Marx a Engels

en Manchester

[Londres] 31 de marzo de 1851

28, Dean Street, Soho

«Querido Engels:

Mientras tú te atiborras de bizcochos y otras cosas, yo libro una pequeña guerra en la que yo, by and by!, amenazo con sucumbir y de la que ni Napoleón ni siquiera Willich —el Cromwell comunista— habrían encontrado salida.

Sabes que el 23 de marzo tenía que pagar 31 libras 10 chelines al viejo Bamberger y el 16, 10 libras al judío Stiebel, todo en letras de cambio en circulación. Primero había hecho preguntar directamente a mi suegra (?) a través de Jenny. La respuesta fue que el señor Edgar (?) había sido expedido nuevamente a México con el resto del dinero de Jenny y que no podía sacar ni un céntimo.

Luego escribí a mi madre, amenazándola con girarle letras de cambio y, en caso de impago, irme a Prusia y dejarme encarcelar. Esto último pensaba hacerlo realmente llegado el caso, pero semejante recurso dejó de existir, naturalmente, desde el momento en que los asnos de los periódicos empezaron a aullar sobre la deserción de los obreros de mi lado, el declive de mi popularidad y cosas semejantes. La cosa habría parecido, de otro modo, un golpe teatral político, una imitación más o menos deliberada del Jesucristo Kinkel. A mi vieja le había fijado el 20 de marzo como plazo.

El 10 de marzo me escribió que quería escribir a los parientes; el 18 de marzo me escribe que los parientes no habían escrito, lo que venía a significar: el asunto quedaba concluido. Le contesté enseguida: que se quedaba en lo dicho en mi primera carta.

A Stiebel le pagué el 16 de marzo sus 10 libras con ayuda de Pieper. El 23 de marzo, después de dar una serie de pasos infructuosos, naturalmente hubo que protestar la letra de cambio del viejo Bamberger. Tuve una escena horrible con el viejo, quien, además, se despachó a gusto insultándome ante el digno Seiler. El asno había pedido informes sobre mí, por medio de su banquero de Tréveris, al banquero Lautz.

Este sujeto, el banquero de mi vieja y mi enemigo personal, escribió, por supuesto, las mayores impertinencias sobre mí a este lugar y además fanatizó a mi vieja en mi contra.

Ante el viejo Bamberger no me quedó más remedio que firmarle 2 letras de cambio: una contra él, aquí en Londres, a 4 semanas vista desde el 24 de marzo; la otra a 3 semanas, sobre Tréveris, contra mi vieja, para cubrir la primera. Se lo notifiqué inmediatamente a mi vieja. Hoy, al mismo tiempo que tu carta, recibo una de mi vieja en la que se me enfrenta de manera altamente impertinente, llena al mismo tiempo de indignación moral, y me declara positivamente que protestará cualquier letra de cambio que yo gire contra ella.

De modo que, para el 21 de abril, tengo que esperar lo peor del enfurecido viejo Simon Bamberger.

Al mismo tiempo, mi mujer dio a luz el 28 de marzo. El parto fue fácil, pero ahora yace muy enferma, más por razones burguesas que físicas. Y mientras, no tengo literalmente ni un farthing en casa, y en cambio abundan las cuentas del pequeño commerce, el carnicero, el panadero, etc.

De Escocia tendré aquí copia del testamento dentro de 7 u 8 días. Si puede hacerse algo con él, lo hará el pequeño Bamberger, en su propio interés. No puedo confiar en ello.

Reconocerás que toda esta mierda es passablement? agradable y que me estoy metiendo hasta la coronilla en la mierda pequeñoburguesa. ¡Y encima, uno ha explotado a los obreros! ¡y aspira a la dictadura! ¡Quelle horreur!

Mais ce n’est pas tout. El fabricante que me prestó dinero en Bruselas, oriundo de Tréveris, me pisotea y me lo reclama porque su ferrería va mal. Tant pis pour lui. A él no le puedo hacer justicia.

Pero en fin, para darle a la cosa un remate tragicómico, se añade todavía un misterio que te revelaré ahora en très peu de mots. Mas precisamente ahora me interrumpen y tengo que hacer de enfermero junto a mi mujer. Así que lo otro, en lo que tú también desempeñas un papel, para la próxima.

Tuyo,
K. M.

A propósito. ¿Cómo calculan los comerciantes, fabricantes, etc., la parte de su ingreso que consumen ellos mismos? ¿Ese dinero lo obtienen también del banquero o cómo se arregla eso? Te ruego que me contestes.