Karl Marx a Friedrich Engels  
en Manchester  
Londres, 21 de mayo de 1851  

Londres, 21 de mayo de 1851.  
¡Querido Engels!  

Freiligrath está aquí y te manda saludos. Está aquí para buscar un puesto. Si no encuentra ninguno, quiere irse a América.  

Ha traído noticias bastante buenas de Alemania. Los de Colonia están muy activos. Sus agentes viajan desde septiembre. Tienen en Berlín dos representantes bastante buenos, y como los demócratas vienen constantemente a Colonia a pedir consejo, paralizan constantemente a los otros señores. Así, los de Braunschweig estaban a punto de entregar a Schimmelpfennig 2.000 táleros para el comité (social) de Londres. Pero antes enviaron al Dr. Lucius a Colonia y con ello la cosa se fue a pique.  

Kinkel está muy desacreditado en la provincia del Rin, especialmente en Bonn. El comité de allí había enviado a Johanna 200 libras esterlinas, pero ya a las dos semanas ella exigió que continuaran los envíos. Esto desagradó mucho a los pequeñoburgueses.  

Los de Colonia celebrarán un congreso comunista dentro de unas semanas.  

Siegel, el general en jefe, está aquí y se ha alojado en Windmill Street.  

También ha aparecido un número del «Kosmos» del general Haug. Contiene anuncios en favor de Willich, Kinkel y Göhringer. Las distintas bandas se amontonan cada vez más. Jamás he visto ni oído una insulsez más hinchada y pagada de sí misma. Entre otras cosas, contiene una bufonada de Arnold Winkelried Ruge. Este animal simula hacerse escribir una carta por un «anfitrión» alemán, en la que éste se asombra de todo lo que lee en los periódicos sobre la «hospitalidad inglesa», teme que el «cúmulo de asuntos de Estado» de Ruge pueda impedirle llevar su correspondiente porcentaje de ese «sibaritismo de la hospitalidad», y le pregunta: «¿Acaso no fueron invitados a Windsor, en lugar del traidor Radowitz, Mazzini, Ledru-Rollin, el ciudadano Willich, Kinkel y usted mismo?». Ruge instruye entonces a su amigo de lo contrario y le consuela con que la hospitalidad inglesa no les impedirá regresar a Alemania blandiendo antorchas. ¡L’imbécile!  

El conjunto está escrito con una idiotez de literato de cuarto curso, y con una estupidez pagada de sí misma que no tiene parangón en los anales de la historia universal. Y además con una falta de todo talento que es inaudita. Pero he de tratar de conseguirte un ejemplar de este libelo.  

El chinche de Meyen corre por aquí muy atareado, confiando a todo el que quiera oírlo el secreto de que Marx y Engels han perdido todo partidario y toda influencia en Alemania. ¡Espantoso Meyen!  

Por lo demás, para darte un ejemplo de la desvergonzada impertinencia de esta canalla, de su miserable mendicidad:  

El domingo pasado estuve en John Street, donde el viejo Owen dio una conferencia con motivo de su 80º cumpleaños. A pesar de sus ideas fijas, el anciano estuvo irónico y amable. Uno de los satélites del «Kosmos», cuando el viejo señor hubo terminado, se abalanzó hacia él y le puso el «Kosmos» en la mano, declarando que el periódico contenía sus principios. Y el anciano realmente lo recomendó al público. ¡C’est par trop drôle!  

Por lo demás, aquella noche no pude evitar hablar de nuevo con Harney, que se me acercó medio achispado y muy efusivo, y preguntó por ti.  

Los negocios de mendicidad de Willich van muy bien. Cuando llegaron los refugiados de Schleswig-Holstein, sacó más de 200 libras a los comerciantes de la City «para éstos (!)».  

Girardin dice, ciertamente, que Cavaignac es ahora el único candidato serio del partido del orden, de la masa burguesa. Pero él mismo lo ataca, a él y a Changarnier, con furia, y su polémica recuerda los mejores tiempos de su lucha contra el National. Este tipo provoca mayor agitación en Francia que toda la banda de los montañeses y los rojos juntos. Bonaparte parece estar fuera de discusión. Sin embargo, si la mayoría realista de la Asamblea Nacional vuelve a violar la Constitución y decide la revisión de la misma por mayoría simple, al final se verá obligada —puesto que entonces perderá todo apoyo legal— a pactar un compromiso con Bonaparte como titular del poder ejecutivo. En ese caso, quizá podrían producirse colisiones serias, ya que difícilmente Cavaignac se dejará quitar una vez más la oportunidad delante de las narices.  

Pronto estará aquí toda la nueva Rh. Z. Me extraña la demora de Lupus. Ojalá no le haya ocurrido ninguna desgracia.  

Ahora estoy siempre en la biblioteca desde las 10 de la mañana hasta las 7 de la tarde, y dejo la Exposición Industrial hasta tu llegada.  

¿Has leído en el Débats la epístola falsa y la auténtica de Mazzini?  

Tuyo,  
K. M.  
Müsch saluda a «Friedrich Engels».  

A propósito. Willich y Schimmelpfennig han lanzado a «Sus hermanos del ejército prusiano» el inevitable llamamiento.