Friedrich Engels a Karl Marx  
en Londres  
Manchester, 25 de febrero de 1851  

Querido Marx:  

Hace ocho días te envié una carta para Harney y desde entonces no he recibido respuesta tuya, lo que podría ponerme en un aprieto si una carta de H., que puede llegar cualquier día, requiriera una contestación rápida, o si las negociaciones de la nueva camarilla cartista de aquí sobre una visita de Harney a esta ciudad llegaran a su fin y una buena mañana se me presentara de repente en la taberna. Espero que hayas recibido todo correctamente y que no sea malestar lo que te impide escribir. Tal vez la carta no te satisface o no te agrada la manera en que, sin más consulta contigo, actué en seguida por mi cuenta. Pero precisamente por eso te la envié, y si tenías algo que objetar, nada más fácil que hacerle decir a Harney simplemente que, por el momento, no hiciera imprimir mis artículos, y que me devolvieras la carta junto con glosas, que, como bien sabes, habrían recibido toda la atención debida.  

En todo caso, sigo debiéndote desde hace tiempo la respuesta sobre la cuestión monetaria. El asunto mismo, en mi opinión, es completamente correcto y contribuirá en gran medida a reducir la absurda teoría de la circulación a hechos fundamentales sencillos y claros. En cuanto a la exposición en tu carta, solo encuentro que señalar lo siguiente:  

1) Suponiendo que al comienzo del periodo de presión el balance del Banco de Inglaterra presentara, como dices, 12 millones de libras en depósitos y 8 millones en metálico o moneda. Para deshacerse de los || 4 millones de libras en metálico excedente, haces que el banco reduzca la tasa de descuento. Creo que no necesitaría hacerlo y, por lo que recuerdo, la reducción de la tasa de descuento nunca se ha producido hasta ahora al comienzo de la presión. En mi opinión, la presión actuaría inmediatamente sobre los depósitos y muy pronto no solo restablecería el equilibrio entre metálico y depósitos, sino que obligaría al banco a elevar la tasa de descuento para que el metálico no caiga por debajo de 1/3 de los depósitos. En la misma medida en que la presión aumenta, se paraliza también la circulación del capital, la rotación de las mercancías. Pero las letras giradas vencen y deben ser pagadas. Por ello, el capital de reserva —los depósitos— ha de ponerse en movimiento —entiéndase, no *qua* moneda, sino *qua* capital—, y así, el simple drenaje de metálico, junto con la presión, bastará por sí mismo para liberar al banco de su metálico excedente. Para eso no es necesario que el banco reduzca su tipo de interés en unas circunstancias que, simultáneamente, elevan el tipo de interés general en todo el país.  

2) En un periodo de presión creciente, según creo, el banco tendría que aumentar la proporción entre metálico y depósitos en la misma medida en que aumenta la presión (para no verse en aprietos). Los 4 millones sobrantes serían una bendición para él, y los gastaría tan lentamente como fuera posible. Con una presión en aumento, bajo tus || supuestos, una proporción entre metálico y depósitos como 7:1, 1/2:1, e incluso 1/3:1 no sería en modo alguno exagerada, y tanto más fácil de conseguir cuanto que, con la disminución de los depósitos, la reserva de metálico disminuiría en términos absolutos, aunque aumentara relativamente. El asalto al banco es aquí tan posible como con el dinero en papel, y puede ser provocado por circunstancias comerciales completamente normales sin que el crédito del banco se vea conmocionado.  

3) «La circulación es afectada en último lugar», dices. Tus propios supuestos —que resulta afectada como consecuencia de la paralización de los negocios y que, naturalmente, se necesita entonces menos circulación— llevan a la conclusión de que la circulación disminuye al mismo tiempo que la actividad del comercio y una parte de ella se vuelve superflua en la medida en que la presión aumenta. Ciertamente, esta disminución solo se hace perceptible al final, cuando la presión es elevada; pero, en conjunto, este proceso se desarrolla desde el comienzo de la presión, aunque no pueda comprobarse en detalle en cada caso concreto. Pero en la medida en que ese desplazamiento de una parte de la circulación es consecuencia de las demás relaciones comerciales, de la presión independiente de la circulación, y todas las demás mercancías y relaciones comerciales se ven afectadas antes que ella, y asimismo en la medida en que esa disminución de la circulación se hace prácticamente perceptible en último lugar, en esa misma medida es afectada en último término por la crisis. |  

Estas glosas, como ves, se limitan puramente a tu *modus illustrandi*; la cosa en sí misma es completamente correcta.  

Tuyo,  
F. E.  
Martes 25 de Febrero.