en Colonia

[Londres] 28 de febrero [1851]

Querido Becker:

Espero que hayas recibido la «Rh.Z.». No comprendo tu silencio. Si me hubieses enviado las cartas de Willich que te pedí, no tendría que contarte las porquerías que siguen. Todavía tengo que rogarte el envío inmediato de esas cartas… El siguiente informe debe ser leído a todos nuestros amigos, que deberán difundir la noticia por toda Alemania.

Se trata del banquete londinense del 24 de febrero, donde dos de nuestros amigos y copartidarios? fueron públicamente «haynauizados»* bajo la presidencia del valeroso caballero de Willich. Para que podáis comprender los siguientes hechos, permitidme las siguientes observaciones preliminares:

La emigración francesa se había dividido en varias escisiones partidistas, como todas las demás. Entonces fundaron conjuntamente una sociedad en Church Street [37], de carácter filantrópico, para apoyar a los refugiados. La política quedaba excluida de ella. Así se ofreció un terreno neutral a todos los matices de la emigración francesa. De esta manera se hallaron aquí, al mismo tiempo, Ledru-Rollin y Louis Blanc, montagnards y cabetistas, blanquistas, etc.

Se acercaba el 24 de Febrero. Ya sabéis que una ocasión semejante para darse importancia es preparada, discutida, traída y llevada por los franceses con tanta anticipación como el eventual alumbramiento de una mujer. La sociedad de Church Street convocó, por tanto, una reunión general para tomar medidas con vistas a la celebración de ese «glorioso» día. L. Blanc y Ledru-Rollin estaban presentes. El pequeño Blanc —notabene, no sabe improvisar, escribe sus discursos y los aprende de memoria ante el espejo— se levantó y pronunció un discurso artificiosamente elaborado, limado, jesuítico, en el que intentaba demostrar que esta sociedad, siendo de naturaleza filantrópica, no podía organizar ningún banquete político, y por tanto, tampoco una celebración de la revolución de Febrero. Ledru-Rollin le respondió. El pequeño Blanc, en el calor de la réplica, se le escapó la confesión de que, puesto que Ledru y Mazzini no le habían acogido en el Comité Central Europeo, él no participaría en ningún banquete con ellos. Se le respondió que no era el Comité Central Europeo el que organizaba el banquete, sino la sociedad de Church Street, compuesta por todos los matices de la emigración francesa.

Al día siguiente, esta sociedad recibió una carta de L. Blanc, en la que anunciaba que él organizaría un contra-banquete monstruo…

Así había logrado L. Blanc reclutar a Harney y, con él, a una parte de sus seguidores para su banquete. El terreno inglés estaba abonado. Pero faltaba aún el trasfondo continental, que al mismo tiempo debía poseer el carácter de un arco iris central europeo. Con este fin, Louis Blanc echó su mirada de conocedor sobre la caricatura del comité mazziniano, sobre el comité Willich-Schapper-Barthélemy-Vidil-Peter y Paul.

Sólo unas palabras sobre el origen y el carácter de este comité y de sus diversas respetables farsas societarias.

Cuando Willich y Schapper, con su sociedad, fueron expulsados de la Liga, se unieron con Vidil y Barthélemy… y con la escoria de la emigración polaca, húngara e italiana, y se hicieron estampar por toda esa chusma como un comité central europeo… Schapper y Willich, que naturalmente podían esperar que, en la distancia, este trabajo de mosaico sucio, insulso y miserable pareciese una obra de arte, perseguían además el objetivo especial de mostrar a los comunistas alemanes que ellos, y no nosotros, tenían detrás a la emigración europea, y que ellos, lo quisiera Alemania o no, estaban decididos a apoderarse de su gobierno a la primera ocasión…

Para llevar a cabo su intriga contra Church Street, L. Blanc no desdeñó unirse con esta pandilla que él despreciaba. Ellos, naturalmente, estaban encantados. ¡Por fin iban a obtener una posición! Aunque estos caballeros quieren excluir a todos los escritores, se abalanzan sobre ellos con ambas manos en cuanto un escritor de renombre se pone a su disposición. Schapper y Willich veían acercarse el día de su triunfo… entonces los comunistas alemanes no podrían resistir y regresarían arrepentidos bajo sus alas protectoras…

El 24 de febrero tuvo lugar el banquete en Islington. Asistieron dos amigos nuestros, Schramm y Pieper… Se leyeron mensajes. L. Blanc leyó el mensaje de sus delegados, Landolphe uno del diputado Greppo (no se pudo conseguir un segundo en París), un polaco un mensaje de algunos compinches en París, y el gran Willich, que presidía, uno procedente de La Chaux-de-Fonds. De Alemania no habían sabido procurarse ninguno…

Ahora os corresponde a vosotros hacer todo lo que esté en vuestro poder para marcar a estos cobardes, calumniosos e infames asesinos alevosos ante el proletariado alemán y dondequiera que sea posible. Para ello es necesario que enviéis inmediatamente las cartas de Willich…

Marx a Hermann Becker
en Colonia

[Londres] 9 de abril de 1851

Querido Becker:

Adjunto el alegre escrito de la escuela Kinkel. Para la Liga se han reunido aquí 15 chelines. Faltan aún 10 chelines que ya estaban suscritos y que aún no se han podido recaudar. Procederé de la manera que me has indicado. Cárgame entonces con una libra. Los 5 chelines no se pueden recaudar a causa del empeoramiento de las circunstancias del miembro que debe pagarlos…

Engels a Wilhelm Wolff
en Zürich

[Manchester, 1 de mayo de 1851]

Querido Lupus:

Veo con espanto, por la fecha de tu carta que Marx, que me visitó hace unos días aquí en Manchester, me trajo, que ya tiene casi 4 semanas. Sin embargo, me dijo Marx que te había escrito enseguida.

En cuanto a tus planes americanos, quítatelos de la cabeza. Son superfluos, y tú encontrarás algo enseguida en Londres, ya que sabes inglés y personas de tu solidez en las lenguas antiguas son buscadas allí, sobre todo si tienes tus certificados. Hasta tipos por completo insignificantes han conseguido las mejores posiciones. La historia del periódico americano es puro humbug; ¿crees tú que, si tuviera algo de cierto, ese individuo se pediría un redactor de Europa y esperaría tanto tiempo? Quién sabe cómo está eso y qué ha sido mientras tanto. El anticipo para el viaje podrías esperarlo hasta el día del Juicio Final. Además, el asunto, en el mejor de los casos, no es como para ir a Chicago por él; 4 dólares a la semana es menos que el jornal del más ordinario leñador, y además con preaviso de 8 días, ¡que es allí muy común!

[...] Espero que ya lo tengas, y en cuanto estés en posesión de él, prepara todo, haz que te den un pasaporte para Londres y zarpa. Veo en periódicos continentales que se habla de que el gobierno inglés no deja entrar ya más refugiados. Bobadas. No te dejes confundir por nada, ni siquiera por una posible instrucción policial de que necesites el visado del embajador inglés en Berna. No necesitas nada de eso. Sólo necesitas los visados para pasar por Francia, es decir, el del embajador francés, que los suizos te conseguirán. Viajas tranquilamente y cruzas. Incluso en el caso, que hay que esperar de los franceses, de que te dirijan a Havre y desde allí te quieran enviar a América, en Havre simplemente tienes que tomar el vapor a Southampton o Londres. Tú sabes que aquí en la frontera no se detiene a nadie, y a pesar de toda esa palabrería de la prensa reaccionaria, espero verte en la exposición en Londres. Como te digo, no te dejes confundir por nada, sino insiste en todas las circunstancias en que quieres ir a Londres. En caso de que encontraras dificultades por parte del gobierno francés para el tránsito y tus fondos alcanzaran, sería incluso preferible la ruta que yo tomé. [...] Escribes a Lorenzo Chiozza [...] una carta muy cortés, diciendo que has sabido su dirección por un compatriota suyo, y que él te haga el favor de indicarte si hay barcos allí para Inglaterra, y cuáles (de vela, también salen vapores), y cuándo zarparán aproximadamente. También que te dé los nombres de los capitanes. Luego puedes negociar por carta con el mismo capitán (dirección a bordo de su barco) o ir directamente. Mi pasaje, con la comida incluida, me costó seis libras (150 francos franceses). Quizá lo consigas más barato. El viaje a Génova no es caro, si caminas a pie todo lo posible hasta Turín, donde el paisaje es maravilloso — por Ginebra y el Monte Cenis, o más corto por el Gran San Bernardo (Martigny-Ivrea). Desde Turín casi hasta el pie de los Apeninos tienes ferrocarril. O una ruta a pie aún más corta: por el valle del Reuss, Furka, Simplón, directamente a Alessandria. Todos estos recorridos son muy hermosos, el tiempo para la travesía ahora es magnífico (viento del este predominante) y la navegación por el Mediterráneo muy amena. A ser posible, barco inglés. Con 250 francos, en mi opinión, se puede hacer todo el asunto, con 300 con seguridad. Que los de Colonia lo consigan, eso ya es dudoso. Pero tú, en todo caso, debes ir a Inglaterra. Ahora mismo escribo a Marx para que vuelva a escribir a Colonia por el dinero; si aún no ha llegado, no vendría mal que tú también escribieras a Daniels o a Bürgers.

En cuanto a los precios de Inglaterra a Nueva York, son endiabladamente caros — los pasajeros de entrepuente a menudo lo pasan muy mal, ahora mismo hay un caso de esos ante el Parlamento —, la primera clase cuesta por lo general de 15 a 20 libras, lo que averiguamos cuando nosotros mismos tuvimos la intención de largarnos más lejos. La segunda clase en los vapores de Southampton es buena y barata; también hay algunos vapores de hélice, con los que se podría viajar en segunda clase barato y rápido, si se acierta justo con los barcos.