Friedrich Engels a Karl Marx  
en Londres  
Manchester, 27 de junio de 1851  

¡Querido Marx!  

Es muy bonachón de parte de la buena policía sajona que nos informe, de su puño y letra, de lo que hasta ahora no sabíamos ni podíamos averiguar. La circular didáctico-solemne de Bürgers, con el conocido claroscuro del raciocinio, les habrá costado mucho quebradero de cabeza infructuoso; y precisamente no han hecho imprimir en letras grandes más que los pasajes equivocados. Resulta divertido ver cómo los grandes molineros de viento se encuentran ahora, ante el mundo entero, arrojados de su propio partido: el gran Willich emparejado con Haude, Gebert y demás chusma desconocida, un tal «Schopper» (derivado de «Schoppen», vaso de vino), cuyos raros méritos son tan poco célebres que ni en Colonia se ha impreso su nombre correctamente. Hasta aquí, bien. Pero el artículo 1 de los estatutos es grave para los detenidos: «todos los medios de la actividad revolucionaria», o como allí se diga. Esto desplaza el asunto del terreno de la mera asociación prohibida al de la alta traición. Por lo demás, a juzgar por una insinuación de la *Kölnische Zeitung*, parece confirmarse mi conjetura de que se proponen someter a toda la Sociedad ante el tribunal estatal de Berlín, que se crearía ex profeso para esta grandiosa ocasión.  

Un buen indicio del estado de ánimo de la burguesía es que el Gobierno, con su intento de explotar el gran descubrimiento de Dresde como disparo intimidatorio, ha fracasado tan rotundamente. El burgués tiene ya tan poco miedo al fantasma rojo, que no quiere oír nada del gran complot comunista y teme ya que el sistema de registros domiciliarios se extienda próximamente también a él.  

Ni un solo periódico quiere morder el anzuelo, y los experimentos desesperados del Gobierno para descubrir más manejos subversivos entre las sociedades de gimnasia, las comunidades libres y los maestros sastres democratizantes demuestran, por una parte, cuánto le irrita la indiferencia de los burgueses y cómo intenta excitar su curiosidad, y, por otra parte, a cuán pocos descubrimientos ulteriores han conducido los estatutos y la circular. También en casa de Miquel parece haberse registrado sin resultado.  

¿Qué hay de nuevo en Londres? Tuyo.  
27 de junio de 51.