Londres, 19 de diciembre. 4, Andersonstreet, Kingsroad, Chelsea.

Querido Weydemeyer,
Te escribo tras un tiempo incalculable. Toda clase de fastidios burgueses, ocupaciones diversas y, finalmente, la dificultad con que consigo siquiera ponerme a escribir cartas, te explican el largo *silentium*. He llegado por fin ahora, *post tot discrimina rerum*, a poner en pie mi revista, es decir, tengo un impresor y un expedidor en Hamburgo. Por lo demás, todo se lleva por cuenta privada. Lo malo en Alemania es que siempre pasa tanto tiempo antes de que se pueda llevar algo a la imprenta. No dudo apenas que, tras la aparición de 3, quizá 2 cuadernos mensuales, intervenga el incendio mundial y desaparezca la ocasión de concluir de modo provisional con la economía.

Ya que moras en pleno centro de Alemania, y por tanto conoces los detalles con más precisión que nosotros, quizá encuentres tiempo también para escribir para nuestra revista, de forma breve y apretada, en unos cuantos rasgos principales, el aspecto de Alemania meridional y de todo lo que con ello se relaciona.

Te requiero además que insertes el siguiente anuncio en vuestro periódico, pero sólo cuando hayas visto el anuncio en la *Kölnische Zeitung* que parte del agente librero de Hamburgo. Tal vez puedas enviar una copia a Westphalen. Verás por el anuncio, en efecto, que junto a la circulación librera queremos provocar con ello una segunda, haciendo que nuestros correligionarios de partido confeccionen listas de suscriptores y nos las remitan. De momento hemos tenido que mantener el precio aún bastante elevado y el número de pliegos bajo. Si nuestros medios crecen mediante una circulación más amplia, se pondrá remedio a estas deficiencias.

¿Qué dices del altercado entre Proudhon, Blanc y Pierre Leroux?

Willich te envía saludos, lo mismo que Engels, el lobo rojo, y Weerth.

Aquí en Inglaterra tiene lugar en este instante probablemente el movimiento más significativo. Por un lado, la agitación proteccionista, apoyada en el campo fanatizado —las consecuencias del libre comercio de cereales empiezan a destacarse tal como yo las he predicho desde hace años—; por otro lado, los librecambistas, que, como *financial and parliamentary reformers*, extraen hacia el interior las consecuencias ulteriores, políticas y económicas, de su sistema, y hacia el exterior, como *peaceparty*; por último, los cartistas, que, actuando conjuntamente con los burgueses contra la aristocracia, han reanudado al mismo tiempo || con mayor energía su propio movimiento de partido contra los burgueses. Colosal se volverá el conflicto de estos partidos, y más revolucionariamente tormentosa será la forma externa de la agitación cuando, como espero y no sin razones reales, los *tories*, en lugar de los *whigs*, lleguen al ministerio. Otro acontecimiento, aún no visible en el continente, es la cercanía de una monstruosa crisis industrial, agrícola y comercial. Si el continente aplaza su revolución hasta después del estallido de esta crisis, Inglaterra tendrá que ser, quizá desde el principio, un aliado, aunque mal visto, del continente revolucionario. Un estallido más temprano de la revolución —si no es motivado directamente por la intervención rusa— sería, en mi opinión, una desgracia, ya que justo ahora, cuando el comercio va en *ascendant*, las masas obreras en Francia, Alemania, etc., lo mismo que todo el estamento de los tenderos, etc., pueden ser revolucionarios en la frase, pero seguro que no *en réalité*.

Sabes que mi mujer ha enriquecido al mundo con un ciudadano. Te envía los mejores saludos a ti y a tu mujer. A esta última, también los míos.

Escribe pronto.

Tuyo
K. Marx.

¡A propósito! ¿Puedes procurarme la dirección del ciudadano Hentze?

Conoces por los periódicos las necias fanfarronadas de P. P. Heinzen. Este tipo, a quien la revolución en Alemania dejó *caput* —antes de ella sus cosas tenían cierta *vogue*, *parceque le petit bourgeois et le commis voyageur s'amusèrent à lire imprimées en pleins caractères les bêtises et les rodomontades, qu'ils débitaient eux-mêmes mystérieusement chez le marchand de vin entre le fromage et le biscuit*—, busca rehabilitarse comprometiendo ante los gobiernos en Suiza, en Inglaterra, a los demás refugiados, que han trabajado de verdad, armando escándalo y granjeándose un lucrativo martirio mediante la amenaza de engullir próximamente a cien *thousand of millions of men* en el *déjeuner à la fourchette*.