Karl Marx a Friedrich Engels
en Manchester
Londres, 23 de septiembre de 1851

23 de septiembre de 1851.
28, Deanstreet, Soho.
¡Querido Engels!

Con respecto al documento de París, eso es muy estúpido. Los periódicos alemanes, el de Colonia y el de Augsburgo, nos lo echan al cuello, como era de esperar de estos perros acríticos. Por otra parte, el miserable Willich y compañía difunden que nosotros hicimos denunciar esa porquería de París por medio de conocidos nuestros. ¿Qué te parece?

C. Schramm también ha sido encarcelado. Allá él. La próxima vez — después de recabar aún algunas noticias — te escribiré más sobre la porquería de aquí. Por hoy te obsequio con el siguiente resumen de un manifiesto a varias columnas del ciudadano Techow en la New Yorker Staats-Zeitung, titulado: «Esbozos de la guerra venidera. Londres, 7 de agosto». (Mal escrito, doctrinario, con toda clase de reminiscencias de nuestra Revue; aparentemente desarrollado con sensatez, pero de contenido chato, sin movimiento en la forma, nada contundente.) Te ahorro lo que Techow recita en primer lugar sobre la revolución de 1849. De ahí extrae, para empezar, las siguientes aplicaciones generales:

1) Contra la violencia no hay más resistencia que la violencia.

2) La revolución solo puede triunfar si se generaliza, es decir, si prende en los grandes centros del movimiento (Palatinado bávaro, Baden) y si, además, no es la expresión de una sola fracción de la oposición. (Ejemplo: la insurrección de junio de 1848.)

3) Las luchas nacionales no pueden conducir a ninguna decisión, porque aíslan.

4) Los combates de barricadas no tienen otra importancia que la de señalizar la resistencia de una población, poner a prueba, ante esa resistencia, la violencia de los gobiernos, es decir, la disposición de las tropas. Cualquiera que sea el resultado de esa prueba, la organización para la guerra, la formación de ejércitos disciplinados sigue siendo siempre la primera y más importante medida de la revolución. Pues solo mediante esta es posible la ofensiva, y solo en la ofensiva está la victoria.

5) Las asambleas nacionales constituyentes no están en condiciones de organizar para la guerra. Pierden siempre su tiempo en cuestiones de política interior, para cuya solución la hora solo ha llegado después de la victoria.

6) Para poder organizarse para la guerra, la revolución ha de ganar espacio y tiempo. Por consiguiente, debe atacar políticamente, es decir, abarcar en su esfera tantas extensiones de territorio como sea posible, porque, desde el punto de vista militar, al principio está siempre limitada a la defensiva.

7) La organización para la guerra, tanto en el campo republicano como en el realista, solo puede basarse en la coerción. Con entusiasmo político y con cuerpos francos fantásticamente ataviados no se ha ganado jamás una batalla campal contra la disciplina y soldados bien dirigidos. El entusiasmo militar solo aparece tras una serie de éxitos. Para esos éxitos, al principio no hay fundamento mejor que la férrea rigidez de la disciplina. Aún más que en la organización interior del país, los principios democráticos solo pueden aplicarse en los ejércitos después de la victoria de la revolución.

8) La guerra venidera es por su naturaleza una guerra de aniquilamiento: pueblos o príncipes. De ahí se sigue el reconocimiento de la solidaridad política y militar de todos los pueblos, es decir, la intervención.

9) El territorio de la revolución venidera se halla, espacialmente, dentro de las mismas fronteras que el de la derrotada: Francia, Alemania, Italia, Hungría, Polonia.

De todo ello se sigue: la cuestión de la revolución venidera es equivalente a la de una guerra europea. Objeto de la guerra: si Europa será cosaca o republicana. Teatro de la guerra, los de siempre: Alta Italia y Alemania.

El señor Techow enumera a continuación 1) las fuerzas militares de la contrarrevolución, 2) las fuerzas militares de la revolución.

II) Fuerzas militares de la contrarrevolución

1) Rusia. Suponiendo que pueda llevar su fuerza militar a 300 000. Eso sería muchísimo. ¿En qué tiempo y con qué efectivos puede aparecer entonces en el Rin o en Italia? En el mejor de los casos, en 2 meses. Como mínimo, ⅓ de bajas por enfermos y ocupación de las líneas de etapas. Quedan 200 000 hombres que, 2 meses después del estallido del movimiento, aparecen en los puntos decisivos del teatro de guerra.

2) Austria. Calcula el estado de su ejército en 600 000 hombres. En 1848 y 1849 necesitó en Italia 150 000 hombres. Esta cifra la exige Radetzky también ahora en tiempos de paz. En Hungría necesita ahora, en paz, 90 000 hombres. En la última guerra, 200 000 no fueron suficientes. ⅓ de ese ejército está compuesto por húngaros e italianos, que desertarán. En el mejor de los casos, si el levantamiento en Hungría e Italia no estalla simultáneamente, puede — retenida por toda clase de combates de barricadas — aparecer en el Rin en 6 semanas con 50 000 hombres.

3) Prusia. Cuenta con 500 000 hombres, incluidos los batallones de reemplazo y la Landwehr de la primera leva, que no entran en campaña. Para la operación en campaña, 300 000 hombres, ½ de línea, ½ de Landwehr. Movilización: de 14 días a 3 semanas. El cuerpo de oficiales del ejército prusiano, aristocrático; los suboficiales, burocráticos; la masa, «completamente democrática». Otra oportunidad tiene la revolución en la movilización de la Landwehr. Desorganización del ejército prusiano por la revolución, de la que el rey solo se adueña lo bastante bajo la protección del ejército ruso para conducir, con los rusos, los restos de su ejército contra los rebeldes. Renania, Westfalia, Sajonia, perdidas para él, y con ello las más importantes líneas de fortalezas y al menos ⅓ de su ejército. ⅓ necesita contra los levantamientos en Berlín, Breslau, provincia de Posen y Prusia Occidental. Quedan a lo sumo 100 000, que no pueden aparecer en el campo de lucha antes que los propios rusos.

4) El ejército de la Confederación Germánica. Los regimientos de Baden, Schleswig-Holstein, Hesse electoral y del Palatinado pertenecen a la revolución. Solo restos del ejército de la Confederación Germánica, siguiendo la huida de los príncipes, reforzarán los ejércitos de la reacción. Sin importancia militar.

5) Italia. La única potencia militar de Italia, el ejército sardo, pertenece a la revolución.

Así, summa summarum: teatro de guerra en Alemania:
150 000 rusos
100 000 prusianos
50 000 austriacos,
300 000 hombres.
Teatro de guerra en Italia:
150 000 austriacos
50 000 rusos,
200 000 hombres.
Resultado: 500 000 hombres.

II) Fuerzas militares de la revolución.
1) Francia. 500 000 hombres ya en el primer momento de la revolución a disposición. De ellos, 200 000 en el Rin, 100 000 en Italia (Alta) aseguran a la revolución en Italia y Alemania espacio y tiempo para su organización.

2) Prusia. 50 000. A saber, la mitad de los ejércitos desertados organizados.

3) Austria. 100 000.

4) Pequeños ejércitos alemanes. 100 000.

Hace luego el siguiente cálculo:

Ejército activo francés, 300 000 hombres.
Ejército revolucionario alemán, 150 000.
Italia y Hungría, 200 000.

650 000 hombres.

Así, pues: la revolución conduce 650 000 hombres contra 500 000 del absolutismo.

Concluye así:

«Por muchas diferencias nacionales, por muchas diferencias de principios que dividan al gran partido de la revolución — todos nosotros hemos aprendido que la hora de dirimir entre nosotros estas distintas opiniones solo ha llegado después de la victoria», etc., etc.

¿Qué te parece este cálculo? Techow presupone que la desorganización estará del lado de los ejércitos regulares y la organización del lado de las fuerzas armadas revolucionarias. Esa es la base de su cálculo. Pero tú podrás juzgar mejor que yo sobre esta estadística.

Pero la tendencia política propiamente dicha del artículo, que se trasluce aún más claramente en la ejecución, es la siguiente: no estalla ninguna revolución, es decir, ninguna lucha de partidos, ninguna guerra civil, ningún conflicto de clases hasta el final de la guerra y el derrocamiento de Rusia. Pero para organizar estos ejércitos para esta guerra, se necesita la violencia. ¿Y de dónde ha de venir la violencia? Nota: el general Cavaignac o un dictador militar similar en Francia, que tenga a sus generales en Alemania y la Alta Italia. Voilà la solution, que no está muy lejos de las ideas de Willich. La guerra mundial, es decir, en el sentido de los tenientes prusianos revolucionarios, el dominio, al menos provisional, de los militares sobre los civiles. Pero cómo un general cualquiera, y aunque resucitara de la tumba el mismo viejo Napoleón, ha de recibir no solo los medios sino también esa influencia, sin luchas internas previas y simultáneas, sin la maldita «política interior», sobre eso calla el oráculo. Al menos, «el piadoso deseo» de los futuros partidarios de la guerra mundial, que encuentra su expresión política adecuada exactamente en los políticos sin clases y en los demócratas en cuanto tales, queda dicho con toda claridad.

Adiós.
Tuyo, K. M.

En este momento he recibido tu carta, lo que aquí anoto.

N. B. Sabes, por cierto, que Stechahn (o Steck Hahn) fue detenido en Hannover y que, antes de entrar en nuestra asociación, mantenía correspondencia con el comité Schapper, etc. Pues bien, dos cartas que escribió al secretario de ese comité, Dieze — al Kakerlak — y que este había recibido, se hallan ahora en la oficina del inspector de policía de Hannover. Ulmer, encargado por nosotros, debía interpelar al señor Dieze y compañía sobre esto el próximo viernes, en la sesión pública de la «Asociación de Refugiados o de Emigración». Hemos vuelto a dar contraorden. Stechahn se ha fugado, así que está en camino a Londres o ya aquí. ¿Y quién nos garantiza que St. no se vaya con nuestros enemigos, en vez de venir con nosotros?

Los Straubinger son capaces de todo. Nueva prueba: el señor Paul Stumpf, que en su breve visita aquí en Londres no se dejó ver ni por mí ni por Lupus, sino que trató exclusivamente con la gentuza.

Tus noticias comerciales me han interesado muchísimo.

En lo que respecta a C. Schramm, traía de mi parte una breve carta de legitimación, guardada en su cartera. Esas líneas podrían haberse convertido para él en una carta de Urías. Se le dieron entonces para mostrarle aparente confianza y para asegurarlo, ya que el sujeto podía perjudicarnos considerablemente. Pero al mismo tiempo se le escribió a Reinhardt que se precaviera de él — en caso de que se le presentara con la carta, redactada en términos generales —. Lo fatal es que mi nombre figura al pie. A Schramm puede costarle 6 meses.

Adiós.