Friedrich Engels a Karl Marx
en Londres
Manchester, 9 de mayo de 1851

Viernes, 9 de mayo de 1851.
Querido Marx:

Ayer te envié dos cartas, la una sin más contenido que una Post Office Order, la otra por medio de Tupman; espero que hayas recibido ambas.

La historia eléctrica es sencilla en lo que respecta a la construcción. En las cuatro esquinas A, B, C y D —supongo que tienes allí el dibujo— se clavan estacas en la tierra, y un grueso alambre —a 3 pulgadas bajo la superficie del suelo— se tiende de una de estas estacas a la otra, de modo que bajo tierra rodea todo el campo. En E y F, al norte y al sur, se clavan dos postes en la tierra, cuyas puntas —a 15 pies sobre el suelo— se unen igualmente mediante un alambre. Los dos extremos de este alambre descienden por el poste y bajo tierra se conectan con el alambre oculto A B C D. De igual modo, un alambre transversal de G a H sobre dos postes, que en el centro cruza el alambre E F. Para qué sirven el saco de carbón vegetal y las placas de zinc no me queda del todo claro, pues he olvidado la naturaleza eléctrica del carbón vegetal — sospecho que con este carbón vegetal en G y el zinc en H, estando ambos igualmente enterrados y en conexión con el gran alambre enterrado, el tipo quiere polarizar la electricidad, establecer un polo positivo (zinc) y uno negativo (carbón).

El resto se refiere a cuestiones técnicas, aislamiento de los alambres, etc.

Puesto que no me escribes más, supongo que el asunto se refiere a algún experimento; me parece que me hablaste de que algo así venía en el Economist o cosa semejante. El éxito del asunto me resulta algo dudoso, aunque tal vez se pueda lograr algo si se extiende y se perfecciona. Solo cabe preguntarse: 1) cuánta electricidad puede captarse del aire de esa manera, y 2) cómo actúa esa electricidad sobre el crecimiento y la germinación de las plantas. En cualquier caso, házmelo saber, si el experimento ha sido ya realizado y con qué [113] éxito y dónde se encuentra el informe sobre ello.

Engels a Marx - 9 de mayo de 1851

Dos pegas tiene, en todo caso, el asunto:

1) El tipo quiere que el alambre que debe captar la electricidad esté tendido exactamente de norte a sur, y sin embargo prescribe a los farmers que lo dispongan según la brújula. De la declinación de la brújula, que aquí en Inglaterra asciende a unos 20-23 grados, no dice ni palabra, y en todo caso habría de decir si la ha tenido en cuenta. Los farmers ciertamente nada saben de declinación y tenderían el alambre según la aguja magnética, con lo que no apuntaría de norte a sur, sino de nornoroeste a sudsudeste.

2) Si la electricidad ejerce un efecto favorecedor sobre la germinación y el crecimiento de las plantas, en primavera hará germinar las plantas demasiado pronto, exponiéndolas a las heladas nocturnas, etc. Esto, en todo caso, habría de manifestarse, y solo se le podría poner remedio interrumpiendo durante el invierno la comunicación entre los alambres aéreos y los enterrados. Tampoco de esto habla el hombre. Ahora bien, o bien la electricidad así captada carece de todo efecto favorecedor, o bien tiene el de la brotación prematura. También esto ha de ser aclarado.

Por lo demás, el asunto no puede juzgarse hasta que no se lo ponga a prueba y haya resultados; por eso dime dónde puedo encontrar lo ulterior acerca de esta materia.

Doy gracias al Creador en las alturas de que el asno central se haya reencontrado, y hasta su Cosmos les concedo. Bien pronto volveremos a tener un órgano, en la medida en que lo necesitemos, y en el que podamos rechazar todos los ataques sin que parezca que esto parte de nosotros. Esa es una ventaja de la proyectada revista mensual de Colonia frente a nuestra Revue. Nosotros le echaremos todo eso al bonachón de Bürgers; algo ha de tener él en compensación por su profundo sentido.

Que las injurias no encuentren en Alemania menos curso que en América y Londres no es de esperar otra cosa. Tú tienes ahora la orgullosa posición de ser atacado desde dos mundos a la vez, cosa que jamás le ocurrió a Napoleón. Por lo demás, nuestros amigos en Alemania son unos asnos. Que no tomen nota de meras injurias, salvo para dar, cada trimestre, dos palabras || sobre el estado de este limpio trade, está muy en orden. Pero cuando se llega a las calumnias, cuando el filisteo democrático ya no se contenta con la simple convicción de que uno es el monstruo más negro, sino que empieza a lanzar hechos inventados y tergiversados, entonces verdaderamente no sería demasiado que los señores nos enviasen los documentos para que uno pueda tomar sus medidas. Pero el alemán cree haber hecho bastante con simplemente no creer semejantes tonterías. Dile, pues, a Tupm[an] que escriba a M[iquel]; ni siquiera es necesario que se responda de inmediato, sino que, cuando se tengan un par de docenas de piezas de esa [114] bazofia, se podrá arremeter con fuerza una buena vez y aplastar a los chinches d’un seul coup de pied. En cuanto a que quieran hacer imposible nuestra estancia en Alemania… ¡laissons-leur ce plaisir! No pueden borrar de la historia la N.Rh. Z., el Manifiesto y tutte quante, y de nada les sirven todos sus aullidos. Las únicas gentes que podrían volverse peligrosas para nosotros en Alemania serían asesinos a sueldo, y desde que Gottschalk ha muerto, nadie tiene en Alemania el coraje de echarnos al cuello a semejantes sujetos. Et puis, ¿no tuvimos que conquistar también nosotros nuestra posición en Colonia en 1848, y liarse, amarnos, la chusma democrática, roja o incluso comunista nunca nos amará?

Me alegro de que estés tranquilo hasta ahora, de las gentes de la Exposición. A mí ya se me echan encima. Ayer estuvieron aquí dos comerciantes de Lecco, uno de ellos un viejo conocido de 1841. Los austriacos están haciendo de las suyas en Lombardía. Después de todas las contribuciones, los repetidos empréstitos forzosos y los impuestos exigidos una y otra vez tres veces al año, por fin se impone cierta regularidad. Los comerciantes medios de Lecco han de pagar 10.000-24.000 veintenas (350-700 £) al año —en impuestos directos regulares, todo hard cash. Como a partir del año próximo los billetes de banco austriacos serán introducidos también allí, el gobierno quiere retirar previamente todo el dinero metálico. || Con ello, a la alta nobleza —i gran ricchi— y a los campesinos se los trata comparativamente con muchos miramientos — ü medio liberale, la clase media liberal de las ciudades ha de pagarlo todo. Ya ves la política de esos tipos. Que bajo esta presión —en Lecco han firmado una declaración y la han enviado al gobierno diciendo que no pagarán más, que los embarguen si quieren, pero que si este sistema no cesa emigrarán todos, y varios han sido ya embargados— que en tales circunstancias esos tipos esperen a Mazzini y declaren que hay que lanzarse, porque no pueden resistir más, perché rovinati siamo e rovinati saremo in ogni caso —eso se comprende. Esto explica muchas cosas en la furia de los italianos por lanzarse al golpe. Estos tipos de aquí son todos republicanos, y además burgueses de pro y respetados —el uno es el primer comerciante de Lecco y él mismo paga 2.000 veintenas mensuales de impuestos. Quería saber a toda costa cuándo se iba a lanzar; entre ellos, en Lecco —el único sitio donde soy popular— habían decidido que yo tenía que saberlo al dedillo.

Mañana, [a ver] a Wellington, cosa que estos tipos me han impedido.

Tuyo
F.E.

Esta carta está sellada con lacre y con nuestro sello de la firma E[rmen] & E[ngels]. Verás, pues, si ha sido violada. |