Karl Marx a Friedrich Engels
en Manchester
Londres, 10 de febrero de 1851

10 de febrero de 1851.
28, Deanstreet, Soho.
¡Querido Engels!

Cuando escribiste que ya era hora de atacar a Louis Blanc, fuiste como mínimo clarividente.

Ahora escucha la siguiente narración histórica:

Hace unos días, aproximadamente una semana, me encuentro con Landolphe y noté por la embarazosa manera en que me saludó a mí y a mi mujer que algo andaba «podrido» en el estado de nuestro ami chevaleresque, nuestro Bayard de la Montagne. ¡Eh bien! ¡Landolphe y Louis Blanc se han unido al Comité Willich-Schapper, del que el señor Adam ha salido! Y 14 días antes Landolphe todavía se despachaba a gusto contra Barthélémy y yo le contaba el asunto de los señores W[illich] y S[chapper]. Qu’en dis tu? Los probos hombres no me han prevenido con una sola palabra.

La cosa se relaciona así.

La Churchstreet da un banquete el 24 de febrero, al que ha invitado a Blanc y a Ledru Rollin y, entre otros, también a Landolphe. Louis Blanc, para mostrar a L.R. que también tiene detrás un comité cosmopolita y para castigar a la Churchstreet por tratarle a él y a Ledru como «igualmente importantes», reagrupa sus ejércitos de la Greatwindmillstreet y de la taberna de los polacos degradados.

Encore un coup! Qu’en dis tu?

Hace unos días, la Churchstreet recibió una circular impresa de invitación (al mismo tiempo manifesto) para un banquete monstruo el 24 de febrero, firmada primo por Landolphe y justo detrás de Schapper: L. Blanc. ¡Gran indignación en la Churchstreet! ¡Gran embeleso en la Greatwindmillstreet!

Louis Blanc en el manifiesto circular no habla en nombre de una nación, sino en nombre y por encargo de la fórmula eterna: liberté, égalité, fraternité!).

Lo único desagradable para mí es que aún debo a Landolphe 1 1/2 libras esterlinas, que ahora tendría que enviarle de inmediato por medio de Wolff.

¡Te imaginarás fácilmente cómo han crecido Willich y Schapper en su imaginación y cómo nos creen derrotados!

Pero nosotros los derrotaremos de otro modo. Estamos en el camino más corto para volver loco, literaliter loco, al suboficial y carpintero Willich.

Te acordarás de la carta que Schramm, en nombre de Becker, escribió a Willich, en la que le ofrecía la dictadura militar, abolía la prensa y arrojaba ligeras sombras sobre la moralidad de Schapper.

¡Eh bien! Willich, el inculto, el cuatro veces cornudo asno, ha caído en la trampa. Ha bombardeado a Becker con cartas, ya tiene también un emisario listo para enviar, trata a Schapper de haut en bas, intriga, le ignora, le mortifica de todas las maneras al probo hombre, se ha apropiado ya del todo el modo despótico de un Cromwell II, se ha vuelto irascible, no tolera ya ninguna contradicción y ha dado a Becker el encargo de hacer una revolución en Colonia, tras lo cual se declara dispuesto a asumir la dirección suprema.

Hace algún tiempo se levantó de repente en medio de la reunión, gritó que sus cartas de París y Colonia aún no habían llegado —fue con ocasión de la última crisis ministerial francesa—, se quejó de que su cabeza (de buey) estaba confusa, confusa, confusa, se precipitó a Bondstreet y se hizo echar un cubo de agua sobre la cabeza. Yo tengo ahora preparada para él una ducha que podría obrar en sentido contrario. Recibiré de Becker dentro de unos días las cartas de Willich y entonces haré estallar las minas. — Aquí toda una nube de nueva chusma democrática, franceses expulsados de Bruselas, Heyse de Kassel, Oppenheim de Bruselas, Günther de Fráncfort, etc. A estos últimos, sin embargo, por suerte no los he visto.

¿Has recibido mi última carta?

Tuyo
K. M.