Karl Marx a Friedrich Engels
en Manchester
Londres, 3 de febrero de 1851

13 de febrero de 1851
¡Querido Engels!

¿Estudias fisiología con Mary o en otra parte? En el primer caso comprendo que eso n’est pas de l’hébreux, ni siquiera ruso.

Entretanto, mi nueva teoría de la renta solo me ha proporcionado la honrada conciencia a la que todo hombre de bien aspira necesariamente. Sin embargo, estoy en todo caso satisfecho de que tú estés satisfecho con ella. La relación inversa entre la fertilidad de la tierra y la fecundidad humana tenía que afectar profundamente a un padre de familia de fuertes lomos como yo, tanto más cuanto que mon mariage est plus productif que mon industrie.

Ahora te presento solo una ilustración a la teoría monetaria (currency théorie), cuyo estudio en mí podría ser caracterizado por los hegelianos como estudio del «ser otro», de lo «extraño», en suma, de lo «sagrado».

La teoría del señor Loyd y tutti frutti desde Ricardo en adelante consiste en lo siguiente:

Supongamos que tuviéramos una circulación puramente metálica. Si estuviera demasiado llena aquí, subirían los precios, y por tanto disminuiría la exportación de mercancías. Aumentaría su importación desde el extranjero aquí. Las importaciones superarían así a las exportaciones. Por tanto, balanza comercial desfavorable. Tipo de cambio desfavorable. Se exportaría moneda contante y sonante, la circulación se contraería, bajarían los precios de las mercancías, disminuirían las importaciones, aumentarían las exportaciones, el dinero refluiría, en suma, la situación volvería al antiguo equilibrio.

En el caso inverso, lo mismo, mutatis mutandis.

Moraleja: Puesto que el papel moneda debe imitar los movimientos de la circulación metálica, puesto que aquí una regulación artificial debe ocupar el lugar de lo que en el otro caso es ley natural, el Banco de Inglaterra debe aumentar sus emisiones de papel cuando afluya el bullion (por ejemplo, mediante la compra de títulos públicos, letras del Exchequer, etc.), y reducirlas cuando el bullion disminuya, mediante la reducción de sus descuentos o la venta de títulos públicos. Ahora bien, yo sostengo que el Banco debe actuar a la inversa, aumentar sus descuentos cuando el bullion disminuye, y dejarlos seguir su curso normal cuando aumenta. So pena de intensificar innecesariamente la crisis comercial que se avecina. Pero de esto, une autre fois.

Lo que quiero exponer aquí se refiere a los fundamentos elementales de la cosa. Sostengo, en efecto: Incluso bajo una circulación puramente metálica, la cantidad de la misma, su expansión y contracción no tiene nada que ver con la salida y entrada de metales preciosos, con la balanza comercial favorable o desfavorable, con el tipo de cambio favorable o desfavorable, salvo en casos extremos, que prácticamente nunca se dan, pero que son teóricamente determinables. Tooke formula la misma afirmación; pero yo no he encontrado ninguna prueba en su histoire of prices para 1843-47.

Ves que la cosa es importante. En primer lugar, se niega en su fundamento toda la teoría de la circulación. En segundo lugar, se muestra cómo el curso de las crisis, por mucho que el sistema de crédito sea una condición de las mismas, solo tiene que ver con la circulación en la medida en que desatinadas injerencias del poder estatal en su regulación pueden agravar la crisis existente, como en 1847.

Para la siguiente ilustración hay que señalar que aquí se supone: la afluencia de bullion está relacionada con negocios boyantes, precios aún no altos, sino en alza, abundancia de capital, excedente de las exportaciones sobre las importaciones. La salida de oro vice versa, mutatis mutandis. Pues bien, este supuesto lo tienen los individuos contra los que se dirige la polémica. Nada pueden objetar al respecto. En la realidad pueden darse 1001 casos en que el oro sale, aunque en el país que lo exporta los precios de las demás mercancías sean mucho más bajos que en aquellos a los que lleva el oro, por ejemplo, este fue el caso de Inglaterra en 1809-11 y 12. Etc. Etc. Sin embargo, el supuesto general es, en primer lugar, correcto in abstracto y, en segundo lugar, asumido por los tipos de la currency. Así que aquí, por ahora, no hay que debatirlo.

Se presupone, pues, una circulación puramente metálica en Inglaterra. Con ello, sin embargo, no se presupone que el sistema de crédito haya cesado. El Banco de Inglaterra se transformaría más bien en un banco de depósito y de préstamo al mismo tiempo. Solo que sus préstamos consistirían únicamente en dinero contante. Si no se quisiera aceptar este supuesto, lo que aquí aparece como depósito del Banco de Inglaterra aparecería como atesoramientos de los particulares, y lo que como préstamo del mismo, como préstamos de los particulares. Lo que aquí se dice, pues, de los depósitos del Banco de Inglaterra, es solo una abreviación para no exponer el proceso de forma fragmentada, sino concentrada en un solo foco.

Caso I. Afluencia de bullion. Aquí la cosa es muy sencilla. Mucho capital desocupado, por tanto aumento de los depósitos. Para emplearlos, el Banco bajaría su tipo de interés. Por tanto, expansión de los negocios en el país. La circulación solo aumentaría si los negocios crecieran hasta el punto de hacer necesario más medio circulante para su funcionamiento. De lo contrario, el medio circulante emitido en exceso refluiría de nuevo al Banco mediante el vencimiento de las letras de cambio, etc., como depósito, etc. El medio circulante no actúa aquí, pues, como causa. Su aumento es, a fin de cuentas, consecuencia del mayor capital puesto en acción, no a la inversa. En el caso indicado, la consecuencia inmediata sería, por tanto, el aumento de los depósitos, es decir, del capital desocupado, no de la circulación.

Caso II. Aquí empieza propiamente la cosa. Se presupone la exportación de bullion. Comienzo de un período de presión. Tipo de cambio desfavorable. Al mismo tiempo, una mala cosecha, etc. (o también el encarecimiento de las materias primas de la industria) hace necesaria una importación de mercancías cada vez mayor.

Supongamos que el balance del Banco de Inglaterra al comienzo de un período semejante se presentara como sigue:

a) Capital. 14.500.000 l. Títulos públicos. £10.000.000
Resto. 3.500.000. Letras de cambio. 12.000.000
Depósitos. 12.000.000. Bullion o moneda. 8.000.000
30.000.000 30.000.000

El Banco debe, puesto que bajo el supuesto no existen billetes, solo los 12 mill. de depósitos. Según su principio (común a los bancos de depósito y de circulación, de no tener en caja más que la tercera parte de sus pasivos), su bullion de 8 millones es demasiado grande en la mitad. Para obtener más ganancias, baja el tipo de interés y aumenta sus descuentos, por ejemplo, en 4 millones, que se exportan para grano, etc. El balance del Banco queda entonces así:

b) Capital. 14.500.000 l. Títulos públicos. £10.000.000
Resto. 3.500.000. Letras de cambio. 16.000.000
Depósitos. 12.000.000. Bullion o moneda. 4.000.000
30.000.000. 30.000.000.

De esta figura se sigue:

Los comerciantes actúan en primer lugar sobre la reserva de bullion del Banco, tan pronto como tienen que exportar oro. Este oro exportado reduce su reserva (la del Banco) sin afectar en lo más mínimo a la circulación. Que las 4 millones estén en sus sótanos o en un barco rumbo a Hamburgo, es lo mismo para la circulación. Se muestra finalmente que puede tener lugar un drenaje considerable de bullion, aquí de 4 millones de libras esterlinas, que no afecta en lo más mínimo ni a la circulación ni al negocio del país en general. A saber, durante todo el período en que la reserva de bullion, que era demasiado grande respecto a los pasivos, solo es reducida a su debida proporción respecto a los mismos.

c) Pero supongamos que las circunstancias que han hecho necesario el drenaje de los 4 millones persistan: escasez de grano, aumento del precio del algodón en rama, etc. El Banco se inquieta por su seguridad. Eleva el tipo de interés y limita sus descuentos. De ahí presión en el mundo comercial. ¿Cómo actúa esta presión? Se gira sobre los depósitos del Banco, su bullion disminuye en proporción. Si los depósitos bajan a 9 mill., es decir, si se reducen en 3 mill., entonces tendrían que deducirse 3 de la reserva de bullion del Banco. Esta caería, pues (4 M. – 3 M.) a 1 mill., frente a depósitos de 9 mill. Proporción que resultaría peligrosa para el Banco. Si quiere, pues, mantener su reserva de bullion en la tercera parte de los depósitos, reducirá sus descuentos en 2 millones. El balance quedará entonces así:

Capital. 14.500.000 l. Títulos públicos. £10.000.000
Resto. 3.500.000. Letras bajo descuento. 14.000.000
Depósitos. 9.000.000. Bullion o moneda. 3.000.000
27.000.000. 27.000.000.

De aquí se sigue: Tan pronto como el drenaje se vuelve tan grande que la reserva de bullion ha alcanzado su debida proporción respecto a los depósitos, el Banco eleva el tipo de interés y reduce el descuento. Pero entonces comienza el efecto sobre los depósitos y, a consecuencia de su reducción, se reduce la reserva de bullion, pero en mayor proporción el descuento de letras. La circulación no se ve afectada en lo más mínimo. Una parte del bullion y de los depósitos retirados llena el vacío que la contracción de la acomodación bancaria genera en la circulación interior, otra parte emigra al extranjero.

d) Supongamos que la importación de grano, etc., prosiga, que los depósitos bajen a 4.500.000, entonces el Banco, para mantener la reserva necesaria frente a sus pasivos, reduciría sus descuentos en otros 3 millones y el balance quedaría como sigue:

Capital. 14.500.000 l. Títulos públicos. £10.000.000
Resto. 3.500.000. Letras bajo descuento. 11.000.000
Depósitos. 4.500.000. Bullion o moneda. 1.500.000
22.500.000. 22.500.000.

Bajo el supuesto, el Banco habría reducido sus descuentos de 16 a 11 mill., o sea, en 5 millones. La necesidad requerida de la circulación se suple mediante los depósitos retirados. Pero simultáneamente, escasez de capital, alto precio de las materias primas, disminución de la demanda y, por tanto, de los negocios, por tanto, finalmente, de la circulación, del medio circulante necesario. La parte sobrante del mismo se enviaría al extranjero como bullion para el pago de las importaciones. La circulación es afectada en último término, y solo se reduciría más allá de su cantidad necesaria cuando la reserva de bullion se redujera más allá de la proporción imprescindible respecto a los depósitos.

A lo anterior hay que añadir aún:

1) En lugar de reducir sus descuentos, el Banco podría malvender sus títulos públicos, lo que, bajo el supuesto, sería no rentable. Sin embargo, el resultado, el mismo. En lugar de su propia reserva y descuentos, reduciría los de las personas privadas que colocan su dinero en los títulos públicos.

2) He presupuesto aquí un drenaje sobre el Banco de 6.500.000. En 1839 tuvo lugar uno de 9-10 millones.

3) El proceso presupuesto bajo una circulación puramente metálica puede, al igual que bajo el papel, proseguir hasta el cierre de la caja, como sucedió dos veces en Hamburgo en el siglo XVIII.

Escribe pronto.

Tu K. M.