I. Querido Marx:

Te remití la semana pasada un verdadero cargamento de cartas, entre ellas 1 con dinero y 1 por conducto de Pieper. Luego, el martes anterior, te escribí también otra, a la que aguardaba hoy, de todos modos, respuesta. Ni una línea. He de suponer que todas las cartas se han extraviado, puesto que aguardaba de todos modos respuesta a la enviada por Pieper, y su falta me coloca en un aprieto ante el administrador de correos de aquí. O bien ha ocurrido alguna desgracia, y también en este caso serían deseables dos palabras; el asunto me inquieta considerablemente, y si mañana o a más tardar pasado mañana no recibo nada tuyo, no sé qué pasa, ni cómo habré de arreglármelas para enviarte cartas de modo que no se pierda ninguna.

El administrador de correos de aquí desea que en el futuro no dirijas tus cartas como hasta ahora, sino así: arriba el nombre, debajo número y calle, y abajo del todo Manchester. Lo atribuye a que hace poco una carta tuya hizo el viaje de aquí a Londres, de vuelta y luego otra vez acá. Así que, respuesta a vuelta de correo.

Tuyo,
F. E.

Jueves.