierto, y prescindiendo de esta muy característica formulación política de la opinión de estos señores sobre la revolución, desde el punto de vista militar hay que señalar:

1) La férrea disciplina, lo único que puede proporcionar la victoria, es precisamente la otra cara de la «suspensión de la política interior» y de la dictadura militar. ¿De dónde va a salir esta disciplina? Los señores deberían haber hecho ya algunas experiencias en Baden y el Palatinado. Es un hecho evidente que la desorganización de los ejércitos y la relajación total de la disciplina han sido tanto condición como resultado de toda revolución victoriosa hasta ahora. Francia necesitó de 1789 a 1792 para volver a organizar tan solo un ejército de unos 60–80 000 hombres —el de Dumouriez—, e incluso ese mismo volvió a descomponerse, y por así decirlo no hubo un ejército organizado en Francia hasta finales del 93. Hungría necesitó desde marzo de 1848 hasta mediados de 1849 para tener un ejército regularmente organizado. Y en la primera revolución francesa, ¿quién introdujo la disciplina en el ejército? No los generales, los cuales, en una revolución y en ejércitos improvisados, solo adquieren influencia y autoridad tras algunas victorias, sino el terror de la política interior, el poder civil.

Fuerzas de la coalición. 1) Rusia. La suposición de 300 000 hombres de tropas efectivas, de los cuales 200 000 en armas en el teatro de guerra, es elevada. Pase aún. Pero en 2 meses no pueden estar ni en el Rin (a lo sumo la vanguardia en el Bajo Rin, cerca de Colonia) ni en la Alta Italia. Para poder operar simultáneamente, para desplegarse adecuadamente con Prusia, Austria, etc., pasan 3 meses —un ejército ruso no marcha más de 2 a 2½ millas alemanas al día y descansa cada tres días. Tardó casi 2 meses en aparecer en el teatro de guerra en Hungría.

2) Prusia. Movilización: por lo menos 4–6 semanas. Las especulaciones sobre defecciones, revueltas, etc., muy arriesgadas. En el mejor de los casos podrá hacer disponibles quizá 150 000 hombres, pero en el peor acaso ni 50 000. Contar con 1/3 y 1/4 es puro disparate; todo depende de casualidades.

3) Austria. Igual de arriesgado, más desatinado aún. El cálculo de probabilidades a la manera de Techow es aquí absolutamente imposible. En el mejor de los casos, como indica T., coloca quizá 200 000 hombres frente a Francia; en el peor, no llega a poder destacar un solo hombre y puede oponer a los franceses a lo sumo 100 000 hombres cerca de Trieste.

4) Ejército de la Confederación: el bávaro marchará con certeza a la lucha contra la revolución, y aquí y allá también algún que otro contingente. Con 3 meses de tiempo cabe, a lo sumo, formar con ellos un cuerpo de 30–50 000 hombres, y contra soldados de la revolución, al principio resultan suficientemente buenos.

5) Dinamarca pone inmediatamente en campaña 40–50 000 buenos soldados, y como en 1813 los suecos y también los noruegos habrán de acompañar a la fuerza la gran cruzada. T. no piensa en ello, como tampoco en Bélgica y Holanda.

Fuerzas de la revolución. 1) Francia. Tiene 430 000 hombres bajo las armas. De ellos, 100 000 en Argelia. 90 000 no présents sous les armes⁠—⁠del resto. Quedan 240 000 —de los cuales, en 4–6 semanas, a pesar de los ferrocarriles ahora considerablemente completados, no más de 100 000 pueden aparecer en la frontera belga-alemana y 80 000 en la frontera saboyano-piamontesa. Cerdeña intentará esta vez, como Bélgica en 1848, hacer el promontorio en el mar; si por tanto el ejército piamontés, de todos modos lleno de beatos muchachos campesinos sardos —al menos en su configuración actual— con oficiales aristocráticos, es tan seguro para la revolución como T. se imagina, es muy cuestionable. Víctor Manuel ha tomado a Leopoldo como modelo, c'est dangereux.

2) Prusia — ¿? 3) Austria — ¿?, es decir, en lo que se refiere a soldados regulares, organizados. En cuanto a cuerpos francos se refiere, se anunciarán legiones de ellos, naturalmente sin utilidad alguna. Si en los primeros meses se logra hacer de las tropas defeccionadas 50–60 000 soldados utilizables, ya es mucho. ¿De dónde van a salir los oficiales en tan corto tiempo?

Tras todo esto, es más probable —precisamente porque lo que posibilitó a Napoleón la rápida formación de ejércitos gigantescos, a saber, buenos cuadros, falta necesariamente en toda revolución (incluso en Francia)— que la revolución, si llega a realizarse el año próximo, por lo pronto deba permanecer a la defensiva o limitarse a huecas proclamas desde París y a expediciones de gran estilo, muy insuficientes, bochornosas y nocivas, del tipo de arriesgar el todo por el todo. A no ser que las fortalezas del Rin caigan en el primer ímpetu y que el ejército piamontés responda al llamamiento del ciudadano Techow; o que la desorganización de las tropas prusianas y austríacas convierta inmediatamente a Berlín y Viena en centros y con ello ponga a Rusia a la defensiva; o que ocurran otras historias imposibles de prever. Y especular sobre esto a la manera de Techow y hacer cálculos de probabilidades es ocioso y arbitrario, tal como lo he visto sobradamente en mis propios experimentos. Al respecto solo cabe decir que de la provincia renana depende enormemente mucho.