Friedrich Engels an Karl Marx 
in London 
Manchester, 23. Mai 1851 

Querido Marx:  

He visto con placer por los periódicos que la N. Rh. Z., en tu persona, estuvo también representada en el Soyer’schen Allerweltspreß-Symposium. Ojalá te hayan gustado los homards à la Washington y el champagne frappé. Pero cómo el Sr. Soyer ha encontrado tu dirección, es un misterio para mí.  

¿Sabes qué ha sido del borracho Laroche, de Great Windmill Street? Según informan los periódicos alemanes, ha sido interceptado y condenado a muerte por ahorcamiento en Berlín. Resulta que este presunto ex teniente de húsares prusiano no es otro que el zapatero August Friedrich Gottlieb Lehmann, de Triebel, cerca de Sorau, en la Wasserpolackei de la Alta Silesia, soldado de la primera reserva, condenado por sentencia del 23 de marzo de 1842 por deserción en tiempo de paz, falsificación y contracción de deudas ilícitas a las penas militares infamantes y a 6 meses de reclusión en una sección de castigo.  

Una nueva contribución al esclarecimiento de nuestros héroes revolucionarios alemanes.  

Que los grandes guerreros, Willich, Schimmelpfennig y Siegel, se junten cada vez más, está muy bien. Esta soldadesca tiene un esprit de corps increíblemente sucio. Se odian entre sí a muerte, se envidian mutuamente como escolares la más mínima distinción, pero frente a la gente del «Civil» están todos unidos. Exactamente, solo que en escala enana y caricaturesca, como en los primeros ejércitos franceses del 92/93. Consideran todos a la sociedad de Windmill Street como un batallón que, listo y acabado y en formación cerrada, marchará hacia acá; es lo único que queda, desde que han dispersado y despachado a los de Suiza. No es de extrañar que todos se adhieran a este noble cuerpo. Es muy bueno que ya desde ahora se llame la atención sobre este espíritu de cuerpo de oficiales, proveniente del viejo cuartel y de la mesa de oficiales, y que ya desde ahora se vea cómo esta camarilla domina entre el material de oficiales emigrados || tanto como en el glorioso ejército. Ya mostraremos a estos señores, a su debido tiempo, lo que significa el «Civil».  

Todas estas historias me muestran que no puedo hacer nada mejor que proseguir mis estudios militares, para que al menos uno del «Civil» pueda hacerles frente en el terreno teórico. En todo caso, haré de modo que semejantes asnos no me hagan callar a fuerza de palabrería. Por lo demás, que hayan sido estafados en 2000 táleros es muy grato. Las noticias de Colonia son muy agradables; que se anden con cuidado los de allí.  

La noble Johanna, en el oficio de mendigar, aplasta realmente todo lo que ha existido hasta ahora. Heinzen puede ahorcarse; a la desvergüenza como esta mujer, que además debe de ser fea como la noche, no ha llegado nunca.  

Que Girardin no apoya a Cavaignac, ya se deducía de los periódicos ingleses. Pero el que constate el hecho de que las posibilidades de Cav. están tan boyantes, basta para caracterizar la situación. Si se realizara la posibilidad de que hablas, de que la mayoría y Bonaparte firmen un pacto e intenten llevar a cabo la revisión ilegal, creo que la cosa saldría mal. Nunca lo conseguirán mientras Thiers, Changarnier y el Débats, con sus respectivas colas, estén en contra. La oportunidad para Cavaignac sería demasiado hermosa; y en ese caso, creo que podría contar con el ejército.  

Si hay alboroto el año próximo, Alemania se encontrará en una situación maldita. Francia, Italia y Polonia están interesadas en su desmembramiento. Mazzini ha prometido incluso, como has visto, la rehabilitación a los checos. Fuera de Hungría, Alemania sólo tendría un posible aliado: Rusia – siempre que allí se haya llevado a cabo una revolución campesina. De lo contrario, tendremos una guerre à mort con nuestros nobles amigos hacia los cuatro vientos, y es muy dudoso cómo terminará este asunto.  

Cuanto más reflexiono sobre este asunto, más claro me resulta que los polacos son una nation foutue, que sólo pueden ser utilizados como medio hasta que Rusia || misma sea arrastrada a la revolución agraria. Desde ese momento, Polonia cesa absolutamente de tener raison d’être. Los polacos nunca han hecho otra cosa en la historia que representar la valiente y pendenciera estupidez. No puede señalarse ni un solo momento en que Polonia, aun frente a Rusia, haya representado con éxito el progreso o hecho algo de significación histórica. Rusia, por el contrario, es realmente progresiva frente a Oriente. La dominación rusa, con toda su vileza, con toda su suciedad eslava, es civilizadora para el mar Negro y el mar Caspio y para el Asia central, para baskires y tártaros, y Rusia ha asimilado muchos más elementos de cultura y, sobre todo, elementos industriales que Polonia, que por toda su naturaleza es caballeresca y fanfarrona. El mero hecho de que la nobleza rusa fabrique, trapichee, estafe, se deje corromper y haga toda clase de negocios cristianos y judíos, desde el emperador y el príncipe Demidoff hasta el más mísero boyardo de 14.ª clase, que es tan sólo «blagorodno», bien nacido, ya eso constituye una ventaja. Polonia nunca ha sabido nacionalizar elementos extranjeros: los alemanes de las ciudades son y siguen siendo alemanes. De cómo entiende Rusia el rusificar a alemanes y judíos, cada ruso-alemán de segunda generación es un ejemplo elocuente. Incluso los judíos adquieren allí pómulos eslavos.  

De la «inmortalidad» de Polonia, las guerras napoleónicas de 1807 y 1812 ofrecen ejemplos contundentes. Lo único inmortal en los polacos era su pendencia sin objeto alguno. A ello se añade que la mayor parte de Polonia, la llamada Rusia Blanca, es decir, Bialystok, Grodno, Vilna, Smolensk, Minsk, Mohilev, Volinia y Podolia, se ha dejado gobernar tranquilamente por los rusos desde 1772, con pocas excepciones, ils n’ont pas bougé, salvo unos cuantos burgueses y nobles aquí y allá. Un tercio de Polonia habla lituano, un tercio ruteno, una pequeña parte medio ruso; y la parte propiamente polaca está germanizada a lo sumo en un tercio.  

Afortunadamente, en la N. Rh. Z. no hemos contraído obligaciones positivas respecto a los polacos, más que la inevitable de la restauración con una frontera adecuada, y aun ésta bajo la condición de la revolución agraria. Estoy seguro de que esa revolución se realizará antes plenamente en Rusia que en Polonia, por el carácter nacional y por los elementos burgueses más desarrollados en Rusia. ¡Qué son Varsovia y Cracovia frente a Petersburgo, Moscú, Odessa, etc.!  

Resultado: Quitar a los polacos en el Oeste lo que se pueda, ocupar sus fortalezas bajo el pretexto de la protección con alemanes, especialmente Posen, dejarles que hagan su economía, enviarlos al fuego, devorar su país, despacharlos con la perspectiva de Riga y Odessa, y, en caso de que los rusos sean puestos en movimiento, aliarse con éstos y obligar a los polacos a ceder. Cada pulgada que cedamos a los polacos en la frontera desde Memel hasta Cracovia arruina por completo, ya de por sí míseramente débil, esta frontera desde el punto de vista militar, y deja al desnudo toda la costa del Báltico hasta Stettin.  

Por lo demás, estoy convencido de que en el próximo alboroto toda la insurrección polaca se limitará a los nobles de Posen y Galitzia, con algunos advenedizos del Reino, pues éste está tan horriblemente esquilmado que ya no puede más, y que las pretensiones de estos caballeros, si no son apoyadas por franceses, italianos, escandinavos, etc., y reforzadas por alborotos checoeslavos, fracasarán ante la miseria de sus realizaciones. Una nación que pone a lo sumo 20-30.000 hombres, no tiene derecho a intervenir. Y Polonia ciertamente no pone muchos más.  

Saluda a Freiligrath cuando lo veas, y a tu familia, sin olvidar al ciudadano Müsch. Yo llegaré a Londres unos 8 días más tarde de lo que pensaba; el asunto depende de muchas pequeñas majaderías. A propósito de Colonia, todavía ni una línea. ¿Has escrito? Si no recibo la carta pronto, no me sirve de nada. No sé por qué D[aniels] no habría de hacerme ese favor. ¿No puedes escribir una vez más? D. puede garrapatear rápidamente un par de líneas y enviármelas a vuelta de correo. De lo contrario, podría verme en un aprieto infernal.  

Tuyo,  
F.E.  

M. 23 de mayo de 51.