Karl Marx a Friedrich Engels 
en Manchester 
Londres, 16 de mayo de 1851 

|Londres 16 de mayo. 
¡Querido Engels!

Tu carta, que llegó anteayer, la recibí demasiado tarde para contestarla aún. Ya estaba en el Museo antes de que apareciera el cartero, y no regresé a casa hasta las 7 de la tarde. Ayer, sin embargo, con la mejor voluntad no pude escribirte, pues tenía tales dificultades en el bajo vientre que casi me reventaba la cabeza, como el tambor al negro de Freiligrath.

La confusión anterior proviene simplemente de que, en cuanto recibí tu primera carta, le di a uno de los dos holgazanes (S[chramm]) un escrito para ti a fin de que lo despachara al correo. Él lo había dejado olvidado, y las pocas líneas se hallaban todavía ayer en su cartera.

En cuanto a la electricidad, la noticia sobre ella se encuentra en el Economist de 1845. Por lo demás, no contiene nada que no te haya comunicado yo, junto con el relato de que el ensayo se realizó con el mayor éxito en Escocia. Menciona incluso al granjero.

Freiligrath vendrá en estos días.

Ahora, a los asuntos postales. Creo que el correo es inocente. Al menos, yo soy el único responsable por la mala forma de los sellos. Lo único que me es del todo alienum es esto: x Manchester x 

¿Has visto en la Kölnische Zeitung cómo el insolente Kinkel, por medio de su mujer, niega toda participación en el manifiesto del fuerte «Provisorio»? ¿Y cómo se inventa «una grave enfermedad» para acrecentar el interés del filisteo alemán?

Por intervención de mi digno cuñado ministro, la impresión de mis cosas, así como de la Revue, ha vuelto a estancarse. Parece que Becker ha tropezado con dificultades en Verviers.

En Francia, Cavaignac parece ganar terreno vertiginosamente. Su elección sería la solución racional, pero aplazaría la revolución por años.

El congreso de Nicolás, Federico Guillermo y Habsburgo tiene aproximadamente la misma significación que el del general Haug, Rüge y Ronge. El impuesto sobre la renta, por lo demás, || era por el momento lo más inteligente que podían hacer los prusianos.

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Marx a Engels - 16 de mayo de 1851 

Ahora, una ojeada a la emigración de aquí.

Bajo un tipo (alemán), cuyo nombre ignoro, o más bien con ese tipo, se alistaron el inmortal Faucher, el inevitable E. Meyen, que ahora también está aquí, etc., en la London (Daily) Illustrated News como redacción del artículo alemán. Como ninguno de esos tipos sabe inglés, solicitaron una redacción superior, un angloalemán. Les fue presentada una vieja mujer que estuvo en Alemania hace 20 años y habla un alemán chapurreado. Censuró, como el viejo Dolleschall, en particular los profundos artículos de E. Meyen sobre «Escultura». Este idiota reproducía aquí, en Londres, sus asnerías artísticas emborronadas ya hace 10 años en la hoja literaria de chismes de Berlín. También Faucher fue censurado sin misericordia. Y hace unos días, el editor cita ante sí a estos mocosos, quienes, aunque de mala gana, soportaban sumisos el dominio de la vieja mujer, y les declara a estos señores que no puede usar sus propios mamarrachos, que deben limitarse a traducir artículos ingleses. Como los infelices no entienden inglés, esto fue una despedida en toda regla. Y tomaron su despedida. Y Meyen tendrá que esperar y aguardar otra década para colocar su «Escultura».

Aún más. La Kölnische Zeitung ha expulsado sin más miramientos al señor Faucher hace ya semanas, con la observación de que sus artículos aburren al público.

¿Qué dices de la revolución portuguesa?

El señor A. Goegg está aquí; fue interceptado inmediatamente por Wülich y Cía. y dio conferencias en la Windmill. ¡Adelante!

Maintenant, mon cher, adiós. De ahora en adelante, la correspondencia volverá a encauzarse normalmente.

Tuyo 
K. M.|

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