Friedrich Engels a Karl Marx  
en Londres  
Manchester, 29 de enero de 1851  

Querido Marx:

Tu silencio y tu extrañeza por mi silencio se me vuelven de pronto explicables, después de que mi vieja bruja de casera me ha buscado hoy, after some sharp cross-examination, de entre un montón de libros en mi habitación, tu carta del 7 del corriente, donde dormitaba tranquilamente desde el 8 de enero. Resulta que yo no había pasado la noche en casa, y la mujer simplemente había dejado la carta sobre los libros; después, al ordenar, puso de prisa otro libro encima, y como este montón de libros permaneció todo el tiempo intacto, la carta podría haber seguido durmiendo allí hasta el día del Juicio Final, de no ser por tu aviso. Si en este mes, en lugar de fisiología, hubiera estudiado ruso, no habría ocurrido esto.

En todo caso, tu nuevo asunto con la renta de la tierra es completamente acertado. La creciente infertilidad del suelo con el aumento de la población, en Ricardo, nunca quiso convencerme, y tampoco pude encontrar nunca las pruebas para su precio siempre creciente de los cereales; pero, con mi conocida pereza en materia de teoría, me calmé con el gruñido interior de mi mejor yo y nunca fui al fondo del asunto. No cabe duda de que tu solución es la correcta, y con ello te has ganado un nuevo título para el título de economista de la renta de la tierra. Si aún hubiera derecho y justicia sobre la tierra, toda la renta global de la tierra te pertenecería a ti ahora, por lo menos durante un año, y eso sería aún lo mínimo a que podrías aspirar.

Nunca me ha cabido en la cabeza que Ricardo, en su simple proposición, presente la renta de la tierra como diferencia de productividad de los distintos tipos de suelo, y que en la demostración de esa proposición 1) no conozca otro factor que la puesta en cultivo de tierras cada vez peores, 2) ignore por completo los progresos de la agricultura, y 3) finalmente casi deje caer por completo la puesta en cultivo de las tierras peores y, en cambio, opere constantemente con la afirmación de que el capital que se invierte sucesivamente en un campo determinado contribuye cada vez menos al aumento del rendimiento. Por evidente que fuera la proposición a demostrar, los motivos aducidos en la prueba le eran tan ajenos a esa misma proposición, y recordarás que ya en los Deutsch-Französischen Jahrbüchern, frente a la teoría de la creciente infertilidad, yo provoqué hacia los progresos de la agricultura científica — naturalmente de manera muy cruda y sin ninguna exposición sistemática. Tú has puesto ahora la cosa en claro, y ésa es una razón más para que te apresures a terminar y publicar la economía. Si se pudiera publicar un artículo tuyo sobre la renta de la tierra, traducido, en una revista inglesa, eso causaría un enorme revuelo. Piénsalo, je me charge de la traduction.

Adjunto devuelvo al Sr. Groß-Groß. Te enviaré dentro de poco unas líneas para el dulce Dronke; esta noche estoy demasiado soñoliento para emprender más trabajos. ¡Vaya una hermosa cuadrilla de vagabundos, Groß, Wilhelmi y el panfletista del progreso de Cincinnati! Esos tipos deben de creer realmente que uno está en las últimas física, moral e intelectualmente para hacerle tales exigencias. C’est amusant, cependant, y me he reído de buena gana de esos salvadores trasnochados de la sociedad y de sus ofrecimientos, con honorarios para Dronke. Lo de «picante y salado» del Dr. Siegfried Weiß queda superado por lo de «rojo, picante, sarcástico y polifacético» del «Adonis de una beldad olvidada hace mucho». ¡Que Dieu le bénisse!

Las declaraciones saldrán mañana, junto con las instrucciones necesarias, para Bremen. El Sr. Schramm bien podría haber copiado la suya; con esa escritura desastrada probablemente se producirá confusión.

La conferencia local de O’Connor ha venido a parar en puro humbug. La pretendida representación de todo el cartismo inglés se compone de 8 hombres que representan 4 ciudades: Manchester, Bradford, Warrington y Sowerby. De éstos, Warrington y Bradford están en la oposición y de acuerdo con la Ejecutiva. Mantle, que representa a Warrington, se burla sin piedad de la mayoría; abrió los proceedings con la moción de que la conferencia, seeing their utter insignificance and contemptibility, decidiera volverse a casa de inmediato, y mañana les arrancará un voto de confianza para la Ejecutiva, es decir, para Harney y Jones, por el que O’Connor también tendrá que votar. En la cuestión de si había que adherirse a los financial reformers, votaron 3 a favor y 2 en contra, 3 se abstuvieron, entre ellos O’Connor, a quien Mantle había intimidado lamentablemente con su actitud insolente; de lo contrario, el tipo habría votado a favor y se habría puesto en ridículo de manera colosal e irremediable. La mayoría de la conferencia la forman O’C., Leach, MacGrath, Clark y un tal Hurst. El Sr. Thomas Clark propuso, en un banquete ofrecido a O’C. el lunes, el siguiente brindis: The queen: her rights and no more; the people: their rights and no less. Mantle, un exaltado chispeante y nada diplomático, impidió también aquí que O’C. se levantara y bebiera el brindis.

La carta para Weerth ha salido ya, y deberá estar en sus manos en un par de días, si es que no está demasiado metido en Marruecos.

«Sin más por hoy»

Tuyo  
Miércoles por la noche, 29 de enero.