Manchester, 7 de agosto de 1851

Querido Weydemeyer:

Mi más sentido agradecimiento por tus comunicaciones. Si pudieras sonsacarle todavía algo más a Hoffstetter, te quedaría muy agradecido por ello. Por lo demás, yo creería que aún debes de recordar los títulos de algunos manuales elementales y demás libros de texto militares de antaño; lo que necesito especialmente es justamente lo más chato y ordinario, lo que se exige en los exámenes de alférez y teniente, y que precisamente por eso se presupone en todas partes como sabido. El Decker ya me lo había procurado en Suiza, en una mala traducción francesa y sin planos, pero Marx me lo ha extraviado y difícilmente volverá a aparecer. El atlas me lo procuraré, pero también necesito un mapa de Hungría. Veo que el Estado Mayor austriaco ha publicado varios trabajos al respecto; dime si tu mapa era de esa clase y cuánto cuesta; en el peor de los casos, siempre es más útil que el gran Stieler. Para Baden, y particularmente para la frontera renana entre Baden y Suiza, tengo mapas suficientes que rescaté de la campaña. Ahora me proporcionaré precios, etc., por medio de Weerth, que está de nuevo en Hamburgo, y luego veré qué me compro. Pero, como te digo, cualquier otra información que puedas procurarme me será de lo más grato.

Que te vayas a América es malo; sin embargo, en verdad no sabría qué otro consejo darte si en Suiza no encuentras nada. En Londres no hay absolutamente gran cosa, y Lupus aún no ha encontrado nada. Él busca un puesto y yo intento proporcionarle uno aquí, pero hasta ahora sin éxito. En música, la competencia aquí es enorme. Après tout, Nueva York no parece tan lejos visto desde Inglaterra, y particularmente desde aquí, cuando se ve a los vapores hacer regularmente la travesía del miércoles de una semana al sábado de la otra, y rara vez completan los 10 días de travesía. En Nueva York encontrarás también al pequeño Becker rojo; fue últimamente expedidor de la Arbeiterzeitung; no sé si aún está en ello, pues hace mucho que no sé nada de él. Su

última dirección era 24 North William Street, up stairs; pero si no supieras la actual, seguro que se puede preguntar por él en casa de Liévre, Shakespeare Hôtel, o en la Staatszeitung. En Nueva York hay, por lo demás, muchísimo que hacer, y allí falta mucho un representante serio de nuestro partido que esté también teóricamente formado. Encontrarás elementos suficientes; pero tu mayor obstáculo será que los alemanes aprovechables, los que algo valen, se americanizan fácilmente y abandonan toda intención de regresar; y luego entran precisamente en consideración las condiciones particulares americanas: la facilidad con que la superpoblación fluye al campo, la prosperidad necesariamente rápida y cada vez más rápida del país, que les hace aparecer las condiciones burguesas como beau idéal, etc. Los alemanes de allí que piensan en el retorno no son, en su mayoría, más que sujetos desaprovechados, explotadores de la revolución a lo Metternich y Heinzen, y que son tanto más miserables cuanto más subordinados son. Encuentras, por lo demás, en Nueva York a toda la chusma del Reich de la patria. Que podrás mantenerte allí no lo dudo — fuera de Nueva York, a lo sumo San Luis es aún soportable; Filadelfia y Boston son nidos espantosos.— Si pudieras conquistar el periódico, sería famoso. En el otro caso, procura arrimarte a la New Yorker Staatszeitung, que nos es muy favorable y cuyas correspondencias europeas estuvieron constantemente bajo nuestro control.

La correspondencia desde allá se conduce mejor a través de mí; yo haré entonces que la firma pague el franqueo.

De la caserna sé poco más, salvo que Willich se ha enemistado con esta banda y ya no está acasernado. El estado mayor del ejército del futuro se ha disuelto, como me escribe Marx, y Willich se ha quedado sin Besançon. ¡Quelle horreur! Este W. no es, por lo demás, sólo un loco, sino un individuo infame, pérfido y malicioso, cuya maldad, que sirve de medio a una vanidad y autoadoración hinchadas hasta lo más colosal e increíble, no conoce absolutamente límite alguno. Jamás he visto un sujeto tan de todo punto mendaz. Puedo asegurarte que, literalmente, nunca he oído de su boca una sola palabra verdadera. Realmente no puedes hacerte una idea de la figura que la idea fija de ser él el hombre cuyo genio militar, político y organizador de la sociedad debe conducir la revolución a la victoria y a la consumación, ha hecho de este hombre. Naturalmente, esta locura no se ha desarrollado sino gradualmente. Lo tengo por capaz de toda bajeza, sin excepción; por lo demás, tampoco creo que esta vez haya cometido una traición directa. La historia de Hamburgo se ha aclarado de otro modo; el único agente allí de W. y Schapper, Bruhn, no es el traidor. Se dice que Haupt ha parloteado, pero no puedo creerlo.

Dejamos, naturalmente, que toda la banda se dedique a lo que quiera: toda su actividad se limita naturalmente a rodomontadas, urdir planes descabellados e insultarnos, y puede sernos indiferente. No necesitamos vigilarlos; la policía prusiana lo hace por nosotros. En la taberna de Schärtner, donde se sientan, no se pronuncia una sola palabra que no sea comunicada.

Así pues, escríbeme en todo caso una vez más antes de tu partida, y comunícame el nombre del barco en que vayas — puedo ver en los periódicos de aquí cuándo llega a Nueva York. Desde Nueva York, envíame enseguida tu dirección. — La de Marx es 28 Dean-Str. Soho Square, Londres.

Muchos saludos. Tuyo,
F. Engels.

Manchester, 7 de agosto de 1851.

¿Has sabido algo de Dronke? Sigue en Ginebra; su dirección la tendrás por Schuster.