Me alegra que no haya ocurrido nada con las cartas, siempre es mejor así. El administrador de correos de aquí también me ha dado una explicación suficiente de la carta que llegó con retraso. En el futuro, escribe en la dirección la calle y el número encima de la ciudad, de modo que Manchester quede abajo del todo; los empleados de correos están acostumbrados a ello y, como en aquella carta la calle estaba abajo, pasaron por alto el «Manchester» y la devolvieron a Londres como carta urbana de Londres.

La última novedad es que estás completamente hundido. Crees haber descubierto la verdadera teoría de la renta del suelo. Crees ser el primero en echar por tierra la teoría de Ricardo. ¡Desdichado de ti!, te han adelantado, estás vencido, derrotado, aniquilado, todo el fundamento de tu *monumentum aere perennius* se ha venido abajo. Escucha: el señor Rodbertus acaba de publicar el tercer tomo de sus «Cartas sociales a von Kirchmann» — 18 pliegos. Este tomo contiene una «refutación completa de la doctrina de Ricardo sobre la renta del suelo y la exposición de una nueva teoría de la renta». *Leipziger Illustrirte Zeitung* de la semana pasada. Ahora ya tienes lo tuyo.

Los esfuerzos del gran Kinkel por salir de la sociedad irrespetable llamada Comité Europeo sin dejar mal olor son muy divertidos. Habrás visto en el *Sun* del sábado que algunos demócratas aulladores organizaron en Elberfeld una asamblea y pequeños disturbios, y distribuyeron esas proclamas. Todo eso se ha conseguido mediante las ligas católico-alemanas de Ronge. Ni Kinkel ni ningún otro del coro habría conseguido nada allí.

El asunto de Cavaignac es en todos los aspectos funesto; si Girardin dice de él que tiene las mayores probabilidades, debe de ser verdad. Además, esos tipos se dan cada vez más cuenta de que la revisión es imposible… por medios legales. Y el medio ilegal es un golpe de Estado, y quien empieza dando golpes de Estado resulta *écrasé*, dice el *Débats*. Napoleón empieza a estar horriblemente desgastado. Changarnier está aniquilado, completamente jubilado, la fusión no conduce a nada inmediatamente práctico, por bonita que sea, *il n’y a que Cavaignac*. En fin de cuentas, que ese tipo aplazara la revolución no sería tan peligroso; unos cuantos años de desarrollo industrial resuelto, de superación de una crisis y de un nuevo período de prosperidad no podrían hacer ningún daño, sobre todo si fuesen acompañados de reformas burguesas en Francia, etc. Pero Cavaignac y la reforma burguesa significan en Francia la reforma arancelaria y la alianza inglesa, y, en la primera ocasión, la guerra contra la Santa Alianza, con ayuda de Inglaterra, con tiempo suficiente para armarse, con una invasión largamente preparada contra Alemania, y eso podría costarnos la frontera del Rin, que es de todos modos el mejor medio para tranquilizar al socialismo de los sapos con un pago a cuenta de *gloire*.

Por lo demás, el *Débats* está tan venido a menos que ya sólo ve la salvación de la sociedad en el mantenimiento de la nueva ley electoral.

El asunto de Faucher y Meyen es magnífico. Como de las *Deutsche Illustrirte London News* sólo vi la primera página del primer número en el escaparate de una tienda, sentía bastante curiosidad por saber quiénes eran los «primeros escritores alemanes» que escribían esos ampulosos disparates.

El *Frankfurter Journal* se hace escribir desde Colonia que ahora a los refugiados en Londres les va pasablemente, con excepción de los que están en el cuartel, entre los cuales también se halla Willich. La *Augsburger Allgemeine* cree realmente que el Alien Bill sigue en vigor, y se imagina a los refugiados —esos judíos eternos del siglo XIX— rondando temblorosos por Londres, pálidos de miedo ante esa ley.

De la revolución portuguesa no digo nada. Sólo cabe señalar que Saldanha, como puro insurgente personal, al estilo de «apártate, Costa Cabral, que me instalo yo», no consiguió absolutamente nada, pero que desde el momento en que se vio obligado a unirse a los ciudadanos liberales de Oporto y a acoger a su lado, en la persona de Manuel Passos, a un representante todopoderoso de ese poder burgués, todo el ejército se pasó a su bando. La posición que obtenga Passos y la evolución inmediata mostrarán si Saldanha y la reina no intentan volver a engañar a los burgueses. Lisboa no es nada; Oporto es el centro de los ciudadanos constitucionales, de la escuela de Manchester de Portugal.

Alégrate de que el señor Gögg no haya ido a verte. ¡Que el diablo se lleve a todas esas mediocridades infladas!

Tuyo,
F. E.
Mánchester, lunes 19 de mayo de 51.