Londres, 28 de mayo de 1851.

¡Querido Engels!

El hecho de que Daniels no haya respondido (y por cierto mañana le haré llegar otra carta, a no ser que reciba hoy una) tiene motivos muy enojosos. Nothjung ha sido detenido en Leipzig, en la estación de ferrocarril. Naturalmente, no sé qué papeles se le han encontrado. Acto seguido (o acaso simultáneamente, lo ignoro), han sido detenidos Becker y Röser en Colonia y se les ha registrado la casa, habiéndose hecho lo mismo en casa de Bürgers. Éste se halla en Berlín, perseguido por orden de busca y captura y seguramente llegará aquí pronto.

Estas medidas de la policía contra los emisarios, etc., se las debemos por completo al miserable vocerío de los borricos de Londres. Estos fuelles saben muy bien que ni conspiran, ni persiguen un fin real, ni tienen tras de sí organización alguna en Alemania. Sólo quieren aparentar que son peligrosos y poner en marcha la noria periodística. Así entorpecen y ponen en peligro los canallas el movimiento real y mantienen a la policía en estado de alerta. ¿Ha existido jamás un partido cuyo propósito confesado sea la pura jactancia?

Freiligrath, por instinto, ha partido en el momento justo para no ser apresado. Apenas llegado, todas las camarillas de la emigración, los filantrópicos amigos de Kinkel, los estetizantes Howitt, etc., le tendieron lazos para atraparlo para su coterie. Él ha respondido a todos esos intentos, con mucha grosería, que pertenece a la Rheinische Zeitung, que nada tiene que ver con el caldo cosmopolita y que sólo trata con el «doctor Marx y sus amigos más íntimos».

En seguida te hablaré del Kosmos. Antes, empero, una palabra sobre la situación en Francia.

Me convenzo más y más de que, a pesar de todo, y de todo, las probabilidades de Napoleón siguen siendo por ahora las mejores de entre todos los candidatos. Se acordará en principe la revisión, pero en pratique se limitará uno a la revisión del artículo concerniente al presidente. Si la minoría arma demasiado ruido, se adoptará un simple acuerdo mayoritario por el cual se decrete la disolución de la Asamblea Nacional y la convocatoria de una nueva, que se desarrollará entonces bajo los auspicios de Faucher, del telégrafo y de la ley del 31 de mayo.

Los burgueses preferirían a Cavaignac; pero el peligro de romper con el statu quo mediante una nueva elección radical les resulta demasiado inquietante. Ya ahora, una masa de fabricantes se han visto obligados a apuntalar peticiones en pro de la revisión de la constitución y de la prolongación del poder presidencial. En tout cas, la cosa debe decidirse pronto, ¡et nous verrons!

«El Kosmos», pues, ha hecho un fiasco brillante.

Bajo el título «Conferencias de Kinkel», firmado «Un obrero», se lee lo siguiente:

«En las imágenes nebulosas de Döbler me sorprendió una vez el cómico pensamiento de si se podrían producir tales creaciones caóticas con la ‹palabra›, de si se podrían hablar apareciendo imágenes nebulosas. Por cierto que es desagradable tener que confesar desde el principio, como crítico, que en este caso la independencia crítica vibra en los nervios galvanizados de una reminiscencia excitada, como el eco moribundo de una nota que expira en las cuerdas. No obstante, prefiero renunciar a ese análisis soporífero y apto para pelucas de una insensibilidad erudita antes que renegar de aquel tono que la encantadora musa del refugiado alemán resonó en el juego de ideas de mi receptividad. Ese tono fundamental de los cuadros de Kinkel, esa resonancia de sus acordes es la ‹palabra› sonora, creadora, configuradora, todopoderosa… ¡el pensamiento moderno! El ‹juicio› humano de este pensamiento arrebata la verdad del caos de tradiciones plenas de mentira y la presenta como propiedad intangible de la comunidad, bajo la protección de las minorías lógicas y bien dotadas de espíritu, que la educan desde la ignorancia creyente hacia la ciencia descreída. A la ciencia de la incredulidad le corresponde profanar el misticismo del fraude piadoso, socavar el absolutismo de la tradición embrutecedora; || mediante el escepticismo, esa guillotina incansable de la filosofía, descabezar las autoridades y conducir a los pueblos, desde las masas nubosas de la teocracia, por medio de la revolución, a los florecientes campos de la democracia (del disparate). La investigación perseverante y tenaz en los anales de la humanidad, así como la explicación del hombre mismo, es la gran tarea de todos los hombres de la subversión, y lo reconoció aquel proscrito poeta-rebelde que en las veladas de los tres lunes últimamente pasados, ante un público burgués, expuso sus ‹vistas disolventes› a propósito de la historia del teatro moderno.»

«Un obrero».

Si esto no es bueno para las chinches,
no sé qué les convenga mejor.

Vale faveque.