Friedrich Engels a Karl Marx  
en Londres  
Manchester, 3 de abril de 1851  

Querido Marx,

La historia de mi carta abierta es muy extraña. En la oficina sólo puede haberla abierto nuestro dependiente, y no le atribuyo el coraje para ello; además sólo podría haberlo hecho durante la ausencia del viejo Hill y no creo que éste abandonara la oficina ni un momento. De los Ermen no había ninguno en la ciudad. Naturalmente, la cosa no se puede esclarecer, ya que existe una probabilidad considerable —visto las interpelaciones en el Parlamento a causa de los refugiados— de que haya ocurrido en la propia oficina de correos. El que el dependiente, que está más al servicio de Ermen Brothers que de E[rmen] & E[ngels], se me haya vuelto algo sospechoso últimamente, ya me había llamado la atención antes; pero de ahí a abrir una carta il y a loin encore. En todo caso, en el futuro sabré prevenir esa cosa. Aunque el necio hubiera leído la carta, no habría mucho en ello; pues si el individuo alguna vez, p. ej., cuando viniera mi viejo, pretendiera hacer uso de la información, quedaría tan comprometido que sería despedido de inmediato. Sin embargo, como he dicho, no le atribuyo el coraje.

En cuanto a la cuestión que planteas en tu penúltima carta, no está del todo clara. Sin embargo, pienso que bastará lo siguiente.

El comerciante como firma, como generador de ganancias, y el mismo comerciante como consumidor, son en el comercio dos personas completamente distintas, enfrentadas una contra otra. El comerciante como firma se llama Capitalconto, resp. Cuenta de Pérdidas y Ganancias. El comerciante como comilón, bebedor, habitante y procreador de hijos se llama Cuenta de Gastos de la Casa. El Capitalconto debita, pues, a la Cuenta de Gastos de la Casa cada céntimo que pasa de la caja comercial a la privada, y como la Cuenta de Gastos de la Casa tiene sólo Debe, pero ningún Haber, siendo por tanto uno de los peores deudores de la firma, al final del año la suma total del Debe de la Cuenta de Gastos de la Casa es pura pérdida y se descuenta de la ganancia. En el balance y en el cálculo del porcentaje de ganancias, sin embargo, la suma gastada para la casa suele considerarse como aún existente, como parte de la ganancia; p. ej., con un capital de 100 000 Th.  

se han ganado 10 000 Th., pero se han despilfarrado 5 000, y se calcula haber hecho un 10 % de ganancia, y después de haber contabilizado todo correctamente, el Capitalconto figura al año siguiente con un Debe de 105 000 Th. El procedimiento mismo es algo más complicado de lo que expongo aquí, ya que el Capitalconto y la Cuenta de Gastos de la Casa rara vez o sólo al cierre anual entran en contacto, y la Cuenta de Gastos de la Casa figura habitualmente como deudor de la Cuenta de Caja que hace de intermediario, pero en última instancia viene a parar a lo dicho.

Con varios socios la cosa es muy sencilla. P. ej., A tiene 50 000 Th. en el negocio y B igualmente 50 000; obtienen 10 000 Th. de ganancia, y cada uno consume 2 500 Th. Las cuentas se presentan, pues, al final del año —en contabilidad simple, sin las cuentas imaginarias— del siguiente modo:

A Haber en A & B — Capital ingresado Th. 50 000.—  
"      "      "      "         Participación en la ganancia  Th. 5 000.—  
                                                             Th. 55 000.—  
Debe      "      "      "     por Efectivo ...... 2 500.—  
A Haber para el próximo año Th. 52 500.—  

Igualmente B. Así, el negocio calcula siempre haber hecho un 10 % de ganancia. En una palabra: los comerciantes, al calcular los porcentajes de ganancia, ignoran los costes de existencia de los socios; en cambio, al calcular el aumento del capital por la ganancia, los toman en cuenta.

Escribir sobre la campaña húngara —o mejor aún, si fuera posible, sobre todas las campañas de 1848/50— me parecería bien, con tal de que pudieran conseguirse todas las fuentes. La N. Rh. Z. no me serviría de nada más que para la comparación de los boletines austriacos, y cuán llenos de lagunas son éstos lo sabes tú. Necesitaría por lo menos de 10 a 12 obras sólo sobre esta campaña, y aún entonces me faltaría lo principal: el Közlöny (Moniteur) de Kossuth. En nada se expone uno más fácilmente al ridículo que en la historia de la guerra, cuando se quiere razonar sin tener todos los datos sobre efectivos, aprovisionamiento, municionamiento, etc. Todo eso sirve para un periódico, donde todos los papeles están igual de mal informados y donde de lo que se trata es de sacar las conclusiones correctas a partir de los pocos datos que se tienen. Pero para poder decir, post festum, en todos los casos decisivos: aquí se habría debido actuar de tal o cual modo, y aquí se actuó correctamente aunque el resultado parezca contradecirlo, para ello, creo yo, los materiales sobre la guerra húngara no están todavía suficientemente a disposición del público. Por ejemplo, ¿quién me consigue los efectivos de los ejércitos austriaco y húngaro y de los diversos cuerpos en la víspera de cada batalla y de cada movimiento importante? Las memorias de Kossuth y Görgey tendrían que haberse publicado primero, y los planes de batalla y de campaña presentados por Dembinski tendrían que estar a la vista en forma auténtica.  

Sin embargo, incluso con el material existente se podría ya aclarar no pocas cosas, y quizás elaborar un artículo bastante interesante. Por lo pronto ya está claro: la insurrección húngara, como la polaca de 1830 y como el imperio ruso en 1812, sólo se salvó a principios de 1849 gracias al invierno. Hungría, Polonia y Rusia son los únicos países de Europa donde una invasión en invierno es imposible. Pero siempre es fatal cuando una insurrección sólo se salva por el barro que la rodea en profundidades insondables. Si el asunto entre Austria y Hungría hubiera estallado en mayo en lugar de en diciembre, jamás se habría organizado un ejército húngaro y toda la historia habría acabado como Baden, ni plus ni moins. Cuanto más estudio la guerra, más fuerte se vuelve mi desprecio por el heroísmo — una frase de mal gusto, ese heroísmo que un soldado decente jamás toma en boca. Napoleón, cuando no dirige proclamas ni tiradas, sino que habla coolly, nunca habla de glorieux, courage indomptable, etc., sino que a lo sumo dice: il s'est bien battu.

Por lo demás, si estalla una revolución en Francia el año próximo, no cabe la menor duda de que la Santa Alianza llegará por lo menos hasta las puertas de París. Y dados los notables conocimientos y la rara energía de nuestros revolucionarios franceses, es muy dudoso aún si los fuertes y la enceinte de París están siquiera armados y aprovisionados. Pero si se toman 2 fuertes, p. ej., St. Denis y el siguiente hacia el este, entonces París y la revolución están, jusqu'à nouvel ordre, en la mierda. Te lo expondré detalladamente en breve desde el punto de vista militar, y al mismo tiempo la única medida que puede adoptarse para al menos debilitar la invasión: la ocupación de las fortalezas belgas por los franceses y de las renanas mediante un muy dudoso coup de main insurreccional.

La siguiente broma para caracterizar a la caballería de polainas prusiana y para explicar las posteriores derrotas en Jena, etc., te divertirá: los golpes en apariencia audaces, pero au fond sumamente seguros, de Napoleón en la campaña de Marengo llevaron al general prusiano Bülow, de la escuela del viejo Fritz, padre o tío del posterior Bülow de 1813, a las siguientes conclusiones: 1) basar un sistema bélico en lo absurdo, a fin de poner al adversario constantemente “en aprietos” mediante nuevas locuras, y 2) en lugar de la bayoneta de la infantería, ¡darles lanzas como en la Guerra de los Treinta Años! Para batir a Napoleón, abolir la pólvora, qu'en dis-tu?

Que, a pesar de todo, vengas a finales de mes me alegra mucho. Pero has de traerme en esa ocasión el ejemplar completo n.º 11 de la NRhZtg — con él elaboraré fichas sobre todos los asnos demócratas alemanes y, asimismo, sobre los dosieres franceses — un trabajo que ha de hacerse en todo caso antes de que volvamos a ser arrojados a alguna mierda. Sería bueno que con este propósito el digno Liebknecht, qui est assez bon pour cela, fuera al Museo y allí repasara las votaciones de las asambleas de Berlín, Fráncfort y Viena, que sin duda se encuentran allí (en los informes estenográficos), y las extractara para el conjunto de la izquierda.

Sabes que no he leído el final de Daniels. Que el tipo se empeñe en los «conceptos» como lo mediador entre los hombres, etc., es explicable; no se lo podrás quitar de la cabeza tú que escribes sobre fisiología. Siempre se salva, al final, con el argumento de que todo hecho fáctico que actúa sobre los hombres provoca en ellos conceptos, y que la reacción contra ese hecho es, por tanto, en segunda instancia una consecuencia del hecho, pero en primera instancia una consecuencia de los conceptos. Contra esta lógica formal no hay, ciertamente, nada que decir, y todo depende enteramente de la manera de su exposición en el manuscrito, que no conozco. Creo que lo mejor sería escribirle que ya sabe a qué malentendidos están expuestas estas y aquellas partes y que, por tanto, las modifique de modo que resalte claramente la «verdadera» opinión. Eso es todo lo que puedes hacer, a menos que reescribieras tú mismo el manuscrito en los pasajes cuestionables, lo cual tampoco es posible.

Hazme saber cómo está tu mujer y salúdame cariñosamente a ella.  
Me alegro de que por fin hayas acabado con la economía. Realmente la cosa se alargaba demasiado, y mientras tengas delante un libro que consideras importante sin leer, no te pones a escribir.  
¿Qué hay de un editor para los 2 volúmenes de 60 pliegos que proyectas? Si eso estuviera all right, se podría convencer al tipo para que proporcionara lo necesario para el artículo húngaro —yo ya lo especificaría—, au besoin a cuenta de los honorarios futuros. Sería necesario, además, un mapa especial muy bueno de Hungría y Transilvania, a ser posible con planos de batallas, que no figuran, que yo sepa, en las obras existentes — y solo el mapa podría costar unos 15—20 taleros. Lo mandaría buscar por Weydemeyer. A propósito, ¿tienes su dirección? Quisiera preguntarle acerca de los libros militares elementales sobre organización y táctica; precisamente esta porquería no puedo conseguirla aquí. Mira también qué se podría conseguir, en su caso, de la Beck en materia de libros sobre Hungría, o por mediación de ella. También necesito el Decker que todavía está en tu poder.

Tuyo F. E.  
3 de abril.