Friedrich Engels a Karl Marx 
en Londres 
Manchester, 28 de febrero de 1851 

I. Querido Marx: 

Sólo esta mañana me llegó tu carta de anteayer. De haber tenido todos esos detalles ayer, le habría escrito al querido H[arney] de manera muy distinta. Pero ya me vendrá, y entonces se lo daré. 
Iniciar seriamente una persecución judicial de este asunto, creo, no serviría de mucho. Prescindiendo de Harney y Jones y los cartistas, el asunto desembocaría en recriminaciones y acusaciones mutuas. Con la ayuda del primer abogado de oficio, los otros harían que le hicieran a Schr[amm] y a P[ieper] las preguntas más desvergonzadas, p. ej., si Schr[amm] no había robado fondos de caja de la Gr[eat] Windmill Street, etc., que bastarían para echar a perder todo el efecto, por enérgicamente que fueran rechazadas. Los testigos de descargo jurarían que Schr[amm] había dicho esto y lo otro, volverían sobre algunas escenas de Schr[amm] en Great Windmill Street y las exagerarían desmesuradamente para presentar a Schr[amm] como un perturbador de reuniones públicas, etc., y el magistrado, encantado de ver a los demagogos tratarse mutuamente de canallas, permitiría todo cuanto pudiera arrojar una apariencia comprometedora sobre ambas partes. En cambio, Schr[amm] debe utilizarlo como amenaza. 

Él pasa, de todos modos, por un personaje del tipo despreocupado, temerario, que no teme al diablo, y le creen capaz de llevar las cosas hasta ese extremo. A Landolphe debería darle de bofetadas y batirse a tiros con él; ese tipo siempre anda metido en tales historias, y necesita más que ningún otro batirse a tiros. 

El proceso terminaría, finalmente, con una despedida muy grosera del magistrado para ambas partes, y nada más —sobre todo porque se llevaría en Islington, donde Dios sabe qué clase de viejos burros son los magistrados. Y si Landolphe, Representant du peuple, declara que Schr[amm] no pudo haber ido sino con la intención de provocar un escándalo, etc., ¿no crees que al fin y al cabo eso pesa más ante el público que la declaración de Schr[amm] y P[ieper]? Con este asunto podría armarse un gran escándalo, pero Schr[amm] se expondría a que una parte del escándalo recayera sobre él por vía de insinuación. 

Y luego, la consecuencia segura de semejante escándalo sería la introducción de una nueva Ley de Extranjería, para protección de los honrados reaccionarios que vienen del Continente con motivo de la Exposición. 

Pero, ¿por qué demonios no fue Schr[amm], cuando Landolphe lo rechazó, inmediatamente a ver a Harney, pour le mettre en cause? 

Justo la hora del correo. Adiós, tuyo 

F. E. 
Viernes.