Friedrich Engels a Ernst Dronke
en Ginebra
Manchester, 9 de julio de 1851

Querido Dronke:

Desde hace largo tiempo has quedado completamente sin noticias nuestras — primero, por falta de dirección desde la muerte de Galeer; y luego, desde que nos diste la dirección de Schuster, a consecuencia de noticias llegadas aquí de que tú mismo vendrías pronto a Inglaterra. Pero como Lupus lleva ya casi un mes en Londres y no sabemos nada de ti, hemos de suponer que por lo pronto permanecerás aún ahí.

De los sucesos londinenses ocurridos el pasado otoño estás al corriente. Lo que no has oído desde aquí, lo has visto en los documentos publicados entretanto. Así, pues, sólo necesito contarte algo de lo sucedido desde entonces para ponerte _au fait_.

Como desde noviembre del 50 estoy aquí en Manchester, y Marx habla poco inglés, la conexión con Harney y los cartistas había llegado a estancarse bastante. Esto lo aprovecharon Schapper, Willich, L. Blanc, Barthélemy, etc., en suma, todo el hampa germano-francesa, descontenta con nosotros por un lado y con el Comité Ledru-Mazziniano por el otro, para enredar a Harney en un banquete para el 24 de febrero, cosa que les salió bien. En este banquete ocurrieron las siguientes curiosidades:

1) Dos de los nuestros, que estaban presentes, y entre ellos Schramm, fueron echados a empujones por la chusma refugiada alemana — la cosa se puso seria, casi hubiera dado lugar a procesos judiciales, pero nosotros la zanjamos con satisfacción suficiente para los ofendidos; en cambio, condujo momentáneamente a una relación a medias tensa con Harney, que se había comportado débilmente en el asunto. Jones, que en general es un tipo distinto a Harney, está ahora por eso completamente con nosotros y expone ahora a los ingleses el _Manifiesto_.

2) El señor Willich, a falta de direcciones de Alemania, leyó una de Suiza, bajo la cual figuraba también tu firma. Mediante qué engaño o falsificación ha llegado tu nombre a semejante documento, aquí no podemos saberlo naturalmente, y en todo caso tienes que escribirnos lo necesario al respecto, después de haber hecho tú mismo las indagaciones pertinentes. En el _compte-rendu_ del banquete está además impresa la alocución con tu nombre debajo, y puedes imaginarte el júbilo de que figurara debajo uno de la _N. Rh. Ztg._

3) La historia del brindis de Blanqui. Barthélemy, como presunto blanquista, pidió a Blanqui un brindis para el banquete, y Blanqui envió el famoso ataque contra todo el gobierno provisional, incluidos Blanc y Cía. Barthélemy, derribado por el rayo, lo presenta, y se decidió suprimirlo. Pero Blanqui conocía a su gente, y el brindis apareció simultáneamente con el banquete en los periódicos parisinos, y echó a perder todo el golpe de efecto. El pequeño farsante quejumbroso L. Blanc declaró entonces en el _Times_, y el Comité, Willich, Schapper, L. Blanc, Barthélemy, Vidil, etc., en _La Patrie_, que no sabían nada de todo el brindis. Pero _La Patrie_ añade que el cuñado de Blanqui, Antoine, a quien habían preguntado, había enviado el brindis al señor Barthélemy, y que tenía en su poder el acuse de recibo de éste, cofirmante de la declaración. A continuación Barthélemy declara que es cierto, que él se responsabiliza de todo, que había mentido, que había recibido el brindis pero lo suprimió por mor de la armonía. Pero por desgracia, al mismo tiempo, el ex-capitaine de dragons Vidil declara que quiere confesarlo todo, que el brindis fue presentado al Comité por Barthélemy y suprimido por decisión del mismo. ¡Imagínate mayor bochorno de toda la banda! Tradujimos el brindis al alemán y lo hicimos distribuir en 30.000 ejemplares en Alemania e Inglaterra.

Durante la movilización de noviembre, a Willich lo pusieron en el mayor éxtasis cartas fingidas y quiso revolucionar el mundo con la Landwehr prusiana. Los documentos y planes revolucionarios sumamente cómicos al respecto están en nuestras manos. Serán aprovechados a su debido tiempo. Ante todo, había que «exterminar con raíz y tronco todos los elementos literarios» y declarar la dictadura de los campesinos movilizados del Eifel. _Malheureusement il n’en fut rien._

Desde entonces los grandes hombres asociados, que se aseguran mutuamente la dominación y la inmortalidad, se esfuerzan en vano por tomar posiciones en alguna parte. Todo es vano, y tienen la satisfacción de que entre todos los registros domiciliarios y detenciones habidos en Alemania, no hay uno solo que haya tenido lugar a consecuencia de conexiones con ellos.

Nosotros, en cambio, tenemos la satisfacción de habernos librado de toda la chusma refugiada londinense, bocazas, confusa e impotente, y de poder al fin volver a trabajar sin ser molestados. Las incontables mezquindades privadas de esta gentuza pueden sernos indiferentes. Desde siempre fuimos superiores a la canalla y la hemos dominado en cada movimiento serio; pero desde entonces hemos aprendido enormemente mucho de la práctica desde 1848 y hemos aprovechado debidamente la calma desde 1850 para volver a empollar. Si llega a haber algo de nuevo, esta vez estaremos en ventaja frente a ellos de manera aún muy distinta, y además en terrenos que ni se les pasan por la cabeza. Y aparte de todo, tenemos la enorme ventaja de que ellos son todos cazadores de puestos y nosotros no. No se concibe cómo puede haber aún burros, después de las experiencias hechas, cuya más alta ambición consista en, _le lendemain même de la première insurrection victorieuse_ — lo que ellos llaman revolución —, entrar en algún gobierno y, a las 4 semanas, ser aplastados o arrojados a un lado cubiertos de bochorno, ¡como Blanc y Flocon en 1848! ¡Y encima — el gobierno Schapper — Gebert — Meyen — Haude — Willich! Por desgracia los pobres diablos nunca llegan a esta satisfacción; por desgracia volverán a ser cola y como tal aún podrán causar alguna confusión en pequeñas ciudades y entre los campesinos.

¿Qué haces realmente en Ginebra? Se habla de que eres esposo y padre y que además mantienes un trato muy amistoso con Moses — por consideración a la Mosesin. Según otros, todo eso sería pura calumnia, pero a diez grados de latitud de distancia, eso sería difícil de decidir aquí. Freiligrath también está en Londres y saca un nuevo tomo de poesías. Weerth está en Hamburgo y escribe, como yo, cartas comerciales hasta la próxima agarrada. De su viaje a España no ha traído nada, ni siquiera una gonorrea. Por lo demás, viene este mes a Londres. El rojo Wolff ha atravesado diversas fases de irlandismo, de aburguesamiento incipiente, de locura y otros estados interesantes, y ha cambiado completamente el aguardiente por la cuarta y media de _half and half_. El _père_ Marx va a diario a la biblioteca y acrecienta de manera asombrosa sus conocimientos, pero también su familia. Yo, finalmente, bebo ron con agua, empollo y trabajo en el ramo del twist y del aburrimiento. Éste es el resumen de los personalia.

Como las detenciones en Alemania nos obligan aquí a procurar en muchos respectos el restablecimiento de los contactos y a retomar algún trabajo abandonado, es necesario que escribas lo antes posible cuál es el aspecto de las cosas en Suiza. Contesta, pues, enseguida y, si deseas más aclaraciones, indica los puntos correspondientes. Dirige a mí — care of Messrs Ermen & Engels, Manchester — via Calais.

Tuyo
F. Engels

Manchester, 9 de julio del 51.

Plainpalais
242, chemin d’Ancet,
Ginebra