Friedrich Engels a Karl Marx 
en Londres 
Manchester, 12 de febrero de 1851 

Querido Marx,

Acabo de encontrar tu carta en casa y aprovecho el correo de hoy para comunicarte que a fines de esta semana o a más tardar a comienzos de la próxima podré enviarte las £1.10 para Landolphe, a fin de que esta historia, que no debe demorarse más, quede zanjada. Notre ami Landolphe ha demostrado ser una vez más una vieja, y la tonta vanidad de enano del archisabio L. Bl[anc] se desarrolla de una manera que convierte realmente al sublime mequetrefe en un perfecto loco. C’est bien. Cada vez se ve más que la emigración es una institución en la que todo el que no se retira por completo de ella y al que no le basta la posición de escritor independiente que manda al diablo incluso al llamado partido revolucionario, se convierte necesariamente en un loco, un asno y un vulgar canalla. Es una pura school of scandal and of meanness, en la que el último asno se convierte en el primer salvador de la patria. De todas formas, el pequeño cazador de popularidad pagará por ello tan pronto como volvamos a tener un órgano. Sabes que estoy aquí sin todos mis papeles, así que indícame un par de fuentes sobre la historia francesa de 1830 a 1848 que conozcas precisamente y trataré de ponerle al señor pretendiente, al menos literariamente, unas brasas bajo el trasero. En mis artículos en el Friend of the People, de todos modos — si a ti no te parece mal, ya que te contó a ti la historia — le exigiré que publique las comunicaciones que el señor Mazzini le hizo sobre el carácter del Comité Central Europeo y su posición frente a los socialistas y los comunistas, y haré la alusión necesaria para que se entienda. Pourquoi nous génerions-nous?

Harney recibe hoy 3 artículos, a modo de introducción, algo extensos, sembrados aquí y allá de una suave insinuación. Lo fatal del asunto es que, para los proletarios ingleses y el público de Harney, difícilmente se puede atacar a Ledru y compañía sin identificarse, al menos en parte, con la camarilla Willich-Barthélemy. No quedará más remedio que dedicar finalmente a esta camarilla algunos artículos especiales.

Estos tres primeros artículos no contienen todavía nada; están escritos más bien por Harney, to put him in the right track, que con algún otro fin. Pero de los números 4 a 9 vendrá, golpe tras golpe, el ataque a Ledru, Mazz[ini], Rüge, etc., y de la manera más directa y personal posible.

El asunto con Willich es impayable. Procura tan solo recibir las cartas. Me gustaría ver la indignación moral cuando estalle la bomba. Últimamente parece que volvéis a tener buenos espías en Great Windmill Street, cela ne fait pas de mal y al menos procura regocijo. Confieso que apenas creía yo que ese sujeto fuera tan estúpido. Por lo demás, ahora estará más que nunca en llamas, desde que las hojas ministeriales prusianas ponen en perspectiva la guerra contra Suiza y las reservas de la guardia, según se les comunicó en la parada, son mantenidas precisamente por eso bajo las armas. Los gobiernos de la Santa Alianza hacen realmente el juego a estos fantásticos asnos de manera irresponsable, y de no ser por Palmerston, la próxima «Emancipación de la tontería general» podría realmente venir al mundo con 6 meses de anticipación.

Tu último descubrimiento económico está siendo actualmente objeto de mi más seria meditación. Hoy no tengo tiempo de extenderme más sobre ello, pero la cosa me parece del todo acertada. Pero con las cifras no se juega, y por eso lo examino con detenimiento.

Quelle bête que ce Louis Napoléon! Vende sus dudas sobre la ley electoral a la Asamblea y se vende a sí mismo a Montalembert por 1.800.000 francos, que al final no recibe. Con semejante aventurero no hay absolutamente nada que hacer. Si se deja dirigir durante 4 semanas por intrigantes listos, seguro que en la quinta semana vuelve a echar a perder todo lo conseguido de la manera más estúpida. ¡Aut Caesar aut Cüchy!

Hace poco fundamos aquí una nueva Localidad cartista. Estos ingleses, dentro de las formas democráticas, son mucho menos escrupulosos que nosotros los honrados tímidos alemanes. Éramos 13, y se decidió inmediatamente elegir un consejo compuesto de 13 miembros, a saber, los presentes. Acto seguido, cada cual propuso a uno de los presentes y, como yo naturalmente decliné, en mi lugar propusieron a un ausente; y en menos de 5 minutos los simples gentlemen se habían transmutado en consejo, y sin embargo todos fueron elegidos, y este divertido procedimiento transcurrió con toda seriedad y como la cosa más natural del mundo. Qué saldrá de esta historia, lo veré próximamente. Por hoy, prosit.

Tuyo,
F.E.
Miércoles.