Friedrich Engels a Karl Marx
en Londres
Manchester, hacia el 10 de agosto de 1851

I Querido Marx

El correo rápido me ha divertido enormemente. Hacía mucho tiempo que no leía una jerigonza tan perfecta como la de «A. Ruge a K. Heinzen». No habría creído que incluso dos asnos como R. y H. pudieran emerger del torbellino revolucionario de tres años tan completamente inalterados y cargados con todas las viejas frases, gestos ridículos, giros, etc., como estos dos. Es el payaso de la compañía de acróbatas ecuestres, que después de los saltos más arriesgados vuelve a hacer su reverencia y dice: ¡Here we are again!, y luego, con la mayor desconsideración, vuelve a soltar toda la vieja cantinela de sus conocidas bufonadas. Veo al literario purgante Rüge en persona ante mí, declarando con seriedad que «la respuesta a fondo a la tiranía, la anarquía y la alta traición... consiste precisamente en la cagalera nuclear de la que se trata», y luego él mismo ejecuta esa cagalera nuclear al descubrir que la moderna lucha de clases es la secessio plebis, a lo que se enlazan sin esfuerzo aquel maestro de escuela romano cuyo nombre he olvidado, su fábula del estómago y las manos, y otros recuerdos por el estilo, gratos a un alumno de tercer año y a un vicerrector. Impagable está el tipo cuando, al tocar por una vez el tema de las «circunstancias», añade acto seguido, a modo de apaciguamiento: «¡Sabes... que por circunstancias no entiendo otra cosa que los pensamientos que ahora dominan las cabezas de los hombres!». Los intentos cojitrancos de hacer alusiones ingenioso-maliciosas fracasaron por completo. El tipo es tan hábil que todo el mundo se da cuenta de que tiene malicia contra alguien, pero contra quién y por qué y los demás cómos y porqués, eso no lo saca nadie. Si el gran Rüge se desenvuelve como puro payaso, el gran Heinzen no es menos brillante en su grosería declarada permanente. La manera con la que el tipo, en su nota, intenta volver a imponer al público su vieja estupidez sobre el comunismo, el 23 de julio de 1851, exactamente con las mismas palabras que en el verano de 1847 en la Deutsche-Brüsseler-Zeitung, es de una desvergüenza innombrable.

Et pourtant — los tipos se ven obligados a reconocer la superioridad de nuestras cosas por su constante ocupación con ellas y aún más por la influencia que, pese a toda su obstinación y furia, esas cosas ejercen inadvertidamente sobre ellos. ¡Dónde hay una frase en todo ese bodrio que no contenga un plagio, una tergiversación malentendida de nuestras cosas, una incitación provocada por ellas!

Sobre el intento de conciliación londinense, el señor Meyen o Faucher ha hecho insertar en la semioficial manteuffeliana «lithographische Correspondenz» de Berlín un artículo desatinado — solo nosotros dos seguimos unidos, etc. — los demás están todos de acuerdo y contra nosotros. De Freiligrath o de Wolff no se dice palabra. El gran Willich parece haberse sentido nuevamente impulsado, tras la disolución del ejército del futuro, a granjearse reconocimiento «como carácter» entre los grandes hombres de todos los partidos — parece que ha asistido a sus reuniones. A quoi tous ces coups de désespoir ont-ils abouti? ¿Y ha estado en tu casa el gran Sigel?

Los señores han difundido allí, según me acaba de asegurar un asno social alemán de Dessau que una tal Julius me ha dirigido, que tú escribes en la Neue Preußische Zeitung por confesión propia; que tú mismo se lo has dicho al señor Louis Drucker (!). En voilà une bonne!

En lo que respecta a Proudhon, el hombre parece estar progresando. Las fases a través de las cuales se desarrolla su desatino adoptan en todo caso formas más tolerables, y el señor Louis Blanc bien puede romperse los dientes con estas «hérésies». Au bout du compte, el señor Proudhon llega ahora también a la conclusión de que el verdadero sentido del derecho de propiedad consiste en la confiscación disfrazada de toda propiedad por un Estado más o menos disfrazado, y que el verdadero sentido de la abolición del Estado es la reforzada centralización estatal. O ¿qué otra cosa son toutes les communes de la république qui s'entendent pour égaliser entre elles les différences de qualité des terrains ainsi que les accidens de [la] culture, con todos sus accesorios y consecuencias necesarias?

Si mañana tengo tiempo, más sobre este tipo singular. El artículo para el viernes me es imposible entregarlo esta semana. Pero escríbeme, y pronto, de qué tipo debe ser — si un artículo cualquiera aislado, o si quieres tener una serie, y 2) cómo hay que manejar el asunto, pues no conozco en absoluto la política del N.Y. Tr. más de cerca que el hecho de que son whigs americanos. Y cualquier otra cosa que puedas comunicarme a este respecto para ayudarme a ponerme en pie.
Tuyo

F.E.